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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1989

III. Comentarios a una antología de textos de Maritain


Los siguientes textos de Maritain están tomados del mismo artículo del que se sirvió Vázquez para comentarlo, y que es, al parecer, la única de las cuatro partes de que constaría el seminario sustentado por el Campesino de Garona sobre el tema que le da nombre: "Hacia una idea tomista de la evolución". Incluyo su reproducción para que el lectorjuzgue por sí mismo si la valoración moral que hace Vázquez de las afirmaciones de Maritain sobre el aborto provocado, al que rechaza categóricamente en todas las etapas de la vida embrionaria por ser un crimen, es una modificación de dichas afirmaciones Vázquez las llama "tesis"- o si es, más bien, el producto de la insuficiencia de su comprensión, derivada de la precipitada reducción que hace Vázquez del concepto de persona, contenido en la definición que de ésta propone en la página 41 de su trabajo: "Un supuesto que, por poseer existencia racional, es capaz de autoconsciencia y libre decisión". Va, pues, mi antología de los textos de Maritain: Pág. 58: "Y cuando se llega a las naturalezas dotadas de inteligencia, incluso al intelecto humano, por más inferior que sea con relación al espíritu puro, tiene por fin último a Dios, finis cujuslibet substantiae intellectualis, etiam infimae, est intelligere Deum, el fin de toda substancia intelectual, cualquiera que sea, por más ínfima que sea, es el ver a Dios, intelligere Deum, dice Santo Tomás en el Cap. 25; de manera que el hombre tiene un deseo o apetito natural de la visión de Dios, que no es solamente preternatural con relación a una naturaleza dada, sino algo sobrentaural, superior al orden entero de la naturaleza".

Pág. 80: "El acto creador es absolutamente uno en el único instante sin fronteras que es la eternidad divina. Y es absolutamente libre. No se renueva; es inmutable; son los efectos producidos por él los que se renuevan y multiplican a lo largo del tiempo. Para Dios es lo mismo crear al hombre y crear a todos los hombres, el alma espiritual de todos los hombres, desde el primero hasta el último. Y es un acto de soberana libertad y cuyo efecto se produce aquí abajo sucesiva y necesariamente, tan pronto como son dadas por la materia las condiciones que lo solicitan, y que ellas mismas dependen de los acontecimientos individuales que han precedido, y de los cuales cada uno ha sido libremente querido o permitido por Dios."

Pp. 82 y 83. "Interesa comprender que esta afirmación: el alma sensitiva está en potencia en el alma intelectiva, es muy diferente de la afirmación que pretendiese que el dinamismo de la naturaleza material -el cual supone siempre la moción divina general, que mueve universalmente las cosas creadas- es capaz por él solo (bajo esta moción divina presupuesta) de hacer pasar al acto la potencia de que se trata.

¿Es capaz por sí solo -el dinamismo de la naturaleza- de hacer pasar al acto la potencia en la que se encuetra el alma sensitiva? Seguramente no, por él solo, es capaz de hacer pasar al acto la potencia en que el alma vegetativa se encuentra respecto del alma sensitiva, educida también, de la potencia de la materia, la que acabamos de ver con relación al desarrollo embrionario. Pero por él solo es incapaz de hacer emerger en el feto, en un momento dado de su desarrollo, un alma intelectiva, el alma humana que toma el lugar del alma sensitiva que informaba al feto en el estadio anterior; y ello no solamente porque el alma humana es espiritual, y en consencuencia no puede ser educida de la potencia de la materia; ella no puede ser más que creada por Dios para cada ser humano que viene a este mundo; pero también porque la disposición última de la materia que exige la infusión en el feto de esta alma creada por Dios, depende de un principio, intrínseco al ser de los progenitores y que, en tanto que substancia espiritual, transciende el dinamismo de la naturalureza material: es decir, depende de la forma substancial de donde emana, a título de primer principio formal constitutivo del ser humano, el acto generador humano, y que es el alma espritual e inmortal de los progenitores. La disposición última en cuestión es producida siempre bajo la moción directiva general de Dios, que mueve todo lo creado, en particular el desarrollo embrionario del hombre como de los animales; pero en esta ocasión se trata del animal dotado de razón, y esta moción directiva general de Dios mueve entonces un proceso biológico intrínsecamente sometido a la virtud del acto generador humano, y del primer principio de éste --el alma espiritual de los progenitores- que trasciende el orden simplemente biológico y todo el dinamismo de la naturaleza material considerada aisladamente."

Maritain se sostiene en la verdad sin ambigüedades; y ésta es que durante el proceso todo el movimiento evolutivo propio de la generación humana, el embrión No es simple vegetal durante una fase, que luego es un simple animal, antes de llegar a ser humano; no, lejos de ese sinsentido, el embrión humano es un ser que desde el primer instante de su existencia, cuando los gametos se constituyen en cigoto, es hecho para ser hombre por el impulso radical del acto humano de generación del que depende; y que llega a ser formalmente aquello que desde el principio es ya virtualmente hombre; esto es, un cuerpo informado por el alma intelectiva "después de haber atravesado una fase en que su cuerpo es informado pasajeramente y en devenir (in via) por un alma vegetativa, y otra fase en que su cuerpo es informado pasajeramente y en devenir (in via), por un alma sensitiva" (p. 63).

