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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1988

De la filosofía política a la ciencia política: El orden constitucional del estado


En su conocida obra sobre Hegel, publicada por primera vez en México dos años antes de su aparición en Alemania, Ernst Bloch sostiene la siguiente tesis: "la filosofia del derecho ocupa en Hegel el lugar que en otros filósofos se destina a la ética".[Nota 53]El Estado viene a ser así una "rica articulación de la moral" donde la ética de Hegel "despierta al contacto del hombre con el ágora, con la plaza pública, con la res pública, con la colectividad".[Nota 54]Por esta razón, "el Estado no debe confundirse con la sociedad civil, es decir, con las simples instituciones creadas para proteger la propiedad y la libertad personal".[Nota 55] El Estado es pues, "la realidad de la idea ética" y no la institucionalización del legítimo monopolio de la coacción fisica, ni el aparato represivo al servicio de una clase dominante, ni "el orden coactivo del Derecho". Esto implica que el estudio de las instituciones de la organización externa destinada a proteger la libertad y el funcionamiento socioeconómico de la sociedad civil, no constituiría para Hegel el ámbito específico del estudio del Estado.

No obstante, las secciones de la Filosofia del derecho dedicadas al Estado, permiten reconstruir una organización institucional, orientada en el paradigma conceptual de la "realidad de la idea ética", que podría ser vista, cum granus salis, desde el punto de vista de la disciplina de la "política comparada" o de la esfera de las political institutions de la ciencia política. Es decir, Hegel presenta un orden constitucional del Estado expresado en términos sumamente claros y concretos. Esta claridad en la exposición de las instituciones concretas, diseñadas por Hegel para darle cuerpo al orden constitucional de la auténtica concepción del Estado, no le pide nada en claridad a los análisis de los politólogos dedicados actualmente en Gran Bretaña o Norteamérica al estudio de las, political institutions. El poner este tipo de énfasis en el análisis del orden constitucional del Estado presentado por Hegel, tiene como objetivo evidenciar lo absurdo de la tradicional acusación contra Hegel de haber sido el principal apologista de 1 Estado prusiano de su época porque, como veremos más adelante, el orden constitucional hegeliano es radicalmente distinto al prusiano o a cualquier otro Estado alemán del período de la restauración europea.

En la Filosofia del derecho, Hegel define a la Constitución como "la organización del Estado y el proceso autorreferido de su vida orgánica, en el cual diferencia sus momentos dentro de sí y los desenvuelve ala autosubsistencia",[Nota 56] Lo importante de esta complicada definición radica en que proporciona a Hegel el punto de partida para afirmar que la noción de la división de poderes dentro de un Estado, no debe basarse en el principio, según el cual, a cada institución política corresponde una función separada y exclusiva.

Por el contrario, Hegel tiene en mente a un sistema donde cada poder incluye dentro de sí a los otros poderes en una interdependencia orgánica, donde la mutua delimitación no obstaculiza la integración y la cooperación armónica. En una más de las adiciones no registradas en las traducciones castellanas de la Filosofia del derecho, Hegel clarifica su concepción del sentido del principio de la división de poderes en un Estado racional:

Los poderes del Estado ciertamente deben distinguirse, pero cada uno debe autoerigirse en un todo y contener dentro de sí a los otros momentos. Cuando se habla de las distintas actividades de los poderes, no debe caerse en el monstruoso error (ungeheveren Irrtum) de interpretar esta distinción como si cada poder debiera subsistir independientemente y en abstracción frente a los demás poderes. En realidad los poderes deben distinguirse únicamente como momentos del. concepto. Si en vez de esto, ellos subsisten independientemente y en abstracción recíproca, entonces resulta tan claro como el día, que dos unidades independientes no pueden constituir una unidad y deben acarrear el conflicto, hasta que el todo sea destruido, o la unidad sea restablecida por la fuerza. Así ocurrió en la Revolución Francesa, donde en ocasiones el poder legislativo absorbía al llamado poder "ejecutivo" o el ejecutivo absorbía en otras ocasiones al legislativo. En ambos casos, no tiene sentido formular la demanda de armonía.[Nota 57]

Siguiendo la línea del análisis de la política comparada, Hegel elogia en otro contexto las instituciones políticas inglesas frente a las francesas, por existir en las primeras una unidad orgánica entre el poder legislativo y el ejecutivo, misma que permite el mejor funcionamiento del Estado en general.

