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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1989

La fórmula de la inmortalidad


Pero si el grano no muere... Y La fórmula de la inmortalidad, historia donde el tiempo sólo aparencialmente corre, donde la muerte parasita el relato para cobrar sentido gracias a la vida, es novela que se inicia con la muerte del padre, del personaje fuerte cuya presencia cubre la de los otros, vivos, que viven entonces más que nunca a su vera, que viven más su muerte que su vida y viéndola renacen a la luz como el pan y la sangre del sacrificio; encierran, en la comunión, la eternidad.

No volví a hablar con mamá de eso. Y aunque a veces rezábamos juntos ya no nos dirigíamos a la foto de papá. Ni siquiera hablábamos demasiado de él, aunque en ciertos momentos los dos sabíamos que estaba ahí, a nuestro lado y que quizá bastaría hablarle -como hice yo en el cine- para que nos respondiera. Pero no volví a atreverme. Y creo que a mamá debe de haberle sucedido algo parecido. Recuerdo una noche en que nos despertamos al mismo tiempo y los dos fuimos a la cocina a beber agua.

¿No puedes dormir? -preguntó sin mirarme a los ojos.

Me desperté de repente, no sé por qué.

Yo también me desperté de repente --dijo mientras bebía el agua.

Entonces supe que papá estaba ahí, a nuestro lado. Mi corazón latió con fuerza y el vaso tembló en mi mano.

He aquí esa espléndida fusión de realismo y sobrenaturalidad que propician la presencia del misterio, característica del mundo novelístico de Ignacio Solares. Y de la mano con ella, una multitiud de objetos que van cobrando vida a lo largo del relato: la mesa familiar, un misal forrado en piel, la banca del jardín de una casa de Tlalpan, una recámara de caoba... Recogidos en el interior de una casa, de una colonia, los personajes de Solares parecen siempre desconectados y, encerrados en sus objetos, suelen mirar un punto en el infinito, como aquella figura inolvidable de uno de sus primeros trabajos:


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