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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1988

VI. Demagogia, adulación y ascenso político


La adulación se refiere normalmente al acto de exaltar a una persona, o decir lo que le place con fines de interés. Su característica es pues la falta de sinceridad y la búsqueda de un bien proveniente de la persona adulada. El uso de la adulación trasciende la esfera política, pero en ella constituye un recurso cotidiano.

En la medida en que el ascenso dentro de la escala burocrática y política depende en alto grado del apoyo de ciertos personajes o grupos clave, se requiere de conquistar su favor. La adulación es tan sólo uno de los medios para lograr este objetivo, pero en la mayoría de los casos resulta ser de gran eficacia (dependiendo de las características del personaje adulado, y de la habilidad y tacto del adulador). Tal vez uno de los móviles mas fuertes que hacen que un individuo busque un alto cargo en cualquier organización, es la sensación de importancia que le acompaña, reforzada por el trato especial que mucha gente le confiere. Por ello la adulación puede convertirse en un recurso eficaz para congraciarse con tal o cual figura política.

Maquiavelo sabía esto, pero sabía también que el rodearse de aduladores, aunque puede resultar muy satisfactorio para el ego, representa un gran riesgo político, pues distorsionan la percepción que el gobernante pueda tener de la realidad en lugar de afinársela. Por ello Maquiavelo aconsejaba al príncipe cuidarse de los aduladores, y contar entre sus consejeros con personas que no dudaran en decir la verdad tal y como ellos la veían.[Nota 13]

A pesar de todo, la adulación continúa siendo frecuentemente utilizada por quienes tienen aspíraciones políticas, debido al gusto que muestra la mayoría de las personas, sean políticos o no, de recibir halagos de diversa índole; y viceversa, lo que realmente se piense del funcionario que se quiere ganar es algo que debe quedar bien oculto, si existe la posibilidad de que le resulte desagradable.

La adulación, que por lo general se despliega en las relaciones directas, se vincula con la demagogia cuando se incorpora al discurso público. Ciertamente, la adulación puede cobrar especial fuerza cuando, por ejemplo, un político reconoce públicamente la admiración y devoción que siente por otro, pues en tal caso se está promoviendo un elogio entre un amplio grupo de personas, y la satisfacción consecuente para el personaje adulado es evidentemente mayor.

Por otro lado, la adulación pública no se limita al halago de personajes, sino también de grupos y sectores sociales, sobre todo en sistemas que pretenden una legitimidad democrática. En los sistemas genuinamente democráticos, como ya se dijo, esto obedece a la necesidad de contar con el apoyo popular para obtener un cargo de elección. Donde el pueblo no decide, entonces se le adula para lograr una apariencia democrática. De todas formas, puede resultar importante en ciertas circunstancias contar con el apoyo de tal o cual sector, y de ahí también que se le ensalce públicamente. Es por ello frecuente oir a los políticos mexicanos expresar públicamente su admiración y respeto por obreros y campesinos, aunque su desempeño no siempre refleje éstas emociones.


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