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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1989

A la memoria de RAMÓN ZORRILLA


El reciente 7 de agosto murió el Maestro Ramón Zorrilla. Para el Departamento de Estudios Generales y para toda la comunidad ITAM su pérdida es muy dolorosa.

Nacido en Ciudad Victoria, Tamaulipas, el 31 de octubre de 1925, desde los 16 años, y casi ininterrumpidamente durante más de 30, ejerció el periodismo: reportero y redactor de El Universal, colaboró en la página editorial de ExcéIsior y también en Tiempo, Revista de América, La Gaceta del FCE, Visión, Uno más Uno, entre otras publicaciones.

Realizó estudios de Derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la UNAM, de Filosofía en la UIA (de la que en 1943 fue alumno fundador) y de posgrado en la Facultad de Filosofia y Letras de la UNAM y en Santander, España.

Fue discípulo de Gallegos Rocafull, alumno de Samuel Ramos y de José Gaos, y compañero de una generación de- mexicanos brillantes, como Luis Villoro, Alejandro Rossi, Ramón Xirau, Hugo Margain, entre muchos.

Antes de 1971, año en el que se integra al plantel de profesores del ITAM, había creado la cátedra de Periodismo en la carrera de Ciencias y Técnicas de la Información en la UIA o impartió en ésa diversos cursos de Filosofía.

En Estudios Generales su actividad fue invaluable, colaborando activamente en la elaboración de programas, en la reestructuración de materias y como permanente hombre de consulta. Amó la docencia; testimonio de ello son las demostraciones de afecto que hoy recibe su familia de parte de innumerables exalumnos.

Quienes tuvieron el privilegio de tratar a Ramón Zorilla, de su bonhomía habrán podido advertir dos cualidades sobresalientes y ejemplares: su gusto y entusiasmo por la conversación --que sabía llevar con fino humor, humildad y una lúcida intuición de los problemas contemporáneos, muy especialmente los de México- Y también un generoso espíritu de conciliación y tolerancia, que sólo puede brindar quien ha vivido intensamente para darse cuenta de las debilidades humanas, pero también, de la grandeza de cada individuo, cuya dignidad mereció siempre de su parte un respeto incondicional. Ramón tenía la virtud de hacer sentir a cada uno, antes que empleado, profesor o funcionano, persona.

Hace algunas semanas iniciamos los cursos de Problemas de la Civilización Contemporánea con la lectura de G. Gusdorf que le gustaba citan "Hay decía San Agustín, una alegría de la verdad, gaudium de veritate; es esta alegría la que, más alla de los paisajes, constituye el horizonte último del conocimiento de su autenticidad. La cultura es paciencia y trabajo, la cultura es ocio, la cultura es amistad; la cultura es la recompensa del espíritu alfin desatado y reconciliado en la fiesta gozosa de la verdad". Sin duda, Ramón ya encontró la paz en un diálogo gozoso con Dios.


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