En Inglaterra los ministros deben ser miembros del parlamento y esto es lo correcto porque los funcionarios del ejecutivo deben estar ligados y no contrapuestos a la legislatura. La imagen de la llamada "independencia de poderes" contiene el error fundamental de suponer que, aunque independientes, los poderes pueden limitarse mutuamente. Pero a través de esta "independencia" destruiría la unidad del Estado, unidad que es prioritaria.[Nota 58]

El orden propuesto por Hegel tendrá así como modelo más cercano al sistema inglés y, por ello, el monarca se erige en una estructura básica del orden constitucional por ser capaz de incluir en sí los momentos de los otros poderes. Hegel distingue consecuentemente, tres poderes y tres funciones: el poder legislativo, determinador de lo universal; el poder ejecutivo que subsume los casos particulares bajo lo universal; y, en vez del poderjudicial, aparece el poder de la subjetividad encarnado en la corona. Este último poder es donde, según Hegel, "los diferentes poderes se vinculan en una unidad individual que es al mismo tiempo la cúspide y la base de todo, es decir, la monarquía constitucional".[Nota 59]

Ahora bien, el tipo de monarquía propuesto por Hegel ya no está basado, en tanto que es constitucional, en la autoridad de la tradición absolutista sino en la autoridad de la subjetividad característica de la era moderna: "el desarrollo constructivo del Estado hacia la monarquía constitucional es una obra del mundo moderno".[Nota 60] Debido a que el Estado moderno está basado en los principios de la subjetividad, libertad y autodeterminación de las partes constitutivas, debe existir una expresión de tal subjetividad en las instituciones objetivas del Estado. La justificación hegeliana de la monarquía sobre estas bases adquiere la siguiente expresión:

La verdad de la subjetividad, sin embargo, sólo se obtiene en un sujeto, y la verdad de la personalidad en una persona; y en una constitución que ha madurado como la realización de la racionalidad, cada uno de los tres momentos del concepto tiene su formación explícitamente real y separada. Por lo tanto, este momento absolutamente decisivo del todo, no es la individualidad en general, sino un individuo, el monarca. [Nota 61]

La voluntad individual del monarca resulta ser crucial en el orden constitucional hegeliano, pero este "yo quiero" no debe interpretarse como un arbitrario deseo individual. Un monarca moderno está limitado por las decisiones concretas de sus consejeros, y por ello, "si la constitución es estable, a menudo el monarca no tiene más tarea que la de firmar su nombre".[Nota 62] Esta firma es, sin embargo, sumamente importante porque representa la voluntad subjetiva del "yo quiero" como "diferencia fundamental entre el mundo antiguo y el moderno"[Nota 63]. . Así, en el mundo antiguo todo dependía de la arbitrariedad del monarca porque las reglas y leyes eran hechas por él, a diferencia de la monarquía constitucional moderna, donde el rey está subordinado al Derecho: "en una monarquía bien organizada, el aspecto objetivo pertenece únicamente a la ley y la función del monarca consiste meramente en imprimirle el subjetivo "por mi voluntad".[Nota 64]

De acuerdo con este punto de vista, el orden constitucional más adecuado al mundo moderno es un producto de la evolución histórica y no puede imponerse a una sociedad o nación que no esté preparada para desarrollar una íntima correspondencia entre sus mores (sitten) --- o costumbres y sentimientos- y las instituciones del orden constitucional: Napoleón fracasó en su intento por modernizar a España porque ésta no se encontraba aún preparada para la modernidad. El acto de voluntad personal del monarca establece la diferencia entre el mundo moderno y el antiguo, donde se pensaba a las leyes más allá del control humano; en el mundo moderno, en cambio, las leyes y la organización establecida del Estado proporcionan un sistema en el cual, "lo dejado al criterio personal del monarca no tiene importancia para las cuestiones esenciales".

