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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1989

EVODIO ESCALANTE, LA INTERVENCIÓN LITERARIA

Author: Federico Patán[Nota 1]


Evodio Escalante, La intervención literaria,México, Univ. Aut. de Sinaloa Univ. Aut. de Zacatecas, 1988, Colección Arcano, 136 pp.

En nuestro medio viene dándose un fenómeno sintomático: el libro misceláneo surgido del periodismo cultural. Misceláneo significa, en este caso, compuesto de un material diverso, cuyo rasgo común es que trata de literatura. O dicho en otras palabras, escasea el libro dedicado al examen de un autor, de un grupo, de una corriente, de un etc. único. Desde luego, la razón es muy sencilla: el libro misceláneo se va haciendo solo. Poco a poco se acumulan textos aparecidos en la prensa y, de pronto, ya hay ciento y pico cuartillas necesarias para un volumen. Esto no lo comentamos a modo de queja, sino meramente como la descripción de un método de trabajo. Sabemos bien que la calidad de cualquier producto está, ante todo, en razón del talento mostrado por el crítico. Y si bien el libro de tema único representa una concentración mayor y un mayor lapso de investigaciones y meditación, el libro misceláneo funciona como un atractivo mapa de urgencias para realizar viajes cortos por nuestra literatura.

Tal es la condición de La intervención literaria, primer libro de ensayos publicados por Evodio Escalante (Durango, 1946) desde Tercero en discordia (1982). En breve presentación, el propio Evodio hace la radiografla somera de su material, informándonos dónde se publicó por primera vez. juego limpio, pues. Y si la calidad del producto está en razón del talento mostrado por el crítico, no hay problemas con Evodio: es uno de los expositores más informados y francos de nuestra crítica. Ello no quita que el material incluido en La intervención literaria tenga distinto peso, pues va del mero apunte señalador de síntomas (los textos sobre José Agustín o Martín Luis Guzmán) hasta páginas con el empaque ya de ensayos (las dedicadas a Rulfo, digamos). El conjunto rinde un saldo favorable a Evodio.

El punto central por comentar es la presencia misma del crítico. Evodio es un explorador severo de la literatura mexicana, uno de los escasos comentaristas que habla con plena claridad para subrayar aciertos -lo cual es fácil- y para señalar errores a los cual muchos no se atreven. Sin embargo, en esa severidad y en esa franqueza hay un elemento por distinguir: siempre van dirigidas a la obra, nunca al hombre que la produjo. Es decir, la preocupación de Evodio es verdaderamente la literatura, no el saldo de cuentas personales o el alabo a los amigos por amigos. Esto se patentiza en los comentarios a Salazar Mallén, Carlos Fuentes y José Agustín. Tenemos de base una admiración sólida, cuando no estimación verdadera, por estos autores; ello no impide el captarles sus equivocaciones ocasionales o su rango secundario ya establecido como general. Con ello, los textos resultan muy motivadores. Así por ejemplo, las páginas dedicadas a Cristóbal Nonato plantean con suma eficacia lo que es el defecto principal de esta novela -planteamiento con el cual coincidimos-, novela que la crítica procuró esquivar en el momento de su aparición en el mercado.

A este rasgo primero de Evodio como crítico agreguemos otro, tal vez incluso más definidor: a Evodio le fascinan los escritores por alguna razón marginados, aquellos capaces de ruptura y de aceptar riesgos, aquellos dedicados a cualquier labor de zapa social. A los situados, usemos palabras del propio Evodio, del lado moridor de la literatura. Hay en el libro que comentamos apuntes sabrosos en contra de una literatura mexicana "... tan solemne, tan formalita, tan apegada a los modelos del bien escribir establecidos por el criterio conservador de los mayores..." (p.41). Aunque en nuestra propia narrativa caemos en este segundo grupo, al menos en cuestiones de estilo, simpatizamos mucho con la posición de Evodio, y tan sólo nos preguntamos hasta dónde hay capacidad de supervivencia en la otra escritura. Después de todo, Evodio mismo subraya que en este momento --eso sí, subraya lo de este momento- la mejor novela está surgiendo de la imaginación intelectual" (p. 14), y son sus lógicos y aceptables ejemplos Sergio Pitol y Jaime del Palacio, con la inclusión un tanto prematura de Francisco Hinojosa.

