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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1988

IV. Demagogia y responsabilidad pública


Todo ser humano, al menos en algún período de su vida, recurre al engaño y la omisión para evitar las consecuencias de algún acto erróneo o deliberadamente deshonesto. De hecho, esta es una práctica frecuente en las relaciones humanas, desde los niños con sus padres, los individuos con sus parejas, etc. Tener la suficiente entereza de carácter como para asumir la responsabilidad de la propia conducta, y enfrentar sus consecuencias, es un rasgo del desarrollo emocional que no se observa con mucha frecuencia. La debilidad predomina entre los humanos, y los políticos no son la excepción. Claro que los individuos pueden no ver como algo negativo o censurable el tratar de evitaral máximo las consecuencias negativas de sus actos, y recurrir para ello al engaño. Al contrario, existen como señala la teoría psicoanalítica, adecuados procesos de racionalización que transforman mágicamente las debilidades en virtudes, de tal forma que quien miente por miedo a enfrentar las consecuencias de sus actos, no se considera débil sino "astuto"; el deshonesto se convierte en "inteligente", etc., y viceversa; el hombre honesto e íntegro es un "iluso".

Pero el hecho de que un individuo esté convencido de ello en sus adentros no implica que pueda reconocerlo públicamente. Es cuestión de elemental racionalidad mantener la imagen de que se respeta la moral social vigente. Si ello es cierto en la vida cotidiana, con mucho mas razón lo es en las actividades políticas, pues las responsabilidades son mucho mayores, y mayor también el número de afectados por las acciones torpes y deshonestas de los gobernantes. Por ello la demagogia cumple la importante función de ocultar o disfrazar los actos de negligencia, ineptitud y deshonestidad de los' funcionarios públicos, y así evitar al máximo la responsabilidad gubernamental en problemas determinados.

En México, este uso de la demagogia ha adquirido matices muy particulares, pues no solamente se busca disculpar los fracasos gubernamentales, sino que incluso muchos de estos fracasos aparecen como victorias y logros, en un balance final.

En este sentido, el "optimismo" representa la caracteristica esencial del discurso público mexicano, frente a la evidencia de cualquier problema o adversidad.

Por otro lado, el gobierno se encarga a través de su discurso oficial de desviar su responsabilidad hacia otros factores y grupos que le son ajenos, para lavarse las manos hasta donde esto le sea posible. Entre los principales responsables de los problemas nacionales, señalados por el gobierno, tenemos los siguientes:

a) Factores impersonales, externos e internos, que escapan al control e influencia del gobierno, como fuerzas políticas, económicas y sociales internacionales que afectan la vida nacional, catástrofes naturales y otras. La expresión más típica de esta postura durante el sexenio 1976-82 fue la declaración de López Portillo en el sentido de que era responsable del timón más no de la tormenta.[Nota 12]

b) Las potencias extranjeras que provocan deliberadamente problemas a los países de menor desarrollo para mantenerlos sometidos. Se señalan como principales responsables a los países insdustrializados del bloque occidental y en particular a los Estados Unidos.

c) Determinados grupos de la sociedad, que con la búsqueda de sus intereses parúculares perjudican a la nación con efectos que van más allá del control del gobierno. Se han señalado grupos extranjeros, pero también el ataque a grupos nacionales forma parte de esta estrategia. Debido al contenido popular de la ideología de la revolución mexicana, con frecuencia uno de los grupos mas acusados en este sentido es la iniciativa privada.

d) La oposición y los grupos disidentes que, ajuicio del gobierno, suelen provocarcon su visión catastrofista aquello que pretenden prevenir, como si fueran pájaros de mal agüero. Incluso ha llegado el gobierno al extremo de declarar que esos grupos desean ver al país hundido y que por ello lanzan sus campañas de difamación y alarmismo.

e) La administración pasada, o más bien dicho algunos miembros de ella, que con su falta de aptitud y honestidad generaron algunos de los problemas que enfrenta el régimen en turno. Es ya tradicional del sistema político mexicano que se hagan oficialmente algunas de estas críticas, e incluso algunos arrestos aislados de funcionarios del régimen anterior para renovar la confianza entre la ciudadanía. Vemos por ello con frecuencia a un Congreso que aplaude con vehemencia al gobierno vigente, y cuando éste termina lo ataca, juzga y condena con indignación.

En todo caso, el sistema de autocrítica dentro del sistema es extemporal para proporcionar un halo de inocencia a la administración en turno.

f) El pueblo mexicano en general, que aparece en ocasiones como responsable de los males nacionales por su falta de participación, de empuje y de solidaridad. El gobierno disminuye su responsabilidad difundiendo la idea de que no cuenta con el apoyo de la ciudadanía en la solución de los problemas nacionales.

Por supuesto, no se pretende dar aquí la impresión de no reconocer que algunos de estos factores en verdad influyen sobre los acontecimientos nacionales, y son causa de adversidades. No es ésta una defensa de los Estados Unidos, ni de los grupos empresariales; no queremos manejar tampoco la idea de que todos los males nacionales son absoluta responsabilidad del gobierno. Unicamente señalamos que el gobierno tiende con frecuencia a exagerar la responsabilidad de estos grupos y factores para minimizar y evadir la suya propia, y que en esto tiene mucho que ver la demagogia oficial. En todo caso, la demagogia no es una falsedad simple y pura sino también deformación de hechos reales.


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