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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1988

Introducción


El discurso político constituye uno de los recursos con que cuenta todo gobierno para generar entre la ciudadanía, la credibilidad y confianza indispensable para obtener su obediencia. Es, al mismo tiempo, una forma a través de la cual los dirigentes del país en cuestión comunican y dan cuenta a los gobernados de los resultados de su gestión. Sin embargo, no siempre el contenido del discurso político corresponde con la realidad, por diversas razones. Es más, se puede afirmar que dadas las características de la actividad política, es prácticamente inevitable cierta separación entre discurso y realidad (o al menos así ha sido hasta ahora). Es a esa distancia que hoy le llamamos comúnmente demagogia. Pero es indiscutible que los grados de demagogia varían de un sistema político a otro, o de una época a otra, dependiendo de diversas circunstancias; entre ellas, las características mismas del sistema, sus objetivos y las condiciones históricas en las que se desenvuelve. De igual manera, los usos que se le asignan al discurso demagógico varían a partir de esas mismas circunstancias.

Es, por tanto, el interés de este trabajo explorar algunos de los usos más recurrentes e importantes que se le han conferido al discurso oficial -en su faceta demagógica- en México, así como discurrir acerca de su eficacia y de sus posibilidades futuras, dadas las dificultades por las que pasa el gobierno mexicano -sobre todo a partir de 1982- para lograr credibilidad frente a la ciudadanía.


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