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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1989

Segundo Discurso


Es bueno, Señor, que sepáis lo que se os debe, a fin de que no pretendáis exigir de los hombres lo que no os es debido. Sería esto, en efecto, una evidente injusticia, y es, sin embargo, muy común a los de vuestra condición, porque ignoran la naturaleza de la misma.

Hay en el mundo dos especies dé grandezas, y que son las grandezas de constitución y las grandezas naturales. Las grandezas de constitución dependen de la voluntad de los hombres, que han creído con razón deber honrar ciertos estados y rodearlos de ciertos respetos, y de este género son las dignidades y la nobleza. En un país se honra a los nobles y en otro a los villanos; en éste a los mayores y en aquél a los menores, ¿Por qué así? Pues porque así lo han decidido los hombres. La situación era indiferente antes de la constitución, y después de la constitución deviene justa, porque es injusta su alteración.

Las grandezas naturales son aquellas que son independientes de la fantasía de los hombres, porque consisten en las cualidades reales y efectivas del alma o del cuerpo, y tales que toman la una o el otro más estimable, como las ciencias, la luz del espíritu, la virtud, la salud, la fuerza.

Algo debemos a la una y a la otra de estas grandezas; pero como son de una naturaleza diferente, debémosles también respetos diferentes.

A las grandezas de constitución debémosles respetos de constitución, es decir ciertas ceremonias exteriores que deben ser, sin embargo acompañadas, según la razón, de un reconocimiento interior de la justicia de este orden, sin que por ello nos hagan concebir alguna cualidad real en aquellos que de este modo honramos. A los reyes hay que hablarles de rodillas, y estar de pie en la sala de los príncipes, y sería una necedad y una bajeza de espíritu el rehusarles estos deberes.

Mas en lo que ve a los respetos naturales que consisten en la estimación, no los debemos sino a las grandezas naturales, y debemos al contrario desprecio y aversión a las cualidades contrarias a aquellas grandezas naturales. No hace falta que, por ser vos duque, os tenga en estima; lo único que hace falta es que os salude. Si sois duque y hombre de bien, cumpliré con lo que debo a una y otra cualidad. No os escatimaré las ceremonias que merece vuestra calidad de duque, ni la estima que merece la de hombre de bien. Mas si fuereis duque sin ser hombre de bien, os haré aún justicia, porque al par que me descargo de los deberes exteriores que la institución humana ha vinculado a vuestra cuna, no dejaré de tener por vos el desprecio interior que merece la bajeza de vuestro espíritu.

He ahí en qué consiste la justicia de estos deberes. Y la injusticia consiste en rendir los respetos naturales a las grandezas convencionales, o en exigir los respetos convencionales para las grandezas naturales. Si el señor X quiere pasar antes que yo, por ser un geómetra mayor que yo, le diré que de todo esto no entiende nada. La geometría es una grandeza natural que demanda por ello una preferencia estimativa, pero los hombres no le han atribuido ninguna preferencia exterior. Pasaré, pues, antes de él, y lo estimaré más que a mí mismo en su condición de geómetra. Pues de modo semejante, si siendo duque y par no os contentarais con que me tenga descubierto en vuestra presencia, sino que quisierais aún que os estimara, os rogaría yo que me mostrarais las cualidades acreedoras a mi estima. Si lo hiciereis, tendréis la luego, ya que en justicia no podría rehusárosla. Mas si no lo hiciereis, no podréis demandármelo en justicia, y ciertamente no lo obtendréis, así fueseis el mayor príncipe del mundo.


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