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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1989

Datos sobre La América


La América cuyo subtítulo era Crónica Hispano-Americana, fue una revista quincenal -se publicaba los días 8 y 24 de cada mes- que se editó en Madrid a partir de marzo de 1857.[Nota 2] Su director y propietario, Eduardo Asquerino, comentaba, al celebrar el tercer aniversario de su aparición, que siempre había encontrado a faltar en España un periódico que se preocupase de las cuestiones de "ambos mundo" y que los periódicos que se publicaban en París al respecto no cubrían, según él, los requisitos, por partir de tierra extranjera; por todo ello, se había decidido a editar una revista que "alcanzase preponderancia tanto en España como en América y echase los fundamentos que en tiempos más o menos remotos uniría a toda la familia que se encontraba apartada en aquel momento por los mares y las discordias intestina". Así, la idea fundamental de La América era "estrechar y robustecer los lazos de unas naciones que siendo hasta hace poco hermanas en lo político, lo son hoy y serán siempre hermanas por la lengua, por la religión y por las costumbres".[Nota 3]

Esta idea de vincular a la América española con su antigua metrópoli está plasmada no sólo en el título de la revista, sino también en el grabado que encabeza la primera página de cada ejemplar. Representa a Cristobal Colón, de pie, que mira dulcemente a una india sentada; ambos están resguardados por un angel que lleva una antorcha; detrás, las famosas columnas con la leyenda Plus Ultra; él todo rodeado de instrumentos de navegación, carabelas, armas militares, rollos de pergamino, libros, etc., para enfatizar todo lo que había significado el descubrimiento de América. La revista es de gran formato y cada número consta de quince a veinte páginas. Los temas abordados son muy variados pues hay editoriales políticos, ensayos económicos, sociales y culturales, datos estadísticos, descripciones de viajes, reproducción de muchos discursos pronunciados en el Ateneo Científico y Literario de Madrid -con el que ideológicamente estaba muy vinculado-, una gran cantidad de poemas y cuentos, y desde luego no faltan las novelas y dramas por entregas. Cuenta también con una amplia sección de noticias extranjeras y de ultramar, comentadas por los corresponsales. Algo que llama la atención es que no hay un solo anuncio comercial, lo que hace ensar que seguramente tenía un subsidio considerable. Tal parece que tuvo una muy buena acogida, y por ello bastantes suscriptores, tanto en España como en América.

La revista contaba con un sinnúmero de colaboradores y los nombres de los principales aparecen también en la primera página de cada ejemplar. Muchos de ellos, que entonces eran jóvenes y poco conocidos, ahora son nombres altisonantes en la historia de España: Emilio Castelar, Francisco M Y Margall, Antonio Cánovas del Castillo, Cristino Marcos, Francisco de P. Canalejas, Pascual Madoz, Nicolás Rivero y Salustiano Olózaga. En el aspecto cultural encontramos a Ramón de Campoamor, Juan Valera, Pedro Antonio de Alarcón, Manuel Bretón de los Herreros, Víctor Balaguer y Modesto Lafuente. Aunque en menor cantidad, también había colaboradores hispanoamericanos tales como Juan Bautista Alberdi, José Ma. Samper y Guillermo Mata; no habla ningún mexicano, lo que desde luego nos llamó la atención. De vez en cuando contaban con uno o dos colaboradores extranjeros, el más frecuente era Victor Hugo.

Ideológicamente es imposible puntualizar la postura de La América pues eran tantos sus articulistas que difícilmente estarían todos de acuerdo. Desde luego, no era ni un periódico de partido ni tampoco ministerial. En general eran liberales todos, aunque los había unos más radicales que otros. No encontramos a un libre pensador o ateo, todos coincidían en que la "Providencia velaba por España"; en que ésta emprendía el camino de la prosperidad y del progreso, por lo que se enganchaba "al espíritu del siglo" término muy decimonónico. Coincidían, con algunas disenciones, en que el gobierno de Leopoldo O'Donnell era tolerante, que había puesto un alto en la marcha retrógrada "que nos llevaba al precipicio"[Nota 4] y que gracias a él España volvía a ser una potencia considerable, ya que dirigía una política exterior activa. Muchos de ellos apoyaban la unión con Portugal para conformar un sólo país ibérico. Algunos eran demócratas y la mayoría creía en el libre cambio como esencia de las relaciones humanas y de la libertad. Admiraban a la Gran Bretaña, con algunas raras excepciones, tanto por su sistema constitucional como por su estabilidad y principios comerciales. Renegaban del emperador francés, por advenedizo y antiliberal, y estaban en contra del colaboracionismo con la política francesa. En cuanto a Europa, apoyaban la unión alemana e italiana e insistían en la importancia de la neutralidad española. Al unísono defendían la política africana de O'Donnell ya que no la consideraban como una intervención sino como la ocupación de un territorio y el rescate de la "barbarie" de un pueblo que desde tiempos de Isabel la Católica tendría que haber sido español. No era pues, según ellos, un problema de colonialismo, sino una cuestión de "honor" y de civilización.

Por los datos arriba consignados vemos que La América se publicó en la época conocida en la historia de España como la del moderantismo (1845-1868) y más específicamente en su etapa unionista. Recordemos que en julio de 1856 se dio por terminado el "bienio progresista" en el que colaboraron el general progresista Baldomero Espartero y el moderado Leopoldo O'Donnell, quien fundó entonces el partido de la Unión Liberal, mismo que como su nombre lo indica trató de aglutinar a las fuerzas liberales para darles cohesión. Aquel bienio se caracterizó por un intento de llevar a cabo un proyecto liberal y progresista que cambiase la marcha de España; así, se ampliaron las bases electorales, se dieron las leyes de crédito y de ferrocarriles, y se implementó una nueva ley de desamortización. La sociedad española no estaba aún preparada para tal apertura y el bienio terminó, como dijimos, en 1856. El modernismo volvió al poder, primero con el general Ramón Narvaez y luego, a partir de 1858 hasta 1863, con O'Donnell a la cabeza. La Unión Liberal se mantuvo en el poder ininterrumpidamente hasta la caída de Isabel II en 1868, y en los años ya mencionados se consiguió una cierta estabilidad política al intentar llevar adelante el programa de conciliación liberal. Gracias a las leyes progresistas del bienio anterior se dio un considerable empuje a la economía, lo que repercutió en un indudable progreso económico. Esto, aunado a una política exterior activa e intervencionista, dio la impresión de que el poder e influencia de España renacían.[Nota 5] Nelson Durán, especialista en esta época, nos dice que la Unión Liberal fue un partido ecléctico, que no trató de establecer criterios inmutables, que fue más bien pragmático, aunque se le tildó muchas veces de oportunista, y que no cabe duda de que implementó en España el gobierno más duradero y estable desde la caída del Antiguo Régimen.[Nota 6]


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