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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1988

Moral y política


Se habrá comprendido que realmente está en cuestión el estatus de lo político y esta discusión revela la incapacidad en que nos encontramos hoy para pensar la política de manera moderna, es decir, de una manera que no sea simplemente instrumental, cosa que implica tomar en cuenta todo lo que tiene que ver con la idea de un "bien político" con la ética propia de lo político, aunque respetando la separación moderna entre moral y política. Ni Rawls ni Sandel son capaces de pensar esta distinción adecuadamente, aunque por razones diferentes. Sandel, porque su crítica del liberalismo opera a partir de una problemática fundamentalmente aristotélica, en la que todavía no hay separación entre moral y a partir de la cual no podía haber verdadera diferenciación entre "bien común político" y "bien común moral": en la concepción antigua, la política de hecho esta ba subordinada a la ética y eso es lo que explica la tendencia de ciertos críticos comunitarios, influidos por Aristóteles, como Sandel o MacIntyre, a creer que para gobernar en función del bien común es necesario fomentar una visión moral única y oponerse al pluralismo liberal. De allí viene su actitud generalmente negativa en relación con la modernidad y su nostalgia por una comunidad orgánica de tipo Gemeinschaft. En cuanto a Rawls, su incapacidad para pensar lo político se explica por el hecho de que éste constituye el punto ciego del liberalismo que tiende a reducirlo a una actividad instrumental. En efecto, todo el aspecto normativo propio de la filosofia política fue desacreditado por el desarrollo de la ciencia política y la distinción positivista entre hechos y valores. De esta manera, toda una serie de cuestiones que son indiscutiblemente de orden político, como la cuestión de lajusticia, fueron relegadas al territorio de la moral y por eso, sin duda, Rawls se obstinó durante tanto tiempo en presentar su teoría de la justicia como una contribución a la filosofia moral.

Esta incapacidad del liberalismo para pensar lo político tiene raíces profundas. Como lo señaló Carl Schimitt, el principio puro y riguroso del liberalismo no puede dar nacimiento a una concepción específicamente política.[Nota 28] En efecto, debe haber negación de lo político en todo individualismo consecuente, Puesto que exige que el individuo siga siendo terminus a quo y terminus ad quem. Por eso, según Schmitt, el pensamiento liberal se mueve dentro de la poralidad entre moral y economía, y se limita a querer imponer obligaciones éticas de la política o a someterla a la economía. De allí viene el hecho de que no hay verdadera política liberal, sino solamente una crítica liberal de la política en nombre de la defensa de la libertad individual.[Nota 29]

El individualismo liberal no permite concebir el aspecto colectivo de la vida social como constitutivo porque existe una contradicción en el corazón del proyecto de Rawls, como lo indican los comunitarios. Su ambición de fundar racionalmente las exigencias de igualdad (presentes en el sentido común de las democracias occidentales) a partir de una concepción individualista del sujeto no puede más que fracasar. Y no es el recurso a la moral el que puede aportar la solución para esta limitación fundamental del liberalismo. La apelación de Rawls a la concepción kantiana de la persona moral y la introducción de lo razonablejunto a lo racional le permiten establecer límites morales a la prosecusión del egoísmo privado, pero sin poner verdaderamente en discusión la concepción individualista. Sólo en el contexto de una tradición que dé realmente un lugar a la dimensión política de la existencia humana y que permita pensar la ciudadanía de otra manera que como simple posesión de derechos se pueden explicar los valores democráticos. Sin embargo, esta crítica del liberalismo debe operarse en el marco de la modernidad y de las conquistas de la revolución democrática. Aun teniendo mucho que enseñarnos, la concepción clásica ya no es practicable. La emergencia del individuo, la separación de la Iglesia y el Estado, el principio de tolerancia religiosa, el desarrollo de la sociedad civil, todos estos elementos han llevado a distinguir el territorio de la moral del de la política. Si bien es importante plantear nuevamente la cuestión del bien común y de la virtud cívica, esto debe hacerse dentro de una problemática moderna, sin postular un bien moral único. No se trata de retroceder más acá del liberalismo, y la crítica del individualismo no implica ni el abandono de la noción de "derechos" ni la del pluralismo.


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