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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1989

I. Introducción


Este trabajo es consecuencia de la discusión abierta por Rodolfo Vázquez en la primera línea de su trabajo "El problema moral del aborto", publicado en el No. 14 de la revista Estudios, correspondiente a otoño de 1988. Vázquez centra la discusión en una noción limitada de la persona y su implicación en un problema específico de esa ciencia práctica que es la moral: el aborto provocado. Para tal efecto, se propone dialogar con algunas ideas de Peter Singer, tomadas de su libro Practical Ethics, en representación del utilitarismo; algunas ideas del constructivista Carlos Nino, desprendidas, unas, de su libro Ética y Derechos Humanos, otras, del artículo "The Concept of Moral Person", publicado en la revista Crítica, 56, UNAM, 1987, pp. 47-72; y finalmente algunas ideas de Jacques Maritain derivadas de un artículo publicado en la Revista de Filosofía, UIA, 16 y 17 bajo el título "Hacia una idea Tomista de la Evolución".

Respecto de la moralidad sobre algunos casos de abortos provocados, Vázquez propone las siguientes opiniones (pp. 51 y 52), mediante las cuales pretende hacerlos pasar como moralmente buenos:

1. "A primera vista, el aborto terapéutico indirecto parece no requerir de mayor justificación moral si se acepta la teoría del doble efecto, es decir, cuando para salvar la vida de la mujer embarazada o preservar su integridad física se provoca, indirectamente, la expulsión del feto" (Véase la nota 16 del artículo de Vázquez).

2. "Por lo que hace al aborto terapéutico directo con el fin de salvar la vida de la mujer embarazada,- coincidimos con Nino en que se justifica la común convicción (?) de que el feto debe morir (matársele) si es condición necesaria para salvar la vida de aquélla". Sin dejar de reconocer que tanto la mujer embarazada como el feto son personas, Vázquez opina que al feto debe matársele en tales circunstancias "porque dada la dependencia del feto con su madre, el ejercicio de sus capacidades está muy limitado comparativamente con el de ella". Y según la opinión de Vázquez, "no aparece entonces conflicto de valores a nivel ontológico... El conflicto surge en el orden psicológico, entre el ejercicio actual de las capacidades del feto y el ejercicio actual de las capacidades de la mujer. Estas últimas tienen un desarrollo en acto y un campo de acción familiar (sólo familiar ?) que ciertamente no tienen las del feto" (los paréntesis son míos). No está por demás señalar aquí que cuando el ámbito de los valores psicológicos adquiere primacía sobre la ontología, la voluntad se desliza hacia algún tipo de totalitarismo.

3. Añade Vázquez: "Con respecto al aborto terapéutico para preservar la salud fisica y psíquica de la mujer embarazada, nos parece justificable si se practica antes de las ocho semanas de embarazo, cuando el feto es persona virtualmente."

4. En los casos en que se presuman en el embrión, por ejemplo, el síndrome de Down, parálisis cerebral o sida, "pensamos, opina Vázquez, que sejustifica el aborto, si se presumen dichas afecciones fisícas durante el período de las primeras ocho semanas de gestación".

5. "El aborto terapéutico se justifica moralmente, en cualquier período del embarazo, si por razones hereditarias o congénitas se descubre en el feto alguna malformación irreversible, imposible de compensar y se presume que su estado impedirá en el futuro alguna manifestación de autoconsciencia y libre decisión, por mínima que ésta sea. En estos casos, desde la teoría hilemórfica, pensamos, dice Vázquez, que la materia no ha alcanzado su disposición última para recibir el alma racional." En rigor, esta opinión justificaría moralmente también el infanticidio en estos casos, si bien a la ética médica le repugna arbitrar sobre la vida y la muerte con base en meras presunciones. Es evidente que a la medicina y su progreso les es más necesariamente conveniente estudiar estos casos que matarlos. Lo que hace pocos años era "imposible", ahora no lo es.

6. El aborto por violación, en la opinión de Vázquez, "se justifica moralmente si se practica antes de la octava semana, porque aun cuando el feto existe como persona virtualmente, no es razón para evitar la privación de su vida si la comparamos con el daño a la autonomía, dignidad e integridad fisica y psíquica de la mujer".

Y yo comento: si la violación sexual constituye una severísima disminución de las mujeres que la padecen, en su autonomía, dignidad e integridad fisica y psíquica, por el aborto libremente querido y practicado en tales casos, las mujeres, además, se vuelven agentes conscientes de nuevas y mayores disminuciones de los bienes que les son debidos en su moralidad, autonomía, dignidad e integridad física y psíquica, porque del acto brutal del violador se debe seguir, en todo caso, el castigo de éste y no, como opina Vázquez, la muerte provocada de la vida humana que, en tanto buena en sí misma, es efecto del acto de generación, y no de la degradación sexual del violador, ni de su inmoralidad.

