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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1989

f) El Conde De Reus y la intervención española en México


Si bien los dos temas parecen ir juntos, recordemos que a finales de 1858, en pleno senado español, el general Juan Prim y Prats había tomado la defensa de México y se había opuesto a todo tipo de intervención en él. Había entonces argüido que dominaba en España una ignorancia total tanto respecto de nuestro país como de la cuestión mexicana. Insistió en que antes de emprenderla en contra de él se estudiase el asunto y se actuase con justicia. Prim se mostró contundente y altivo, y tanto su actitud como la defensa que emprendió de México molestaron a la casi totalidad de los españoles. La América también se manifestó indignada y publicó varios artículos, de distintos colaboradores, que se sentían azorados ante el desplante del general y la osadía de defender una causa perdida. Para todos ellos "el general Prim había dado una gran caída parlamentaria".[Nota 30]

En cambio, para 1861 el nombramiento del mismo general como ministro plenipotenciario y jefe de las tropas armadas españolas les pareció acertado. Evidentemente había habido un cambio de actitud en La América, en lo referente a la intervención en México. Así como al principio la habíamos visto agresiva e incomprensiva hacia México, ahora se pedía y' se esperaba del Conde de Reus una política prudente y conciliadora. La revista se había ido radicalizando, creemos nosotros, y había tomado como banderas- la libertad, la democracia y la no-intervención. Empezaban a darse cuenta de que una parte del pueblo mexicano tenía razón en su lucha y que había que ayudarle a salir adelante con su Proyecto.

Por ello, Fernández Cuesta escribía:

Estamos seguros de que el general que manda nuestras tropas no permitirá ni que éstas hagan mal papel ni que sirvan de instrumento para imponer a los mexicanos una forma de gobierno que rechacen. El partido liberal nos ha hecho agravios en Méjico, pero preferiríamos perdonárselos a hacernos instrumentos del partido reaccionario que nos ha ofendido también y que establecerá una tiranía insoportable, cuya responsabilidad sería nuestra.[Nota 31]

Para Olavarría, secretario de la redacción, "las intervenciones habían sido siempre funestas para los gobiernos que las han realizado", por lo que insistía en que "España podía tener una influencia omnímoda en América, pero no por ese camino cubierto de abismo, erizado de escollos"., Hizo hincapié por lo tanto en el ideal de los fundadores de la revista: "Nosotros debemos pretender una gran influencia en América, pero científica, moral y no material, y de fuerza. Esta es la verdadera política española, lo demás sería. nuestra ruina y nuestra deshonra".[Nota 32]

El general Prim era ahora el responsable de la actitud de esta España liberal cerca del México constitucionalista, y los redactores de La América, en general, tenían puestos los ojos en él. Su misión podía cambiar la historia reciente entre los dos países, y así parecía intuirlo uno de los editoriales firmado con una "A".

Ese odio, no lo duden los mejicanos, ese odio conque hoy se nos distingue, ha de trocarse bien pronto en sincera simpatía y noble afecto. España, la patria de sus padres, siempre fue magnánima y generosa, y en los sucesos que tan abocados están han de abrazarse aún al pendón de Castilla que con tanta gloria levantará por aquellas regiones el bizarro general Prim, como único centro de grandes esperanzas, como único baluarte de sus libertades.[Nota 33]

En el análisis que hemos presentado queda plasmada la visión que tenía la mayoría de la opinión pública española sobre el México decimonónico. No cabe duda de que había respecto de él una gran ignorancia y poca simpatía, y lo que es más grave aún, escaso interés en conocerlo mejor. Por ello, la aparición de una revista como La América fue un hecho importante para el acercamiento no sólo entre España y México, sino entre la exmetrópoli y sus antiguas colonias. Si bien en un principio esta revista se mostró poco comprensiva hacia la "cuestión mexicana" vimos cómo su actitud fue cambiando a medida que ella misma fue asumiendo ideas más liberales y democráticas, hasta mostrarse contraria a la intervención en nuestro país. Es interesante, además, recalcar que la postura crítica que fue tomando contra el intervencionismo fue paralela a la actitud antigobiernista que la fue poco a poco definiendo. Hizo hincapié en la necesidad que tenía España de arreglar sus cuestiones internas y lo absurdo que era arriesgarse en empresas que más que servirle a ella interesaban al emperador francés. Este problema de la intervención en nuestro país y la problemática interna española quedaron bien plasmados en una simpática cita del editorialista Fernández Cuesta que, como hemos visto a lo largo de este ensayo, fue uno de los colaboradores de La América que más comprensivo y liberal se mostró respecto a la "cuestión mexicana":

Los tres médicos que van ahora a curar los males de Méjico son de lo más calificado que hay en la facultad europea; tres médicos son los que se llama generalmente para toda consulta, después de lo cual lo más natural, o lo que ocurre más comúnmente es que se muere el enfermo. Pero en este caso hay una esperanza de que cure, porque uno de los doctores se halla atacado de un mal muy parecido y conoce por sí todos los síntomas, indicaciones y contraindicaciones que presenta la dolencia. Este doctor puede decir como Dido: Non ignaro mali, miseris subcurrere disco (conocedora del mal, aprendo a socorrer a los necesitados).

Si bien los mejicanos le podrían contestar con el refrán español: Médico, cúrate a tí mismo.[Nota 34]


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