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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1989

ÉTICA Y TRAGEDIA*

Author: Lizbeth Sagols


*Ponencia presentada en el IV Congreso Nacional de Filosofía de la Asociación Filosófica de México en la mesa redonda Genealogía y arqueología de la moral, celebrada en Toluca, noviembre de 1987.

"Juzgar a la afirmación desde el punto de vista de la negación, y a la megación desde el punto de vista de la afirmación éste es el arte del genealogista"...

Gilles Deleuze[Nota 1]

La ética nietzscheana puede ser vista como una ética de la espotaneidad, la fuerza vital y arbitraria, la acción exterior, la autosuficiencia y la afirmación unilateral de la propia voluntad de poder. Así lo sugieren múltiples pasajes de la Genealogía de la moral en donde leemos, por ejemplo:

Toda moral noble nace de un triunfante sí dicho a sí mismo, (nace) de una acción y un brote espontáneo.[Nota 2]

¿Qué otra ética podemos encontrar en un filósofo que parece añorar los tiempos de la bestia rubia, lbs tiempos en que existía el "derecho a la crueldad" y en que -al estar en una tierra extraña- los hombres

retornaban a la inocencia propia de la conciencia de los animales rapaces( ... ) dejando tras sí una serie abominable de asesinatos, incendios, violaciones y torturas, con igual petulancia y con igual tranquilidad de espíritu que si lo único hecho por ellos fuera una travesura estudiantil ... [Nota 3]

Según esta perspectiva, el bueno es el que tiene un nacimiento alto: noble, sano, fuerte y activo. El malo, por el contrario, es el que tiene un nacimiento bajo: vil, enfermo, reactivo.[Nota 4] Como afirma Michel Foucault, Nietzsche entiende el surgimiento de la ética como una cuestión de procedencia sanguínea: casta y linaje (Herkunft) y como una emergencia violenta de múltiples fuerzas: unas dominantes, otras dominadas (Entstehungerd).[Nota 5]4 Lo ético en Nietzsche parece residir así, en la necesidad y no en la libertad. El bien y el mal son dados por la herencia Se nace fuerte o se nace débil.

Pero si bien este punto de vista es en gran medida irrebasable, deja de lado, sin embargo, ciertos aspectos del filosofar nietzscheano. Pues aunque la ética noble implica una valoración positiva de la inmediatez y la espontaneidad de la voluntad de poder, Zaratustra -el anunciador del superhombre, de una nueva nobleza y nuevas tablas morales- no actúa de manera violenta y arbitraria. Tampoco reduce su actividad a la pura ex. teriorización ni a la afirmación unilateral de su propia fuerza, por el contrario, vive su pluralidad interna, ya que según él:

... es preciso tener todavía caos dentro de sí para dar a luz una estrella danzarina.[Nota 6]

(pues) el alma más vasta es la que más lejos puede correr y errar y vagar dentro de sí.[Nota 7]

Zaratustra reflexiona, dialoga consigo mismo, espera la ocasión adecuada para hablar con los hombres, tiene conciencia del peligro que implica vivir, posee afán de vínculo con los otros y ama el ocaso. Sabe que sólo muriendo, negándose, logramos ser creativos.

Para que el creador exista -afirma Nietzsche- son necesarios sufrimientos y muchas transformaciones.[Nota 8]

Zaratustra no es autosuficiente. Y en oposición a la bestia rubia, no asienta su existencia en un nacimiento noble o vil: habla de una nobleza centrada en los descendientes, no en la procedencia,[Nota 9] y nos invita a crear constantemente nuevos valores.

¿A qué se debe esta dualidad: una ética de la afirmación de sí y el incremento de unos valores que nos son dados, frente a otra de la negación de sí y la necesidad de crear siempre nuevas tablas. Desde luego, podemos eliminar esta contraposición diciendo que el Zaratustra fue superado por el filosofar a martillazos destructivo y suspicaz de los libros siguientes?[Nota 10] O podemos decir también, que el Zaratustra es la obra central de Nietzsche y que por tanto los libros posteriores tienen una importancia menor. [Nota 11] Pero al plantear las cosas de este modo desconoceríamos dos hechos fundamentales. Por un lado, olvidaríamos que el mensaje del Zaratustra incluye la afirmación de la voluntad de poder. Para el inmoralista es necesaria -paradójicamente- una voluntad de violencia que dé nuevos contenidos al bien y al mal:

Con vuestros valores y vuestras palabras del bien y el mal -señala Nietzsche- ejercéis violencia valoradores; ése es vuestro oculto amor. [Nota 12]

Y para él, sólo tiene sentido hundirse en el ocaso, cuando buscamos poder:

...donde hay ocaso y caer de hojas, la vida se inmola a sí misma ¡por el poder! [Nota 13] (dice Zaratustra en La superación de sí mismo).