Vázquez no justifica moralmente el aborto, en ninguna etapa de la vida embrionaria, en los siguientes casos:

1. El aborto socioeconómico (p. 53) y

2. El aborto por solicitud (idem), pero el aborto por violación se efectúa a petición de parte. Ahora bien, respecto de¡ aborto por solicitud, Vázquez opina que: "este caso nos parece totalmente injustificado porque no se contempla ningún bien moral en cuestión, o algún motivo que deba tomarse en consideración salvo el deseo de la mujer para realizarlo. Los deseos o preferencias, por sí mismos, no constituyen, a nuestrojuicio, razones suficientes para sacrificar un bien real como es, virtual o formal, la vida humana del feto." Pero, ¿acaso del aborto por violación se desprende un bien moral? Evidentemente no, pues se trata de la comisión de un crimen deliberadamente querido y solicitado por la madre del sujeto que va a ser muerto, sea por ella misma, sea por terceros. ¿Existe algún motivo suficiente para que de su consideración se determine la inteligencia por la comisión del aborto en tanto acción moralmente buena? El objetivo de este trabajo es demostrar que no es así, y que ante semejantes debilidades viene a colación aquello de que "en lo referente a la moral no parece que el vicio sea consecuencia de un defecto en la potencia, ya que tal debilidad más bien o totalmente quita o disminuya el pecado mortal. Pues la debilidad no merece el castigo de la culpa, sino más bien misericordia o perdón. ( ... ) El defecto será respecto de la razón, cuando la voluntad se lanza a un bien deleitable según los sentidos, siguiendo la súbita aprehensión sensible. Y respecto del bien debido, cuando la razón, pensando, descubre un cierto fin que no es bueno, sea en ese momento o de la manera como lo presenta, sin embargo, la voluntad tiende a él como si fuera su propio bien" (Santo Tomás, Suma contra los gentiles, L. III, Cap. X). Es decir, en los seis casos de aborto provocado que Vázquez pretendejustificar, existe deficiencia de razón.

No es extraño que las opiniones valorativas de Vázquez respecto del aborto provocado sean ambiguas cuando afirma, en contra de Nino y sus vacilaciones morales aplicadas al caso del aborto por violación, "que el nexo que une la moralidad y la obligación es un nexo necesario hasta el punto de que si un acto moral puede y debe realizarse y no se hace, se incurre en una falta moral de omisión" (p. 52); pero no afirma que si a la razón le repugna la comisión de un acto que puede y debe evitarse, y se comete, se incurre en un acto propio de una especie moralmente mala, como es la determinación de la voluntad por la comisión del aborto por violación y los otros casos practicados antes de la animación, la cual exige un acto libre de creación divina, y que Vázquez pretende situar, sin demostrarlo, y armado tan sólo con datos positivos consensuales, hacia las ocho semanas de gestación. El objetivo de este trabajo es, además, evitar caer en una falta moral de omisión y precisar porqué la materia embrionaria humana, aun antes de estar informada por un espíritu creado para ella, se muestra a la razón como una entidad inviolable, a la que nadie tiene derecho a matar. Lo que sí resulta extraño, es que las valoraciones. morales de Vázquez sobre el aborto provocado están sustentadas por un filósofo cuya preferencia ideológica se inclina por la tradición aristotélico-tomista, pero que ni siquiera barrunta la tesis que Santo Tomás expone en la I-II, q. 18 a. 2, 3, 4 y 5 de su Suma Teológica sobre las especies morales; y más extraño es que Vázquez diga preferir e inclinarse por la tesis de Maritain sobre el aborto, aunque "con alguna modificación que señalaremos en su oportunidad". Más extraña esta postura Vazqueciana porque el artículo de Maritain, aludido y utilizado por Vázquez, no trata el problema moral del aborto, sino que en él expone el filósofo francés una primera opinión acerca de la evolución de la materia, en una de cuyas partes simplemente afirma, de pasada y plenamente convencido y congruente consigo mismo (p. 62), que "el aborto es un crimen, ya sea realizado en los primeros estadios o en los últimos momentos de la gestación". Y Maritain, como pocos, sabía que de esta razón no se sigue necesariamente que el feto ha recibido el alma intelectiva desde su concepción, como quieren algunos teólogos modernos, pues si bien es cierto que Santo Tomás afirma, en el conocido capítulo 22 del tercer libro de su Suma contra los gentiles, que el embrión vive ante todo con una vida vegetativa, luego con una vida sensitiva, también afirma el 'aquinate' "que desde el instante de su concepción, e incluso también en el semen humano, la naturaleza humana está ahí virtualmente, y así es transmitida al embrión, realmente transmitida al embrión. Pues "virtualmente" quiere decir "realmente", aunque no "formalmente".

