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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1989

ANTOLOGÍA DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE LA CIUDAD DE MÉXICO

Author: Eduardo Milán


Antología del Festival Internacional de Poesía de la Ciudad de México, México, El tucán de Virginia, 1988.

A finales de 1988 sigue el debate de si la poesía es aquello que produce el encuentro silencioso entre unos ojos y un texto o si, por el contrario, es materia en voz alta, palabra en el tiempo, música conceptual para oídos atentos. Tengo presentes dos ejemplos de poesía para el público, de lírica dicha o declamada: la voz tronante de Maiacovski cayendo sobre las multitudes moscovitas y las denuncias épico-operáticas de los beatniks de San Francisco sobre la pasividad del flower-power. En ambos casos tales manifestaciones tenían un sentido común: eran manifestaciones al aire libre, donde la palabra poética cumplía un fundamento de palabra en la calle, de circulación de la lírica fuera de los compartimentos rituales y canónicos. Música fuera de la corte, lejos del príncipe y sus consejeros del lobo. Era un simulacro de poesía viva, de acercamiento entre arte y vida, de ruptura de los diques de contención que separan la estética del hombre cotidiano. Y eso estaba bien. Porque un festival o un recital de poesía debe tener un signo claro: debe ser un espectáculo y, si es un espectáculo comprometido con el público, debe ser un espectáculo transgresor.

El planteo puede ser pertinente o no serlo. Pero si recordamos que durante el Primer Festival de Poesía de Morelia, el beatnik Allen Ginsberg dedicó su lectura a una serie de campesinos que hacían plantón cerca del recinto poético, alguna que otra razón habrá. Ginsberg, al tocarle su turno dijo: "dedico mi lectura a esos campesinos que están ahí afuera y que, aunque no sé porqué están, seguramente tienen razón". Porque un festival de poesía es eso: un espectáculo, y un espectáculo que debería estar al alcance de todos. Aún para aquéllos que hacen plantón por cualquier motivo y que seguramente tienen razón. Recitales de poesía (o festivales) para media docena de elegidos no son festivales o recitales: son ejercicios de narcisismo que caen como hechos a la medida en estos momentos históricos a-utópicos y de completo vacío ideológico y moral.

Y cuando termina el espectáculo cortesano queda, merecido regalo para editores y poetas, el libro. Espectáculo aparte o espectáculo después, la Antología del Festival Internacional de Poesía de México 1987 se convierte en una antología de poesía mundial. Y bastante pobre por cierto. El libro incluye, además de los poemas, un portafolio fotográfico de los poetas: poetas que jamás, por razones ideológicas o estéticas, aceptarían posar juntos, ahí están retratados como sorprendidos por la cámara en un momento de distracción de su tarea cáustica, órfica o proteica. Por ahí aparece también el organizador del festival, retratado junto a sus hijas sin más propósito que dejar un testimonio familiar de un evento que no - tiene más interés que la reunión de cuatro o cinco amigos en un olimpo kitsch y, para colmo, latinoamericano. Porque el libro, como antología poética, como visión de la poesía mundial es pobre. Excepciones: entre los maduros: Enrique Molina, Roberto Juarroz, Octavio Paz, Alvaro Mutis, Michael Hamburguer, Blanca Varela; entre los de mediana edad: Severo Sarcluy; entre los jóvenes: Aurelio Asiain y David Huerta. No son muchos, si se toma en cuenta que el número de antologados es de 39 poetas. Pero son poquísimos como síntesis de lo que es la actual poesía del mundo.

¿Qué razón puede haber para editar un libro de ese tenor? Difícil saber. Pero, sin ninguna duda, no una razón específicamente poética.

EDUARDO MILAN


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