Por otro lado, olvidaríamos que la Genealogía de la moral, más que proponernos el modelo de la bestia rubia, nos narra su derrota y, en consecuencia, su negación. ¿Cómo podría ser negada por otros si ella no contuviera ya en sí misma la posibilidad de negarse?

De suerte que la afirmación y la negación de sí, parecen ser concomitantes en el pensamiento nietzscheano. Y es que el principio constitutivo de lo real: la voluntad de poder,[Nota 14] contiene lo negativo, como un instrumento de su afirmación suprema. En efecto, si. tomamos en cuenta que el poder no es en la voluntad algo a alcanzar, sino algo intrínseco,[Nota 15] advertiremos que lo querido por ella no es otra cosa sino la afirmación o el goce de sí.

Y, el placer -dice Nietzsche-

quiere profunda, profunda eternidad.[Nota 16]

Sólo que la eternidad implica lo trasindividual y por ello la voluntad de poder quiere negarse para afirmarse a sí misma en el todo. En este sentido, junto con Paul Valadier podemos decir que la voluntad de poder culmina en el deseo de eternidad; ella es, entonces,

voluntad de perderse a sí misma para asentir (a lo eterno). [Nota 17]

En realidad, no podría ser de otro modo en una filosofía que constantemente habla del juego y la danza y que ---en todo momento- se nutre.de una visión trágica de la existencia. Visión que -corno afirma Fernando Savater- tiene su centro referencia en la tensión, [Nota 18] y --según lo muestra la obra de Nietzsche dedicada a este tema surge ahí donde se efectúa un vuelco, una inversión, En El nacimiento de la tragedia, leemos que la relación Apolo-Dionisos surgió gracias al trastocamiento de la sentencia dionisíaca de Silenio, a saber:

Lo mejor (para el hombre) es no haber nacido, no ser, ser nada.

Y lo mejor en segundo lugar es morir pronto. [Nota 19]

Para hacer frente a tal pesimismo, los griegos crearon los dioses de¡ olimpo: desarrollaron el instinto apolíneo de belleza que poco a poco hizo posible un "orden divino de la alegría". Del espanto surgió lo bello, igual ue de los arbustos espinosos --dice Nietzsche- brotan las rosas.[Nota 20] Así, el saber dionisíaco sufrió un vuelco definitivo: la existencia se tornó a tal grado apetecible que lo peor para un griego no fue ya el haber nacido, sino

... morir pronto, y en segundo lugar llegar a morir alguna vez.[Nota 21]

De esta inversión surgió el juego dinámico entre lo apolíneo y lo dionisíaco, un juego en el que lo decisivo es la tensión mantenida por ambos dioses; la metamorfosis efectuada en el ir y venir de la afirmación y la negación de sí..

¿Dónde se origina entonces la ética? Con base en una visión trágica, quizá pueda decirse que ella emerge ahí donde hay tensión, donde al mismo tiempo que somos creativos, juzgamos según la fuerza o la debilidad, y ahí donde al aceptar los criterios supremos de los bueno y lo, malo, somos capaces de inventar nuevos valores. Pues,

símbolos son todos los nombres del bien y el mal -afirma Nietzsche-; no declaran, sólo hacen señas.[Nota 22]

La ética nietzscheana parece surgir cuando al ser reflexivos tendemos a la espontaneidad y viceversa; ella parece brotar en el momento que hacemos don de nosotros mismos y somos capaces de crear vínculos con los hombres, sin olvidar que la crueldad y la violencia forman parte de la vida.

La novedad que pretende entregarnos Nietzsche con su ética noble no reside, entonces, ni en el Zaratustra ni en la bestia rubia, sino en la inversión constante de ambas figuras, en la posibilidad de danzar entre una y otra yjugar --- en definitiva- con la libertad y la necesidad. De este modo, nos acercamos quizá a la moral del superhombre y comprendemos que el futuro anhelado por Zaratustra está ahí donde

... todo devenir parece ser un baile de dioses (...) un eterno huir de sí mismos y volver a buscarse a sí mismos de muchos dioses, como un bienaventurado contradecirse, oirse de nuevo, relacionarse de nuevo de muchos dioses. Ahí donde la necesidad es la libertad misma, que juega bienaventuradamente con el aguijón de la libertad ... [Nota 23]

Epílogo

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