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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1989

Historia e historiografía


El significado del concepto de ideología varía necesariamente según se encuentre comprendido en las diferentes concepciones sobre la historia. Foucault habla a través de una mutación epistemológica de la historia que aún no ha terminado y que se caracteriza por una ardua crítica a la historia continua y a la historia marxista, así como por un esfuerzo importante de descentramiento de la historia de las ciencias, que le permite avanzar en la construcción del método de una historia nueva. Esta ruptura con las interpretaciones anteriores conlleva la desarticulación de los diversos usos de la ideología que abrigan. Precisar sus desemejanzas es fundamental para matizar el cuestionamiento a las distintas connotaciones de la ideología.

En La arqueología del saber, Foucault identifica a la historia continua o global como "uso ideológico de la historia".[Nota 5] Se trata de una función conservadora que asume a las continuidades como el fundamento de toda historicidad posible y que se resiste al uso manifiesto de las categorías de ruptura y diferencia.

Para ahondar en las características de esta forma tradicional de historia, el autor hace una búsqueda minuciosa de sus condiciones de posibilidad. Reconoce una filosofía de la historia fundada en una racionalidad de la teleología del devenir, en la relatividad del saber histórico y en la posibilidad de descubrir o constituir un sentido a los acontecimientos. Encuentra una historia del pensamiento sustentada en el ejercicio fundador del sujeto -de todo devenir y de toda práctica - y su tendencia a reintegrar las diferencias, bajo la modalidad de conciencia histórica. Identifica una antropologización de Marx como historiador de las totalidades culturales y portador del humanismo, así como una interpretación de Nietzsche que le atribuye la paternidad de una filosofía trascendental y la investigación de lo primigenio. Y, por último, registra una negación del estructuralismo por su imposibilidad de explicar el devenir, ya que se asume una oposición irreductible entre estructura e historia.

De esta manera, Foucault examina desde sus fundamentos a la historia global. La describe como una historia que organiza los fenómenos alrededor de un centro único, llámese significación, espíritu de una época o visión de¡ mundo; como un sistema de relaciones homogéneas sustentado en la causalidad y la analogía; y corno articulada en un principio de cohesión de grandes períodos o totalizaciones, que se explican por la acción sintética de¡ sujeto y por la lógica de las continuidades. Estas características de la historia global definen, asimismo, los atributos de la ideología en tanto que práctica discursiva que se ocupa de la historia.

El proyecto foucaultiano tiene por objeto invalidar esta historia continua y deslindarse del "uso ideológico de la historia", al poner en práctica su método arqueológico que consiste en la "descripción intrínseca del monumento",[Nota 6] esto es de sus condiciones de posibilidad.

Recordemos que cuando Foucault hace la arqueología de la historia global se refiere también a una cierta historia marxista, que parte de una interpretación de Marx como historiador de las totalidades culturales. Bajo esta concepción, nos dice, "la ideología está en posición secundaria respecto a algo que debe funcionar para ella como infraestructura o determinante económico, material, etc."[Nota 7]

El autor rebate el supuesto marxista sobre el que se constituye esta noción de ideología, a saber, el de la formación social como la articulación entre dos instancias diferenciadas: infraestructura y superestructura. Afirma que se trata de una explicación monocausal de la historia que parte de la totalización llevada a cabo por la determinación económica en última instancia. Foucault contrapone una interpretación multicausal, donde la formación social constituye un espacio correlativo para la arqueología, ya que es el campo en que emergen los objetos discursivos y las condiciones de apropiación de los discursos.[Nota 8] De otra parte, piensa en términos de discursos y no de ideología, y considera en su genealogía que los discursos son de por sí poderes y no necesitan encontrar su fuerza material en el modo de producción. [Nota 9]

Cabe señalar que, si bien Foucault busca estudiar las formaciones sociales en su dispersión -a través de la producción de las diferentes prácticas discursivas - y objeta el uso de la ideología Como infraestructuralmente determinada, esto no significa que invalide el análisis clasista del marxismo.

Paralelamente a estas modalidades de historia, el autor identifica a la historia de las ciencias, de las ideas, de la filosofía, de la literatura y demás, en cuyas preocupaciones se reconoce ya que están orientadas a los fenómenos de la ruptura y de las discontinuidades. Hace mención de Bachelard, Canguilhem, Guéroult y Althusser, quienes reivindican los recortes y los límites frente a la tradición, y las transformaciones ante las continuidades. Asimismo, coincide con ellos cuando plantean un nuevo tiempo y racionalidad diferente a la búsqueda de los orígenes; y cuando explicitan principios de su metodología, tales como la coherencia interna de los documentos y las reglas de constitución y validez de los conceptos.

No obstante, se aparta de la historia de las ciencias porque ésta se sitúa en el umbral de la cientificidad, ahí donde la figura epistemológica responde a ciertas leyes de construcción de las proposiciones. Esta concepción tiene como premisa la oposición y triunfo de la ciencia frente a la ideología. Busca dar respuesta a cómo una ciencia se ha establecido por encima y contra un nivel precientífico que a la vez la preparaba y la resistía de antemano, cómo ha podido franquear los obstáculos y las limitaciones que seguían oponiéndose a ella.[Nota 10]

Foucault trabajó en una historia arqueológica, que toma como referencia al umbral de epistemologización pero apoyándose en el umbral de la positividad. Busca descubrir cómo las prácticas discursivas dan lugar a un saber y cómo ese saber adquiere el estatuto de ciencia, ideología, literatura y otras manifestaciones discursivas. De esta manera, se refuta tanto la idea de que la ciencia se desarrolla a expensas de la ideología como el modelo de una ideología que tiene una existencia epistemológicamente negativa, dependiente y previa a la ciencia.

Además planteó que aun cuando el análisis arqueológico es útil para la descripción histórica de los distintos saberes, no se agota en las figuras epistemológicas y en las ciencias, sino que puede desarrollarse en direcciones diferentes. Por ejemplo, considera el proyecto de descripción arqueológica sobre la sexualidad, un cuadro y la política.

El proyecto arqueológico está ubicado en la actual mutación epistemológica de la historia y protagoniza un triple descentramiento. Niega las interpretaciones que aluden a una teoría marxista antropologizada y rescata el análisis histórico de las relaciones de producción y de la lucha de clases de Marx. Asimismo, desconoce la exégesis de una teoría nietzscheana trascendentalista y redimensionaliza a la genealogía de Nietzsche en abierta oposición a la búsqueda del origen, al despliegue metahistórico de las significaciones ideales y de los indefinidos teleológicos. Por último, admite la importancia del estructuralismo por haber descentrado al sujeto. Sin embargo, no deja de reconocer las limitaciones de la oposición estructura-devenir y el alcance parcial de los problemas que plantea el estructuralismo, que están lejos de cubrir el campo metodológico de la historia.[Nota 11]

Así, en su fase arqueológica, Foucault hace una historia de la ruptura a la vez que contribuye a la ruptura de los fundamentos de la historia global. Asume la discontinuidad como instrumento y objeto de investigación para desprenderse del uso ideológico de la historia e inscribirse en la práctica discursiva de los saberes.


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