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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1989

Anónimo


Como señalaba, esta novela presentiza, en el encuentro y la reconciliación de los opuestos, la recuperación de la Totalidad.

Anónimo es la historia de una transmigración. El sutil Raúl Estrada, fallecido, ha reencarnado en el cuerpo del crustáceo Rubén Rentería. Estrada es (era) periodista; Rentería, empleado de la banca. El móvil Estrada quería, pero no lo sabía, vivir; el estático Rentería comienza la vida olvidada cuando a su mesa de trabajo en el banco llegan, periódicamente, anónimos que dicen "¡cuidado!" No sólo él, sino muchos de sus compañeros reciben tales anónimos que acabarán materializando la muerte de algunos y harán, al fin, que Rentería escriba en su diario:

Y yo subo a mi recámara y abro la ventana y le pido a Dios que me saque de aquí, de este mundo horripilante, porque por mi propia mano no me atrevo. Aunque a últimas fechas ya ni eso hago y simplemente miro la noche sin pensar en nada, y a veces hasta olvido mirar la noche y subo y me acuesto y me quedo dormido enseguida, o no duermo y estoy nomás así, padre, con los ojos abiertos o cerrados, nomás así, como si nada...

Como, indirectamente, responde Estrada desde mucho antes: "Habito este cuerpo, porque estaba vacío..."

Y la novela empieza cuando Estrada amanece habitando otro cuerpo, el de Rentería, muy lejos aún de saber que ese cuerpo estaba vacío. Porque la novela se compone del relato de un hombre que acaba de fallecer y habita el cuerpo de otro, obligado a convivir con la esposa y los amigos de ese otro y el diario del otro, en capítulos alternativos que Solares distingue, eficazmente, mediante el empleo de tipos de imprenta diferentes. Avanzado el libro, se produce el encuentro de ambos personajes, encuentro que sólo concientizan el narrador y el lector; pero cuenta Renteria el banquero:

Caminé unos pasos y sentí que la cabeza me daba vueltas. La boca me sabía a cobre. Me desvanecí. Al tomar conciencia estaba en el suelo, con un fuerte dolor en el brazo y frente a mí un hombre que trataba de ayudarme. Con dificultad me puse de pie. La angustia se había ido pero me dejó en el desconcierto. Me recargué en la pared y respiré hondo. El hombre ofreció acompañarme y caminamos juntos dos cuadras, hasta que me sentí mejor. En aquella oscuridad apenas si distinguí sus facciones, pero recuerdo su voz, muy dulce. Me habló de tornar las cosas con calina, seguro era un problema nervioso, a él le sucedía con frecuencia porque era periodista y vivía en una constante agitación. Al despedirnos apretó mi mano entre las suyas, con verdadero calor, y me dijo cuídese.

Naturalmente, Estrada no era el autor de los anónimos. Y, de hecho, tenían que cuidarse el uno del otro o, para ser exacto, el uno para el otro; el otro para el uno. Porque "ahora que no era yo, podía averiguar quién era yo y, claro, podía averiguar quién era el otro". 0 bien: "...y si despierto ahora volveré a ser yo.... o el otro, pero sintiendo que soy yo, lo que terminaría con la dualidad."

Lo que habrá de concluir con la conversión de Raúl Estrada, cuya alma habita el cuerpo de Rubén Rentería, en Raúl Rentería con la convicción de que "hay que morirse para reconocer cuánto se contagia la vida", y de que "mi libertad puede ser falsa, pero es lo único que tengo".

Y es que Anónimo es una novela que tiene como eje la condición humana. Así, experimentamos la limitación radical que somos, pues el otro existe y aún antes de encontrarlo fuera estaba con nosotros, pero para percatarnos de su presencia aquí era necesario que estuviera allá, chocar con él y, reducidos a la soledad, vivir el horror, la tentación, pero también quizá el goce, del desvanecimiento del yo en la aparición del otro y de los otros. Entonces "muero porque no muero". Se disuelve la dualidad y la identidad retorna: el hombre se recupera; reencuentra la unidad perdida en la donación y el reconocimiento.

Experiencia poética fincada en la lucha de los opuestos y, al mismo tiempo, profundamente cristiana, tenía que resolverse en escritura, esto es, texto u objeto que una vez recorrido reclama la contemplación. Pues mueve a la comunicación, Anónimo es también una plegaria. Después de todo, el banquero Rentería y el periodista Estrada están dentro de cada uno de nosotros en ese orden o en su opuesto, como Ulises parte de Itaca tan sólo para lidiar a muerte la vida, tan sólo para regresar a Itaca yjunto a la fiel Penélope inaugurar el goce del tiempo perdido y, por la contemplación, recuperado.

Toda la novela no es sino la lenta e implacable disolución del mal. Raúl Rentería enviará una copia del relato de Martha, esposa de Estrada, a Lucía, esposa de Rubén. Porque encontrada la otredad fundamental que nos constituye, todos somos hermanos. La dialéctica no puede llegar más lejos. El final es el silencio animado.


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