©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1989

YA DING, LOS HEREDEROS DE LOS SIETE REINOS

Author: Julián Meza[Nota 1]


Ya Ding, Los herederos de los siete reinos, Ediciones Destino, Col. Ancora y delfín, Traducción de Enrique Sordo, Barcelona, 1989,241 pp. ISBN 84-233-1729-3.

Es un deber impuesto por la humildad confesar: nosotros, occidentales, no sabemos nada sobre China. Este país milenario sigue siendo una incógnita por despejar. Algunos periodistas occidentales mitologizaron una idílica larga marcha (Edgar Snow: Estrella roja sobre China) o el irreversible éxito de cooperativas (William Hinton: Fan Chen) que, a la postre, fracasaron. Convertida en una gigantesca ciudad sagrada, China fue una incógnita durante la revolución cultura¡. Una vez decidida la modernización económica pareció que, al fin se iba a develar el misterio. Fue vana la expectativa. Los sangrientos episodios de Tiananmen obligan a reconocer que, pese a los medios de comunicación, China sigue siendo tierra ignota para los occidentales, aún para numerosos sinólogos.

El velo se descorre un poco, sin embargo, cuando se escucha la voz de un narrador ... chino, como ocurre en el caso de Ya Ding, autor de El sorgo Rojo y, ahora, de Los herederos de los siete reinos, en donde se enfentan brutalmente el misterio M poder y el misterio de la existencia, en donde se descubre que, al igual que todos los demás países, pero siguiendo pautas muy peculiares, "China ha sido siempre un gran país político" (p. 84), donde la mayoría de la gente sólo piensa en la política y, sobre todo, en el poder. O por lo menos piensa en éste más que en cualquier otra cosa, incluido el sexo... al igual que en Occidente, pese a aparentes evidencias en contra.

¿Qué puede el amor de Xué Yan por Liang contra el destino trágico de una política apolítica, dictada por el sentimiento y no por la frialdad? Nada, por lo menos en este relato, en donde elementos ciertamente autobiográficos incrementan su valor documental. ¿Y en qué desembocan los sentimientos de Hong por Liang cuando, también por amor, se ve arrastrada a la experiencia de una acción política?

Estas preguntas no tienen respuesta, pues el desenlace no tiene lugar, por fortuna. Y es precisamente la ausencia de desenlace lo que, sin lugar a dudas, le confiere un valor narrativo a esta novela.

Desde otro punto de vista, la manera como Ya Ding sostiene la constante tensión entre el sentimiento (fraternal, filial ... ) y la razón (indudablemente política, partidista y estatal) imprime una singularidad estilística al relato.

En forma paralela a esta tensión se desarrolla la búsqueda del sentido posible de la existencia emprendida por el pequeño We¡. Sólo en apariencia esta búsqueda es distinta de aquella en donde se debaten la pasión y la frialdad, dado que Wei también confluirá, por inadvertencia, en el episodio central del relato.

Pero no sólo en el terreno de los acontecimientos. Su participación en los hechos también está ligada al deseo y a la reflexión.

Sin impugnar la búsqueda de los ideales en los hombres, Ya Ding conduce al lector hacia algunas de las inevitables consecuencias de esta bú squeda. Cuando sobrevienen los fracasos asistimos a los martirologios. Cuando se instala' el triunfo nos hallamos frente a la inescrutable figura del poder que, sin embargo, es tan evidente para un chino de hoy como, en su tiempo, lo fue para Maquiavelo, pues según consta, es clave del poder: el rostro espeso y el corazón negro:

... No existen más que dos únicas y verdaderas claves para ganar en el juego del poder. Helas aquí: la piel espesa del rostro: no enrojecen de vergüenza. Dicho de otro modo: tomar la vergüenza como la gloria. U segunda, el corazón negro: ser capaz de maldad y de traiciones" (p.218)

Es decir, dos claves que ciertamente conocen muy bien Den XiaoPing y Li Peng.

JULIÁN MEZA

Depto. Académico de Estudios Generales, ITAM.


Inicio del artículoRegreso