En consecuencia con este punto de vista, Hegel no propone al monarca como un soberano, pues para él la soberanía no puede residir en el monarca, ni en el parlamento (como lo propone el modelo inglés), ni en el pueblo o cualquier otra parte de la sociedad independiente del Estado. La soberanía reside en el Estado como tal, como una unidad armónica e integrada, y no en alguna de sus partes o instituciones. Nos hemos detenido con cierto detalle en el papel que Hegel atribuye al monarca en la Constitución del Estado moderno por dos razones: primero, porque constituye uno de los tres poderes del Estado en sustitución del poder judicial. Hegel justifica esta sustitución heterodoxa sobre la base, ya mencionada, de considerar a la administración de justicia como parte integrante de la sociedad civil y no del Estado.[Nota 65] Pero eso resalta también, en segundo lugar, la importancia que reviste la instancia de la subjetividad mediada en la concepción hegeliana del Estado. Al lado del papel de mediación dialéctica que cumplirán la Asamblea de estamentos en el poder legislativo, y la "clase universal" de la burocracia en el poder ejecutivo, Hegel incluye el tercer momento fundamental de la mediación del monarca, porque el elemento de la libertad, encarnada en la autonomía de la subjetividad y la voluntad, es fundamental para su noción del estado racional como instancia de reconciliación de la subjetividad individual y la objetividad comunitaria.

Establecido el papel crucial del monarca, Hegel procede a analizar la función del poder legislativo. Según él, los individuos privados encuentran una identificación política con su participación en las asambleas constitucionales modernas. La institución de las asambleas es ciertamente moderna, pero Hegel afirma que la función de la representación no lo es. La mayoría de los teóricos políticos de la Restauración como Bonald, de Maistre y Adam Müller, sabían que la idea de la representación proviene de la sociedad feudal y, en este punto, Hegel se une aparentemente a ellos, al considerar a la representación como una idea premoderna, anterior a las doctrinas contractualistas y iusnaturalistas y a la Revolución Francesa. Lo interesante del caso, sin embargo,. consiste en que no fue el Hegel de Berlín posterior a 1815, quien afirmó más contundentemente esta propuesta, sino más bien el Hegel "jacobino" de Jena en 1802:

La representación se halla implicada tan profundamente en la esencia de la evolución de la Constitución feudal, en su conexión ¿on el origen de un estamento burgués, que puede llegar a denominarse la más tonta de las presunciones recibirla como una invención de la época actual[Nota 66]

También en este contexto, descrito en la Constitución de Alemania Hegel plantea cómo el individuo moderno se relaciona de manera mediada con el Estado racional porque ya no es posible emular el sistema de participación inmediata y directa de la democracia de la Graphics antigua. En el Estado moderno es inevitable una participación mediada, y esta función es desempeñada por la representación a través de la Asamblea de Estamentos. Al ser esta Asamblea la agregación y articulación de los intereses de la sociedad civil, es necesario que refleje las divisiones y diferencias de intereses de esa instancia previa a la realización de la sittlichkeit en el Estado.[Nota 67]

Hegel procede a plantearen la Filosofía del derecho una propuesta específica de cdmo debería estar organizado el poder legislativo para que la Asamblea de Estamentos desempeñe adecuadamente su función mediadora en la representación de los intereses de la sociedad civil. Según esta propuesta, la Asamblea debe articularse en dos cámaras, representativas respectivamente, de la clase terrateniente y de la clase burguesa. La primera clase tiene derecho de nacimiento a la representación por constituir el elemento mediador entre el monarca y la cámara baja. Esta última se constituye por representantes elegidos de las varias asociaciones, comunidades y corporaciones de la sociedad civil.[Nota 68] Si se da una mediación entre las dos cámaras, esto no implica que la Asamblea como un todo deje de ser un elemento mediador en sí misma, pues por el contrario:

Vista como un órgano mediador, los Estamentos se encuentran entre el gobierno en general por un lado y la nación dividida en sus particulares (pueblo y asociaciones) por el otro ( ... ); son un término de mediación que impide tanto el aislamiento extremo del poder en la corona (en cuyo caso sería una mera tiranía arbitraria), como el aislamiento de los intereses particulares de las personas, sociedades y corporaciones.[Nota 69]

La función de los Estamentos debe verse en términos de una mediación dialéctica en el sentido de constituir no sólo un "puente" entre los dos elementos comunicados, sino también en el sentido de participar en los atributos de ambos extremos e introducir al mismo tiempo un extremo dentro del otro, proporcionando una reconciliación. La corona y los intereses particulares, una vez mediados, ya no se encuentran aislados, pues alcanzada esta instancia, es necesario verlos a través del prisma proporcionado por la mediación de los Estamentos:

El significado auténtico de los Estamentos radica en que es a través de ellos como el Estado entra en la conciencia subjetiva del pueblo y cómo éste empieza a participar por medio de ellos, en el Estado.[Nota 70]

La ausencia de esta mediación, degeneraría en un despotismo eventualmente autodestructivo, porque el pueblo no se consideraría armónicamente repesentado, sino en oposición antagónica frente al Estado. Sólo en un sistema mediado pueden identificarse pueblo y gobierno en una unidad, y en esto únicamente se siguen las reglas de "uno de los descubrimientos más importantes de la lógica" es decir, no de la lógica formal, sino de la lógica dialéctica propuesta por el mismo Hegel.[Nota 71] No por ello toma la mediación efectuada por la Asamblea de Estamentos, la forma de una representación individual directa. La representación debe estar en sí misma mediada y esto implica que los hombres no se relacionan con la esfera política en calidad de individuos, sino a través de su membrecía en los componentes articulados de la sociedad. La membrecía en un Estamento transforma a los individuos que persiguen egoístamente sus intereses particulares, en socios cooperativos de una asociación con un propósito general. Esta perspectiva tiene así varios aspectos inaceptables para una posición liberal porque, como veremos, se fundamenta en una clara oposición a la representación individual y al sufragio universal.

Así, Hegel condenará el principio individualista de las circunscripciones electorales numéricamente iguales, sobre la base de no poder aceptar a la sociedad como una agregación atomística de intereses en vez de una orgánica articulación de asociaciones. La cámara baja de los Estamentos representa el elemento cambiante de la sociedad:

... este elemento puede entrar en la política únicamente a través de sus diputados ( ... ). Puesto que estos diputados son los diputados de la sociedad civil, se desprende directamente que su designación se da por la sociedad en cuanto tal, y no en su disolución en unidades atomísticas reunidas únicamente para desempeñar un acto único y temporal, por un instante, y sin duración posterior. Por el contrario, la designación de los diputados la hace la sociedad en cuanto sociedad, organizada en asociaciones, comunidades y corporaciones que, aunque constituidas para otros propósitos, sólo de esta forma adquieren su conexión con la política ( ... ). El Estado concreto es la totalidad organizada en sus grupos particulares; el miembro del Estado es un componente de una determinada clase; sólo en esta caracterización objetiva puede ser tomado en consideración dentro del Estado.[Nota 72]

De manera similar, Hegel critica la representación electoral basada en la propiedad, porque estimula la tendencia a considerar las cuestiones políticas en términos de los intereses económicos. Es preferible basar la representación en legítimos grupos de interés organizados, donde se integre a cada individuo junto con sus semejantes, profesionales, dentro de la estructura política. Así, como lo señala otro de mis maestros sobre Hegel, de la Universidad de Oxford, "el individuo no se relaciona con lo general de una manera simplistamente inmediata, sino a través del momento específico del grupo organizado al que pertenece".[Nota 73]

A partir de esta posición semi-corporativista, Hegel lanzará su ataque contra la institución del sufragio universal por considerarlo equivalente a Introducir el elemento democrático sin ningún fundamento racional en el organismo del Estado, a pesar de que sólo en virtud de la posesión de la forma racional puede considerarse al Estado como un organismo".[Nota 74]Por otro lado, la institución del sufragio universal, según Hegel, deja a la deriva la representación articulada y mediada de grandes sectores de la población. Seguir este modelo, implica adoptar un "punto de vista atomístico y abstracto" y aún cuando pudiera evadirse la disolución social, según la paráfrasis del profesor Taylor: "la vida política sobre este modelo se vuelve abstracta, se desarraiga de una vida social que se encuentra ya organizada, quiérase o no, y la política se convierte en algo donde los hombres no pueden verse reflejados y reconocidos a sí mismos".[Nota 75]