Por eso Maritain, y con él una pléyade de filósofos contemporáneos (Burke, Ferrer, Hervada, Marx, Schwarz, Viladrich, Vilar y Ratzinger, entre otros) concluyen respecto del aborto provocado: "Matar a un ser que posee virtualmente (realmente-virtualmente) la naturaleza humana, y está hecho para ser hombre, es evidentemente el mismo crimen que matar a un hombre (p. 62); y más abajo (p. 65) sostiene Maritain: "El aborto es un crimen, cuando se realice en no importa qué grado de la gestación".

De la sana lectura del artículo de Maritain, se infiere que el texto citado por él del capítulo 22 del tercer libro de la Suma contra los gentiles, es un anticipo que nos brindó en los últimos días de su vida de la fundarnentación filosófica verdadera de la evolución de la materia y de los principios metafísicos del pensamiento realmente evolucionista; y nunca el problema de la moralidad del aborto provocado, problema no dependiente del momento de la animación, como opina Vázquez, sino de otras consideraciones que develaré más abajo, y que son el objetivo central de este trabajo.

El artículo de Vázquez incluye y termina con la exposición de un par de opiniones referidas al problema legal del aborto, en cuyo escenario aparecen de nuevo Singer y Nino, no así Maritain; el final está antecedido por una opinión sobre la despenalización del aborto y otra sobre el derecho a la objeción de conciencia.

Respecto a la coincidencia de Vázquez con Francisco Javier Elizari, prefiero citar textualmente a este autor en lo que el mismo Elizari califica de "mensaje fundamental y más puro de la objeción" de conciencia: "La objeción de conciencia tiene un significado político en el más noble sentido de la palabra. Expresa una relativización de las leyes y poderes humanos; es un rechazo a tributarles un culto idolátrico y a darles un cheque en blanco. Es un indicador de que siempre han de estar sometidos ajuicio, sin que ello equivalga a una sospecha radical o a una conducta orgullosa de ellos. Sería interesante un análisis histórico de los contextos en que la obligación de conciencia, aun sin este nombre, se ha hecho más presente en la historia humana. Es normal que las épocas de sacralización del poder civil, hayan contado con un clima menos favorable para disentimientos basados en inspiraciones éticas. Frente a esta relativización de las 'autoridades' humanas se afirma el primado de la conciencia" (Moralia, Vol. V, p. 490, Madrid).

El primado de la conciencia sobre las autoridades humanas se fundamenta necesariamente en el fin último de la persona, que es la visión de Dios. Vázquez no menciona siquiera semejante fin y, por lo mismo, no toma en cuenta el hecho de que todos los atributos de la persona y las especies morales de sus actos dependen y se fundamentan necesaria, gratuita y afortunadamente, en la libre determinación de la sabiduría divina de crear, cuando a ella le place, el alma racional de cada persona, llamada para alcanzar, juntamente con la materia de la que es su forma substancial, la visión de Dios.

Una palabra más para poner término a mis comentarios a la objeción de conciencia y a esta introducción: no obstante que existen legislaciones que la aceptan (Alemania Federal, Austria, Israel y Suiza, entre otras), algunas le son contrarias; tal es el caso, por ejemplo, de la italiana, que establece la siguiente norma: "La objeción de conciencia no puede ser invocada por el personal sanitario y por quienes desarrollan actividades auxiliares cuando, ante el carácter peculiar de las circunstancias, su intervención sea necesaria para salvar la vida de la mujer en peligro inminente (art. 9)" (Ibid. p. 499).

Claro está que los miembros del personal médico y paramédico conscientes de que a la razón le repugna el asesinato implícito en la práctica del aborto y actúan dentro de una legislación eugenésica de corte totalitario como la descrita, en esos casos tan extremos y afortunadamente cada día menos frecuentes, gracias al progreso de la medicina, ajustan su conducta profesional a un principio de ética médica formulado por los obispos belgas en estos términos: "Estando dos vidas en juego, aun haciendo lo posible por salvar a las dos, se tratará más bien de salvar una que de dejar perder las dos" (Ibid. p. 499). U sujeción en la práctica a este principio requiere de una concepción científica y moral de una calidad necesariamente superior a la de quienes se empantanan en alguna predisposición legal de perder la vida del feto, porque cualquier predisposición de este tipo es contraria al fin de la medicina, en tanto que ciencia práctica.


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