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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1989

3.La metahistoria marxista: la versión crítica


Trataré de finalizar el examen de las propiedades de este sistema. Algunos comprobarán por este camino su fecundidad teórica; y otros, su estatura mística.

Primero, la postulación de leyes. La adyacencia entre fuerzas de producción y relaciones de producción aparejaría un ritmo histórico. Cuando el maridaje es bueno, el periodo (o la cultura) está exenta de sobresaltos; pero al sobrevivir la pugna, despunta una revolución social. Dicho de otra manera, no sólo las clases y las ideas sino la misma ley están sometidas a la dialéctica. Y la ley histórica tiene categoría epistemológica semejante a la de la física (influencia de Comte), es decir, es necesario; nadie ni nada puede alterarla. Esta postulación de la ley necesaria es la médula del determinismo histórico, que se ramifica en cuatro premisas básicas: a) la historia se rige por leyes; b) los factores económicos son determinantes M ritmo y de la dirección de la historia; c) los procesos históricos son lógica y estructuralmente necesarios; d) el conocimiento de las leyes permite prever el futuro, al menos el inmediato.

Segundo, la historia es una secuencia de acumulaciones y conflictos provocados por la acción y la arritmia de las fuerzas de producción y de las relaciones de producción. Pero esta secuencia no es lineal; no es mera duración en el tiempo que carece de estaciones y de un término concreto, ni es tampoco circular al modo de un "eterno retorno". La trayectoria histórica es una espiral, hecha de ascendentes acumulaciones fricciones. La historia progresa (la fe comtiana) pero con paros y arranques, conforme a las cuatro premisas enunciadas previamente.

Tercero, si la historia, que se despliega a manera de espiral, tiene una última estación, un telos que justifica sus accidentes y demencias, ¿cuál es? La metahistoria marxista secularizó la fantasía apocalíptica. Marcha necesariamente, merced a leyes estructurales, hacia un propósito trascendente -el socialismo- que acaba con la enajenación humana e inicia un nuevo Período (con mayúscula). El telos fundamenta retrospectivamente, y por su calidad, el camino andado, los periodos finalizados. Pero en contraste con el brete apocalíptico o la floración mesiánica, la metahistoria marxista presenta un cuadro científico --experimental de la última etapa histórica, y moviliza a los hombres a obtenerlo en nombre de una moral superior.

Finalmente, todos estos postulados conforman una metafísica que Plejanov denominó "materialismo dialéctico", para contrastarla con el idealismo hegeliano. El acento de Marx en las fuerzas y en las relaciones de producción fue interpretado por sus epígonos como la "materia" que da forma y sustancia a la naturaleza y a la historia.

La metafísica es materialista en un sentido también particular. Las necesidades primarias (hambre, sexo, escasez) gobiernan a la conducta individual, mientras que factores económico-sociales animan a las ruedas del colectivo. Unas y otras son "materia". Por tanto, la metahistoria es un caso especial del materialismo dialéctico, y éste se articula en una metafísica "de lo concreto" que privilegia a los imperativos primarios de la existencia natural y humana.


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