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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1988

¿Aristóteles o Maquiavelo?


A la concepción liberal del individuo, los autores comunitarios oponen la imagen del ciudadano que se encuentra en la tradición del republicanismo cívico. Contrariamente al liberalismo, esta tradición proporciona, en efecto, un lenguaje que permite pensar la política de una manera no instrumental. Puesto que ha desempeñado un papel importante en la cultura política norteamericana del siglo XVIII y que no ha desaparecido completamente, se tratará entonces de revivificarla y devolver de esta manera a los norteamericanos la capacidad de articular sus experiencias y concebir su identidad en términos de su participación activa en una comunidad política. Los comunitarios ven la solución para la crisis de legitimidad que afecta al sistema democrático en una revalorización de la esfera de la político y en una rehabilitación de la noción de "virtud política".

El problema reside en la ambigüedad de esta noción de "humanismo cívico" o de "republicanismo cívico" tal como ha sido recientemente elaborada. Esta mezcla de elementos aristotélicos y maquiavélicos puede, en efecto, dar lugar a interpretaciones extremadamente diferentes, según que se acepte con Aristóteles la unicidad del bien y la ausencia de distinción entre ética y política o que, siguiendo a Maquiavelo, se distingan esos dos territorios y se insista sobre el papel central de los conflictos en la preservación de la libertad. Ya he indicado de qué manera, en autores como Sandel o MacIntyre, la crítica del liberalismo conduce a un callejón sin salida en lo que se refiere a las características de la democracia moderna y conduce al rechazo de la modernidad.[Nota 35]No es el caso de Taylor o de Walzer, que se esfuerzan por integrar ciertos aportes del liberalismo: no se trata pues, de una problemática intrínsecamente antimoderna, como lo afirman ciertos liberales.[Nota 36]

Sin embargo, a falta de la elaboración de un modelorepublicano adecuado a las exigencias de la democracia moderna, el entusiasmo actual por el republicanismo cívico sólo puede dar lugar a confusiones de consecuencias nefastas para todos aquéllos que defienden la extensión de los derechos y de las prácticas democráticas. Es fundamental distinguir entre "conciencia cívica", es decir, exigencias propias de todo ciudadano en un régimen liberal democrático, donde los criterios de justicia son los de la libertad, la igualdad y la postulación de un bien común sustantivo, que impondría a todos una concepción única de eudaimonia. Conciencia cívica no implica que necesariamente deba haber consenso, y el ideal republicano no requiere la supresión de la diversidad en favor de la unidad. Una concepción republicana que se inspire en Maquiavelo, aunque también en Montesquieu, Tocqueville y Stuart Mill, puede perfectamente asimilar lo que constituye la gran contribución del liberalismo: la separación de lo público y de lo privado y la defensa del pluralismo. Pero eso exige concebir la ciudadanía de manera democrática, es decir, sin renunciar a la libertad individual. Ahora bien, una tarea semejante sólo es posible si se logra conceptualizar la libertad de otra manera que no sea la defensa de los derechos individuales contra el Estado, cuidándose al mismo tiempo de no sacrificar al individuo en nombre del ciudadano.


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