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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1988

V. Demagogia, oposición y disidencia


Como ya se mencionó anteriormente, los sistemas autoritarios no presentan en su funcionamiento real las características básicas de los régimenes democráticos, pero muestran una gran preocupación por aparecer como tales. Por ello toleran cierto grado de oposición y disidencia, pero cuidando que no llegue a representar una amenaza real a la hegemonía del grupo o partido en el poder. En un autoritarismo de partido, como el mexicano, es fundamental la existencia de partidos de oposición, así como una prensa relativamente libre, para conservar un nivel mínimo de legitimidad democrática. El uso de la represión directa es evitado en lo posible, y sólo se ejerce en situaciones más o menos extremas.

Sin embargo, el gobierno dispone de la demagogia para combatir y desprestigiar a la oposición formal y a los grupos disidentes y responder a los ataques y críticas que éstos le formulan.

Es perfectamente válido y natural dentro del juego político, especialmente en un marco que pretende ser democrático, el que se ataque a los grupos opositores por sus puntos débiles. Esto en sí mismo no es demagogia. Lo demagógico consiste, de nueva cuenta, en la falta de sinceridad y honestidad al realizar esta actividad. En difamar, calumniar y distorsionar intencionalmente los hechos. En evadir una responsabilidad determinada desviando la discusión con falsos ataques a quienes piden cuentas, etc. En los sistemas autoritarios como el mexicano, esto tiene la clara función de limitar la fuerza de la oposición, e impedir que ésta logre participar sustancialmente en el proceso de toma de decisiones.

Entre los principales ataques que reciben los grupos opositores por parte del gobierno, tenemos los siguientes:

a) Que son grupos desinformados, de tal manera que sus críticas y ataques aparecen como producto de la ignorancia. El gobierno no ha dudado en utilizar este argumento incluso cuando la oposición dispone de información fidedigna, muchas veces obtenida de las propias fuentes oficiales.

b) Que son grupos apocalípticos y catastrofistas, especialmente en aquellos casos en que se cuestiona una política gubernamental determinada por sus posibles consecuencias negativas. Para desacreditar este tipo de críticas, muchas de ellas generalmente bien fundamentadas, el gobierno aprovecha la confusión entre pesimismo y realismo. El realista es aquel que se percata de la situación real, por más cruda o díficil que ésta sea, y la reconoce y acepta. Pero siendo realista es más fácil prevenir o solucionar los problemas que se han detectado. El pesimista ve negra una realidad que no lo es, y con su actitud de anticipado derrotismo provoca precisamente lo que teme. El gobierno busca hacer aparecer a la oposición como pesimista, y por lo tanto perjudicial para el país.

El extremo de esta actitud se presenta cuando el gobierno pretende hacer creer, como ha hecho en ocasiones, que los grupos que formulan estas críticas lo hacen con la intención de provocar el caos y el desastre nacional. Pero ante tales exageraciones lo único que logra el gobierno es reducir su propia credibilidad en lugar de la de los críticos y disidentes.

c) Que son grupos reaccionarios, generalmente cuando se refiere a los partidos que se encuentran a la derecha del PRI (Acción Nacional y Demócrata Mexicano), así como a sectores que se les busca identificar como enemigos de los ideales de la revolución, como a menudo ocurre con la iniciativa privada. Con ello el PRI desea aparecer como auténticamente revolucionario, y arrebatar, como comunmente se dice, las banderas a los sectores de la izquierda. Además, se trata con esto de invalidar, con argumentos ideológicos, cualquier crítica formulada al gobierno por parte de estos grupos, por muy sólida que sea.

d) Que son grupos extranjerizantes. Este ataque generalmente se aplica a los partidos y organizaciones de izquierda, a partir de que frecuentemente sostienen teorías e ideologías identificadas como extranjeras, (básicamente el marxismo-leninismo, el trotskismo, etc). Como en el caso del inciso anterior, este ataque es demagógico pues se intenta desarticular las críticas provenientes de estos grupos únicamente por razones ideológicas, tomando en cuenta además que, como muchos autores lo han observado, la mayor parte de las ideas de la revolución mexicana tuvieron también su origen fuera de México.

e) Que los críticos del gobierno también incurren en los vicios que condenan. Esto es típico, por ejemplo, para el caso de la denuncia de la corrupción. Se dice que ésta no es exclusiva del gobierno, pero que incluso quienes la delatan no son libres de culpa. Este ataque lo ejemplifica la sentencia evangelizante de López Portillo, en el sentido de que muchas primeras piedras han sido arrojadas al gobierno.

Estos argumentos evidentemente tienen poca solidez pues ni todos los que se encuentran en la oposición son corruptos o deshonestos, ni el hecho de que algunos lo sean disminuye la responsabilidad de los funcionarios públicos. La demagogia oficial dirigida en contra de la oposición refleja las características autoritarias del sistema político mexicano, y las consolida. Así, en la medida en que tiene eficacia, obstaculiza el proceso de evolución política del país. En efecto, sin una oposición sólida e independiente se cierran las puertas de un auténtico desarrollo democrático. Se habla mucho en estos tiempos, precisamente de que la salvación política de México se encuentra en una participación creciente de la oposición en el poder.


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