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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1988

EL LIBERALISMO NORTEAMERICANO Y SUS CRÍTICOS: RAWLS, TAYLOS, SANDEL, WALZER*

Author: Chantal Mouffe


* Tomado de la revista Espirit, marzo de 1987. (Traducción de Nora Pasternac.)

A partir de Tocqueville, los Estados Unidos son considerados a menudo como la tierra predilecta del liberalismo democrático. Desde la constitución de 1787, el liberalismo habría podido florecer en Norteamérica sin chocar con los obstáculos que debió vencer en los países europeos. Reformulado por Louis Hartz en su libro de 1955, The Liberal tradition in America, este tema gozó durante mucho tiempo de una hegemonía indiscutida, y es a esta característica que se atribuía la doble ausencia, tanto de una real tradición conservadora, como de un importante movimiento socialista en Norteamérica. Muchos veían igualmente en ello el secreto de la fuerza y de la vitalidad del Nuevo Mundo. Sin embargo, desde hace algunos años, parece que los norteamericanos son cada vez más críticos con respecto a este predominio del liberalismo democrático; es así como algunos se pusieron a buscar otras formas de identidad y comenzaron a escrutar su pasado para descubrir en él los signos de la presencia de otras tradiciones.

Desde el fin de los años 60, se organizó un movimiento "neoconservador"[Nota 1] para alertar contra los "excesos de la democracia". Agitando el espectro del "precipicio igualitario", este grupo, compuesto por intelectuales prestigiosos agrupados alrededor de las revistas Commentary y The Public Interest, lanzó una ofensiva contra la ola democrática que los diversos movimientos sociales de esta década han representado. Los neo-conservadores denuncian la sobrecarga de demandas que la multiplicación de nuevos derechos impone al Estado y el peligro que esta explosión de reivindicaciones igualitarias hace correr al sistema de autoridad.

Más o menos por la misma época, un grupo de "neoliberales" la emprende contra las medidas de redistribución de la Great Society y denuncia la intervención del Estado en la economía. De acuerdo con Milton Friedman, preconizan un retorno al capitalismo de libre mercado. De un lado como del otro, lo que se ataca es, en realidad, la articulación entre liberalismo y democracia a causa del potencial subversivo de la idea democrática frente a la preservación de las relaciones sociales dominantes.[Nota 2]

Recientemente, una nueva voz se dejó oir: ya no es más la democracia el blanco de las críticas, sino el liberalismo básico, responsable de la destrucción de los valores comunitarios y del debilitamiento de la vida pública. Este tipo de crítica, que tiene a la vez acentos de izquierda y resonancias conservadoras, es original, pues opera en el marco del redescubrimiento de una tradición ocultada hasta hoy en los Estados Unidos: la del "republicanismo cívico". Esta tradición --que algunos prefieren llamar "humanismo cívico"- afirma en su discurso político que la verdadera realización humana sólo es posible cuando se actúa en tanto ciudadano de una comunidad política libre y autogobernada. Según Pocock -uno de los que más ha contribuido a la reconstrucción de estas ideas- los orígenes de semejante concepción deben buscarse en la visión aristotélica del hombre como zoon polítikon, en Cicerón y en el ideal romano de la res publica. No obstante, es en Florencia, en el siglo XV, donde adquiere las características que van a influenciar al pensamiento político angloamericano de los siglos XVII y XVIII, a través de la obra de James Harrington y de los neo-harringtonianos.[Nota 3]Se trata de un lenguaje político que realiza una síntesis entre elementos aristotélicos y maquiavélicos, lenguaje en el cual desempeñan un papel central las nociones de "bien común", "virtud cívica" y "corrupción".

Ahora bien, en el curso de las últimas décadas se produjo una reorientación espectular de la interpretación de la revolución norteamericana que puso en evidencia precisamente la importancia del republicanismo cívico en el periodo revolucionario.

Contrariamente a la interpretación dominante, que veía en esta revolución una ruptura de tipo nacionalista con el Viejo Mundo, influenciada principalmente por las ideas de Locke, los trabajos de historiadores como Bailyn y Wood[Nota 4]mostraron que había sido profundamente influenciada por la cultura del humanismo cívico neoharringtoniano. De allí viene el lugar central que ocupa la noción de "corrupción" en el lenguaje político de los patriotas norteamericanos, como lo revela el análisis que hace Bailyn de sus panfletos. Sólo más tarde, la concepción clásica de la política, donde los individuos participan activamente en la res publica, va a deslizarse hacia un nuevo paradigma: el de la democracia representativa. De acuerdo con Gordon Wood, es la constitución federalista de 1787 la que marca el fin de la política clásica y la instauración de ese nuevo paradigma en el cual el pueblo Ya no es concebido corno ligado por una comunidad de intereses, sino como "una aglomeración de individuos hostiles que se reúnen alrededor de su beneficio común en la construcción de una sociedad".[Nota 5]

Es en ese momento cuando desaparece la insistencia sobre la necesidad de la virtud pública y el bien común y aparece el concepto nuevo de opinión pública. Wood muestra cómo una nueva fórmula de gobierno hizo su aparición y cómo implicaba una concepción de la política en tanto compromiso entre intereses cuya formulación era exterior a la acción política misma. Esta nueva concepción, que en general se califica como "liberal", se convirtió en dominante durante el siglo XIX; aunque según algunos la concepción republicana no fue completamente borrada. Por ejemplo, Pocock[Nota 6] afirma que persiste subterráneamente gracias al mantenimiento de valores y de símbolos pre-modernos y antiindustriales en la cultura norteamericana. A esta tradición van a apelar los autores críticos del individualismo liberal, afirmando que gracias a ella los norteamericanos pudieron conservar un cierto sentido de la comunidad que a su vez les permite resistir a los efectos corrosivos del individualismo.[Nota 7] En la revitalización de esta tradición de republicanismo cívico ven la solución a la crisis que vive hoy la sociedad norteamericana. Una crisis que consiste, según ellos, en la destrucción del lazo social debida a la promoción social del individuo que sólo conoce la búsqueda de su interés propio y rechaza toda obligación que pudiera trabar su libertad. Mientras que los neoconservadores ven en la idea democrática el origen de las dificultades del sistema liberal democrático, para los autores llamados "comunitarios" es central la desaparición de la virtud cívica, es decir, de la identificación a una comunidad política donde la ciudadanía entraña derechos pero también deberes. Esta desaparición es consecuencia de la privatización de la vida social así como de la desaparición del espacio público y no se puede remediar más que a través de una revaloración de la participación política. Actualmente, la ilusión liberal de que la armonía podría nacer del librejuego de los intereses particulares y que la sociedad moderna ya no tiene necesidad de la virtud cívica finalmente se mostró peligrosa: cuestiona la existencia misma del proceso democrático. De allí viene la necesidad de una nueva cultura política que reanude los lazos con la tradición del republicanismo cívico y devuelva su dignidad a lo político.

Un nuevo paradigma liberal
El individualismo liberal cuestionado
Política de los derechos o política del bien común
Moral y política
Justicia y Pluralismo
¿Aristóteles o Maquiavelo?
Libertad de los antiguos o libertad de los modernos

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