La intervención literaria está dedicada a la literatura mexicana del siglo XX, con presencia abrumadora de textos dedicados a la narrativa y, en éstos, con atención especial a la figura de Fuentes. Abre el volumen con un panorama demasiado breve de la novela en los $0. Encontramos deficiente el material por la escasez de ejemplos que parecen usarse como base y por la escasez de líneas de desarrollo propuestas. Estamos de acuerdo con que la narrativa de los últimos años "indica que nos encontramos ante un campo conflictivo, variado, heterogéneo..." (p.9). Por lo mismo, no bastan los grandes apartados que se einplean. En razón de ello, "La narrativa mexicana en la encrucijada de los 80" queda en mero apunte para un futuro trabajo en profundidad. Situación opuesta a la que tenemos en capítulos como "Juan Rulfo o el parricidio ... ", "Salazar Mallén, novelista impaciente" o en "Enrique González Rojo o la invtervención literaria". Aquí, la exploración de un aspecto único permite esa profundidad que arriba extrañábamos. Resulta iluminadora la visión dada de Rulfo: los distintos aspectos que el conflicto padrehijo adopta en su obra, con esa posibilidad de explicación al silencio postrero a Pedro Páramo. Cuando de Salazar Mallén se afirma que a causa de la prisa moral "la mayoría de sus novelas están más cerca del esbozo o del guión que de la novela propiamente dicha" (p.45), queda señalada la razón que impide a Salazar Mallén ser un escritor de consecuencias definitivas para nuestra literatura. En cuanto a González Rojo, se hace el rescate de un poeta injustamente minimizado por las circunstancias que lo rodearon.

En torno a estas páginas ricas en planteamientos críticos -y son de agregar las dedicadas a Cuadernos del viento-, tenemos otras de menor repercusión, pero interesantes por cuanto expresan claramente síntomas que aquejan a ciertos escritores: el cerco en que parece encerrado José Agustín, la necesidad de un reencuentro con Martín Luis Guzmán, la lección de buen narrar -que no necesariamente equivale a bien escribir- de Spota y las posibles razones del ninguneo en que lo tiene la crítica, la parquedad de Alí Chumacero como crítico. Son puntos inteligentemente vistos, que permitirán a otros críticos (al mismo Evodio) exploraciones más a fondo, rectificaciones desde una visión distinta, desacuerdos y etc.

Creemos que La intervención literaria es, indirectamente, una meditación respecto a la crítica literaria. Evodio aconseja que escapemos a la necesidad de compartir con una cultura esquemas y prejuicios, pues con ello será posible "que cada ladrillo o cada pieza, separada de las demás, alcance a sugerir un orden diferente" (p.88). Buen consejo. El propio autor lo sigue. Cuidemos, sin embargo, que la obsesión de alcanzar un orden diferente no nos lleve a mirar desde perspectivas aberrantes por exageradas, pantano en el que se han inmovilizado algunas tendencias de análisis. Evodio no cae en esto. Sí se singulariza, como crítico, por lo franco de su opiniones y la preferencia que muestra por ciertas escrituras. Todo crítico tiene preferencias por ciertas escrituras. Las de Evodio han quedado establecidas en esta nota. En mesa redonda que compartimos en la Galería Metropolitana, Evodio se describió como "un francotirador de la crítica". De acuerdo con él. Nos limitaremos al añadido siguiente: sabe muy bien adónde apuntar.

FEDERICO PATÁN

Fctad. de Filosofia y Letras, UNAM.


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