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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1989

1.Historia y metahistoria


Algunos especialistas conocidos (Ranke, Fisher, Pirenne) han establecido que una historia particular se refiere a un espacio acotado de la experiencia humana (personaje, época, costumbres) que se verificó en el pasado; no tiene la pretensión de ofrecer un significado general o comprensivo; a lo sumo proporciona un relato interesante o una moraleja bien definida. Ciertamente, la sumatoria de historias particulares puede abrir cauce a una historia universal (del mundo, de una cultura); pero el significado último del ejercicio seguirá siendo empírico, con discretas implicaciones para la existencia presente. El historiador renuncia de antemano a los papeles de profeta, moralizador o ideólogo; si epígonos o futuras generaciones entusiastas le procuran esta fisonomía no es de su directa responsabilidad.

El caso de la metahistoria y de sus cultivadores es absolutamente distinto. Tenía razones A- Bullock al observar que esta estructura cognitiva rivaliza con la "verdadera" historia y conviene alejarse de ella.[Nota 1] ¿Cuáles son sus caracteres y porqué ejerce un, encanto -y encantamiento- especial en el público politizado y entre intelectuales que suelen mirar con tedio a la pormenorizada monografía histórica?

Uno es la globalidad, es decir, la formulación de leyes suficientes o necesarias --que permiten interpretar el curso universal de hechos y culturas con un paradigma breve y económico, forjado con algunas sentencias y relaciones. La metahistoria nos obsequia una sensación de omnipotencia: todo es comprensible, llano, sin vericuetos ni sutilezas. Omnipotencia que nos pone a salvo, por impertinente, M hallazgo singular, del dato imprevisto que tuerce el esquema aceptado a priori.

Otro carácter de la metahistoria es la facultad profética. No digo predictiva pues este adjetivo entraña un eslabonamiento causal riguroso, en tanto que la profecía está a mitad de camino entre el dato revelador y la adivinanza hechizante, apenas aclarada. La profecía adquiere verdad por un artilugio semántico: porque es dicha: no debe ser probada.[Nota 2] De aquí que el señalamiento metahistórico se dirige, con gravedad, al futuro: orienta y alecciona.

Sigue el tercer rasgo: la metahistoria desborda el archivo, el gabinete, las fichas cuidadosamente ordenadas por personajes, periodos o tendencias. Llega a las tribunas y al discurso como una doctrina moralmente superior; pues no se conduce como una ideología para las masas (aunque éstas puedan banalizarla); la metahistoria demanda señuda comprensión y exposición. Es materia de exégesis con ejemplos selectivos tomados de la humilde historia.

La Biblia, San Agustín, Vico, Voltaire, Comte, Spengler, Toynbee propusieron metahistorias con esta triple intención. Desatienden la crónica, la búsqueda detectivesca del historiador, y el juicio provisional. Prefieren la generalización sentenciosa, el juego con metáforas, el remanso donde la narración, la literatura y la mística convergen.

Repárese: las metahistorias desempeñan indispensable papel. Aportan color y metáforas a las estaciones de la cultura; confieren significado trascendente a acumulaciones y secuencias de hechos; unen las dimensiones sacras, profanas y cotidianas de la humana experiencia en un haz; brindan al discurso público retazos de la memoria colectiva; y proporcionan guías y signos en la desolación social y en las reconstrucciones esperanzadas.


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