Del estudio de estos textos de Maritain, y del texto del capítulo 22 del tercer libro de la Suma contra los gentiles de Santo Tomás, no se desprende necesidad alguna de que a la inteligencia, al orden de la razón, le resulte conveniente, en algunas circunstancias, determinarse por la práctica del aborto, salvo que exista insuficiencia en la comprensión ontológica de dichos textos, y de otros que reproduciré más abajo. Lo que sí se desprende de estos textos, es que la materia embrionaria humana desde su inicio y durante todo el tiempo en que evoluciona antes de serle infundida el alma racional, es una porción de materia que se distingue del resto todo de la materia creada del universo por ser destinataria de un acto libre y soberano de la creación divina, y por el impulso radical del acto humano de generación, que es el alma inmortal de los progenitores y causa segunda de esa porción insignificante y simultáneamente sublime de la materia. Dicho de otra forma, de la interpretación que hace Vázquez de Maritain cuando éste interpreta a Santo Tomás (p. 43), se sigue una sola actitud ante el embrión humano desde su concepción, y es la conveniencia de permitir su evolución hasta la consecución de su forma final, sin otra intervención de voluntades ajenas que la de contribuir responsable y eficazmente al mejor desarrollo posible de ese ser in via, que es el fin de la medicina y de la moral, en tanto ciencias prácticas aplicadas al embarazo de las mujeres. Por lo tanto, el concepto de ser humano es más amplio que la definición restrictiva de Vázquez de persona, ya expuesta aquí y que el mismo Vázquez reduce ahora aún más, pues define a la persona sólo como un "supuesto con existencia racional", sin los atributos que antes le parecían necesarios y ahora no; me refiero a la autoconsciecia y a la libre determinación, evidentemente ajenos a la vida embrionaria pero presentes virtualmente en esa fracción privilegiada de materia, ya humana en acto desde su concepción.

¿Acaso no incluye Vázquez en su trabajo la nota número 11 (p. 43), que cita, en apoyo a sus opiniones, la formulación de Maritain de la virtud? Para el pensador francés, en sentido estricto, la virtud pertenece a la causalidad formal y de ningún modo a la causalidad eficiente. La virtud no ejerce ninguna causalidad eficiente, sino solamente causalidad formal. Por eso, en el embrión humano, cuya causa eficiente es el acto de generación humana, está implicada necesariamente la virtud que, en tanto forma de momivimiento causado, regula durante el proceso de su causación toda la instrumentalidad que lo conduce a su forma final; y es que lo primero en el orden de la intención, es necesariamente segundo en el orden de la realización.

En la generación humana la materia sigue al alma espiritual, y no el alma espiritual, creada por Dios inmediatamente para cada persona, sigue a la materia; pero la personalidad humana la adquiere el hombre desde el momento de la generación; y desde ese momento la persona es materia humana en via de existir luego con alma racional. En efecto, como sostiene Santo Tomás en el No. 2 del Cap. XLIV, libro IV de la Suma contra los gentiles, "supuesto lo que es posterior en el orden de la generación, necesariamente se ha de suponer lo que es anterior en el orden de la generación. Y es posterior lo que es más perfecto; lo más perfecto es el mismo individuo, ya engendrado, que desde el momento de la generación humana es una hipóstasis o persona, para cuya constitución se requieren el alma y el cuerpo. Luego, supuesta la personalidad del hombre engendrado, necesariamente ha de existir el cuerpo (antes) y el alma racional (después)". (Los paréntesis son míos.) Así, a nadie le conviene desconocer que la plenitud del amor absolutamente libre de Dios dispuso desde la eternidad la creación de la nada de su propia alma, en el tiempo y en una materia organizada, para ser infundida en ella, y para la cual estuvo dicha materia en via desde que se constituyó en cigoto. Tampoco le conviene a nadie ignorar, olvidar u ocultar que su alma personal fue creada con el fin de alcanzar la visión divina y que la disposición última de la materia y del alma que constituyen su individualidad, es insuficiente para alcanzar, por su propia potencia, tan elevado y gratuito fin; y ese deseo o apetito de la visión de Dios es, como afirma Maritain en la nota número 4 de su artículo sobre la evolución, "un deseo de naturaleza que es uno con el ser del intelecto, incluso en tal hombre al que faltará conocer de lejos por la razón, así como lo puede y debe, a Dios como causa de su ser. Y este deseo de naturaleza se dobla de un deseo elícito de gracia en quien, por la fe, conoce a Dios como Salvador y como Amigo, y quien se hará ver inmediatamente, por su esencia, al intelecto glorificado".

Profundo misterio éste de la elección divina, al que se le oponen necesariamente las acciones morales específicamente malas, en tanto mostradas por la inteligencia deficiente a la voluntad, que las apetece como buenas y por ellas se determina en consecuencia.


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