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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1989

SERGIO BAGÚ, LA IDEA DE DIOS EN LA SOCIEDAD DE LOS HOMBRES.

Author: Alberto Sauret[Nota 1]


Sergio Bagú, La idea de Dios en la sociedad de los hombres, México, Siglo veintiuno editores, 1989, 176 pp. ISBN 968-23-1527-1.

En un pasaje que puede interpretarse justificatorio de la razón de ser de este libro, dice el autor que dentro del auge experimentado por las ciencias sociales después de 1945, destaca la casi indiferencia tanto de parte de la historia social como del estructural-funcionalismo y del marxismo, respecto a la gravitación cultural y social del fenómeno religioso. Mientras que precisando su línea de investigación dirá: "Una de las preguntas fundamentales que debemos hoy formulamos es cuáles han sido funciones que ha desempeñado la religión como pauta para la creación social"; hipótesis que buscará contrastar con numerosos datos de procedencia muy diversa.

Piensa Bagú que si bien toda creación social no habrá de ser resultado de una sola idea sino un proceso complejo, la idea de divinidad siempre se manifiesta actuando como agente transformador de las estructuras en la sociedad de los hombres. La racionalidad humana considerada en tanto capacidad de abstracción experimentaría un desarrollo observable a través de "escalones lógicos ascendentes en la idea de lo divino".

Entre el razonamiento que no sería capaz de elaborar una noción de divinidad hasta concebir la idea de un dios único, el panteísmo habría atravesado varias etapas, en parte consecuentes con las relaciones entre el hábitat del hombre y su aptitud tecnológica. La religión mediante el despliegue de una lógica integral que ordena y explica la multitud de fenómenos que envuelve al hombre, por la vía de la relación con un principio divino se transformará en filosofía y abriría el camino al pensamiento científico.

En dos momentos, sostiene Bagú, la idea religiosa se muestra operando como pauta básica para la creación social. Con el panteísmo absoluto el hombre ha descubierto que forma parte del ciclo orgánico eternamente repetido de la naturaleza y ésta a su vez del cosmos, es el mayor logro conceptual alcanzado durante la edad de los metales. "Con el monoteísmo absoluto, a partir de Abraham y culinando con jesús, la idea obsesionante es la sociedad de los hombres y la ubicación del individuo en ella". Sed de conocimiento y justicia social constituirían el núcleo problemático dominente en la edad de los metales.

Desde la capacidad para imaginar una única fuerza divina estará próximo el umbral de otra abstracción: la idea de unidad de la especie humana. Mientras, otro concepto aguarda como culminación necesaria: la unidad de la norma ética aplicable a todos los seres humanos. Pero las concecuencias prácticas que demanda semejante corolario serán de dificil aceptación ...

El joven profeta de Nazaret plasmará una síntesis de ideas pero también de historia y no sólo del pueblo hebreo, sino de un vasto perímetro cultural que junto con el mundo del Mediterráneo abarcaría las civilizaciones de India y China.

Observa Bagú que en el testimonio evangélico dos fragmentos muy conocidos, por lo general interpretados como simple expresión de misericordia, se nos muestran cargados de significación histórica y social. Así como las dos constantes de la ética de jesús corno son la redención por el amor y la reivindicación de la dignidad del humillado, están presentes en los pasajes de la mujer adúltera -y la pecadora pública, también es evidente un tercer principio: el de la justicia. Para enfatizar: "El justo llamaron los discípulos a su maestro. justicia; no misericordia."

Asimismo, cuando Pablo predique, "ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo jesús", en completa coherencia con la doctrina de "el hijo del Hombre" estaría señalando al prejuicio nacional, la dominación social y económica y la sumisión de la mujer Por él hombre como las principales formas de injusticia combatidas por su maestro. jesús hermana a todos los hombres, hijos de Dios.

Con la fusión de la unidad divina, la unidad humana y la unidad ética en un único planteamiento culminan siglos de una difícil elaboración espiritual. "Como nunca antes la idea se transforma en el más poderoso catalizador de los procesos socioorganizativos y, por lo mismo, en un factor que puede alterar las estructuras del poder."

Reconstruyendo el procesó que culminará con la ejecución de jesús, señala Bagú que, corno se ha visto, mientras los representantes del poder colonial romano muestran cierta actitud de indiferencia, las acusaciones: más enérgicas provienen de una multitud agitada por las autoridades religiosas. Pero, ahondando en la pregunta ¿quién mató a jesús? entiende que la respuesta se. halla neta en la primera de las llamadas "Epístolas católicas": "... el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivído sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza." La acusación de Santiago, compañero de jesús durante toda la cruzada iniciada por éste y testigo de su sacrificio, se completa sin dejar lugar para dudas: Vosotros ricos condenásteis y matásteis al Justo.

Infiere Bagú que lo anterior es rotunda mostración de "la lucha llevada a su expresión extrema: el exterminio físico del enemigo. No pudo haber episodio de más claro contenido social para poner fin a la prédica de Cristo de Nazaret entre los vivos e impedir radicalmente la propagación del tipo de organización social que se iniciaba."

No sería la primera vez que se suscitara un hecho semejante, ni la última, como documenta Bagú. Pero la audacia conceptual de jesús será insuperable, agota las posibilidades de desenvolvimiento de la idea que concibe. "Después de él desaparece la capacidad innovadora en materia religiosa."

Me parece que se nos está presentando un libro valioso. La claridad, concisión y amenidad con que Sergio Bagú expone su sazonado conocimiento sobre tan abundante y enmarañado material, no han de ser sus méritos menores.

"Mi propia y antigua incredulidad en la existencia de un ser divino no se resintió en las largas jornadas de familiaridad con esta temática", advierte como exculpándose, garantizando su ateísmo incólume, presumiblemente conveniente para cuidar de la asepsia teórica. Si al momento de una segunda edición el autor fuese presa de un súbito acceso fideísta, creo que su conciencia podría continuar en paz con el agregado de alguna línea al prólogo y reescribiendo a veces Dios (así, con mayúscula), sin modificar el texto que hoy nos entrega. Se trata de un estudio intelectualmente íntegro, que no reclama ni reniega de la fe ni más ni menos que el trabajo científico más riguroso. Partiendo de la creencia en Dios, también podría sostenerse lo mismo. Después de todo, la incredulidad es una creencia tan razonable y justificada como la credulidad. O casi.

ALBERTO SAURET

Depto. Académico de Estudios Generales, ITAM.


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