Una consecuencia adicional de la perspectiva hegeliana de la representación, consiste en afirmar que los diputados no deben ser vistos como delegados de sus electores. Hegel insiste en la necesidad del carácter de agentes libres de los representantes y no de delegados atados a demandas e instrucciones específicas porque, en este último caso, los diputados no tendrían un buen margen de maniobra para la deliberación y negociación durante el debate de la cámara, cuando éste constituye precisamente la esencia de una auténtica Asamblea Legislativa, Así el fundamento de IaAsamblea representativa es "ser un cuerpo viviente donde todos los miembros deliberan en común y se convencen e ínstruyen recíprocamente".[Nota 76]

Siguiendo las implicaciones de esta argumentación, Hegel considera que la esencia más genuina de la Asamblea de Estamentos consiste en ser un cuerpo educativo al constituir un canal de comunicación de doble sentido, donde los representantes reflejan los puntos de vista de la población y, al mismo tiempo, la llevan a interesarse en el funcionamiento del gobierno. Debido a este propósito educativo, la Asamblea debe basarse en la libre comunicación pública, sin la cual no puede darse el proceso de mediación entre la población y el gobierno. Hegel concluye su sección sobre el orden constitucional con un tributo a la opinión pública y a su necesidad en el mundo moderno, al darle una profunda justificación filosófica que, por otros caminos, sería retomada en las primeras obras de Habermas:

En todos los tiempos, la opinión pública ha tenido una gran influencia, y esto es particularmente cierto en nuestros días cuando el principio de la libertad subjetiva tiene tal significado e importancia. Lo autorizado en nuestros días deriva su autoridad, no de la fuerza, sólo en pequeña medida del hábito y la costumbre, y de manera real y fundamental de la introvisión (Einsicht) y la argumentación.[Nota 77]

En síntesis, el orden constitucional propuesto por Hegel, considera como acciones públicas autorizadas a las del monarca, su gabinete, la clase "universal" de la burocracia, los miembros del cuerpo representativo de la Asamblea de Estamentos, los ciudadanos con derecho al voto, y la opinión pública definida como los "juicios, opiniones y recomendaciones de los ciudadanos en relación a los asuntos del Estado".[Nota 78] Estos elementos resaltan el papel del deber ético en la concepción hegeliana del Estado como diferencia específica fundamental de su definición. El papel mediador de la subjetividad del monarca y de la representación de la Asamblea de Estamentos constituye la respuesta concreta a la cuestión fundamental, de como reconciliar a la autonomía individual con los intereses comunitarios. La representación corporativa en la Asamblea de Estamentos es la forma de mediación entre los individuos y el Estado, porque, a través del cuerpo representativo, el "pueblo" participa en el gobierno y éste entra en la conciencia subjetiva de aquél. En cualquier caso, el deber ético supremo de todos los elementos que participan en la realización de la autoridad soberana del Estado, cualquiera que sea su posición en el orden constitucional, es promover el bien general (das Allgemeine) de la comunidad. La eticidad alcanza su forma más alta en la esfera política al ser la identificación explícita, autoconsciente y deliberada de los ciudadanos, y los funcionarios de la "clase universal" de la burocracia, con los objetivos y el bienestar de la comunidad.

El papel de la burocracia es, pues, fundamental dentro de este orden constitucional, porque Hegel ve en ella tanto a una de las instituciones más características del Estado moderno, como a una estructura social y política capaz de limitar el enorme poder irracional de la sociedad civil. Aunque la burocracia es concebida dualmente como una clase de la sociedad civil y un instrumento del Estado, Hegel considera que por ello constituye un nexo crucial entre el particularismo de la sociedad y el universalismo estatal porque, al ser independiente de las actividades económicas e intereses particulares de la primera, su acción es motivada por los intereses de la comunidad en general:

La clase universal (de los servidores públicos) tiene como tarea los intereses universales de la comunidad. Por ello, debe ser independiente del trabajo directo para satisfacer sus necesidades, ya sea a través de la posesión de medios propios o por recibir un salario del Estado, pues así el interés privado encuentra su satisfacción en el trabajo por lo universal.[Nota 79]

