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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1989

Conclusión


Si la obra de Ignacio Solares gira en torno a dos ejes que marcan la contemporaneidad: por un lado la nostalgia para unos de un mundo que parece se ha ido para siempre y el vivir, para los demás, condenados a un presente, encerrados en un espacio carente de temporalidad; por el otro y a consecuencia de esto, un común sentimiento de orfandad. Todos somos, en más o en menos, como el niño Serafín que se busca a sí mismo en pos de una figura tan lejana y temible como necesaria, que ni siquiera sabe si existe. Este último sentimiento ahonda una vivencia nostálgica sin asideras, porque la añoranza del padre prefigura una más profunda que nos hermana a todos los hombres: la ausencia de Dios.

Literalmente, Solares trabaja sus novelas a la manera realista. De modo que nuestros sueños recónditos y entrañables se van fundiendo con nuestra cotidianeidad. El efecto de esta técnica provoca ternura y desazón, pues el autor tiene la virtud de dar vida a sus fantasmas y de un modo tal que el horror se va apoderando del lector. Entonces quisiera levantar una plegaria y cae en la cuenta de que nadie le oye. En este sentido, su literatura lo es de la crueldad.

Católico novelista, Ignacio Solares procuraría una subversión en el lector: el rechazo radical de una ética materialista que ha dejado a los hombres sin posibilidad de religarse.


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