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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1989

5.La legitimidad intelectual de la metahistoria marxista


Después de presentar brevemente las premisas de la interpretación dialéctica de la historia, creo que tengo fundamentos para establecer que esta metahistoria posee una riqueza epistemológica ponderable a pesar de que fue dilapidada vergonzosamente en regímenes que dijeron representarla. Más todavía: esta metafísica de telos humanista justificó actos de violencia y asesinato al tiempo que la rebajó a niveles triviales en el discurso y en la reflexión.

Pero su legitimación cognitiva es reversible. Involucra varias condiciones. Una de ellas es la libertad intelectual, prenda de la que gozó el propio Marx al establecer su estancia en 1851, en Londres, hasta su muerte (1883). Como esta condición no cristaliza en regímenes totalitarios o dogmáticos (pueden ser países enteros o universidades de naciones democráticas), la reivindicación de Marx sólo puede ocurrir, por la astucia de las paradojas, en países capitalistas avanzados y en centros de estudio que toleran el fluido canje de ideas. No es casualidad que las corrientes neomarxistas (Gramsci, Adorno, Marcuse, Frömm) florecieran en sociedades abiertas o en una prisión (como las ideas del italiano menudo y genial) a salvo del terrorismo estalinista.

La segunda condición es el replanteo de las categorías que componen a la metahistoria. Ya se insinuó que ciencia y arte han dejado de ser "superestructuras" debido a la utilidad tecnológica de la primera y a la masificación comercial de la segunda. El paradigma debe entonces rectificarse.

La tercera condición es atenuar en la metafísica marxista el cientificismo comtiano y la fe inquebrantable en el progreso industrial. Wittgenstein, Popper, los estudios del Club de Roma: éstos debieran ser los correctores del optimismo y de la epistemología ingenuos de Marx.

Y en fin, el mesianismo social de Marx debe absorber mayor ecuanimidad. La historia carece de una estación terminal discernible, a menos que algunos hombres, ajenos a todo conflicto de clases, decidan ponerle fin con la tecnología apocalíptico que tienen en sus manos. Si este mesianismo se relaja o atenúa, entonces la violencia autoritaria que en buena medida engendró se tornará prescindible y contraproducente. Y con más libertad y menos violencia se parirá una certera historiografía, más fiel a la disciplina científica y a la aventura humana.


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