Algunos autores, como Avineri, han afirmado que el modelo de burocracia hegeliano es "prácticamente idéntico con el tipo ideal weberiano",[Nota 80] debido a que, según Hegel, la burocracia debe tener una ética de servicio, ser reclutada de acuerdo al mérito y compensada de acuerdo a su desempeño. Además, su conducta debe caracterizarse por ser "desapasionada, incorruptible y cortés". Podría decirse que la semejanza entre los dos modelos es más superficial que esencial porque, aún cuando los dos autores parecen haber construido sus modelos a partir de la institución concreta de la burocracia prusiana, los objetivos de la construcción del modelo son radicalmente distintos. El tipo ideal weberiano es meramente una construcción conceptual, con fines epistemológicos y no prescriptivos, mientras que tal separación no es admisible en la fusión ontológica de lo "real" en el sistema hegeliano. En segundo lugar, pero de igual importancia, es el hecho de que para Hegel, la burocracia como "clase universal" debe ser un freno a las tendencias irracionales y desintegradoras de la sociedad civil, para asegurar que la política pública no sea un reflejo directo de la contienda de intereses de esa sociedad. Weber, en cambio, no atribuye, ni en sus análisis realistas, ni en la construcción del tipo ideal, tal papel "universal" a laburocracia; a diferencia de Hegel, Weber consideraba a la forma de organización de la burocracia como algo que trascendía la esfera del Estado (definido sin las implicaciones de la eticidad hegeliana) y que permeaba también la forma de organización moderna en general, incluyendo a empresas económicas y asociaciones privadas. La supresión de la propiedad privada en el socialismo, o la continuidad de la competencia de las burocracias empresariales del capitalismo, no alteraban la persistencia de la forma típica de organización burocrática de la modernidad, y desde este punto de vista, no tiene sentido la distinción entre Estado y sociedad civil propuesta por Hegel. Más aún, la crítica de Marx a Hegel por no haber tomado en cuenta cómo la burocracia desarrolla intereses propios y, por ello, no ser una "clase universal" constituye desde otra perspectiva y fundamento, uno de los elementos cruciales del análisis' weberiano de la "burocratización" como un proceso de racionalización donde los medios se transfiguran en fines. Estas razones llevan a la conclusión de que la construcción de analogías entre Weber y Hegel resulta a la larga fallida y simplista, pues en ellos no hay puntos en común, ni en las teorías del conocimiento, ni en la concepción de cuáles son los elementos constitutivos y relevantes de la "realidad" o la "racionalidad".

Ahora bien, independientemente de las críticas que desde un punto de vista contemporáneo, podrían hacerse a lo "ingenuo" o 14 reaccionario" o "antiliberal" de la propuesta de orden constitucional del Estado hegeliano, es necesario evaluarlo, no desde la actual y ventajosa perspectiva histórica, sino desde los parámetros de racionalidad establecidos por el propio Hegel. Es decir, sería injusto y anacrónico reprochar a Hegel sus reservas ante la extensión del sufragio universal, o su limitada percepción del papel de la burocracia en el mundo moderno, o sus propuestas "corporativistas" en función de lo que hoy entendemos por "corporativismo". Más bien debemos retomar seriamente el sentido emancipador de todo su proyecto, de tal forma que, como sugeríamos al inicio de este artículo, si su sistema propone un orden institucional incapaz de alcanzar la plena libertad de la razón, las potencialidades liberadoras de ésta no tienen por qué detenerse ante las limitaciones presentadas por un determinado y defectuoso orden estatal. Las implicaciones liberadoras de la razón dialéctica trascienden su propio sistema. La fuerza liberadora de la razón no termina su tarea hasta que la plena y real libertad es alcanzada. Si por cualquier causa o circunstancia, la realización de un orden constitucional resultara limitado, y no pudiera satisfacer los requisitos reales y racionales de la libertad para todos sus miembros, entonces se convirtiría en una mera estructura opresiva adicional que el poder de la razón debe disolver para tener acceso al reino de la libertad. Si Hegel ata la razón a una estructura determinada, esto no significa que sus herederos también deban detener en ese punto las consecuencias dialécticas de la razón. Razón y libertad, conceptos que se implican recíprocamente, trascienden en virtud de su naturaleza intrínseca los sistemas estructurados y constituyen así el fundamento para desarrollos ulteriores en nuevas direcciones. En el principio de la esperanza y el espíritu de la Utopía, se plasma auténticamente el sentido del vector liberador de la construcción de la frase recientemente descubierta en las lecciones de 1819-1820: "lo que es racional será real, y lo real será racional".[Nota 81]


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