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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1989

Ciencia e ideología


El proceso de desconstrucción foucaultiano de la noción de ideología conlleva el cuestionamiento de las ideas de totalización y de sujeto constituyente, y culmina en la desarticulación de su tercer y último fundamento teórico, que la define negativamente por oposición a la ciencia. Para estos efectos, el autor reflexiona desde los niveles epistemológico, arqueológico y gencalógico.

- En la historia de las ideas, la dualidad ciencia-ideología deriva de una relación de inclusión y exclusión del eje epistemológico: concienciaconocimiento-ciencia. El primer eslabón se identifica con el Sujeto e imprime, necesariamente, una cierta carga de subjetividad al conjunto. Por tanto, el punto de equilibrio de este eje -el conocimiento - plantea una interrogante trascendente, porque opera como síntesis constituyente. Y la ciencia forma el polo positivo que mantiene un estado de inclusión en el eje epistemológico. En contraposición, la ideología deviene en el polo negativo y excluido, que se inscribe en la relación: inconscienciadesconocimiento-ideología.

A este nivel, la contradicción entre ciencia o ideología se ex-plica a través de la pureza o impureza de su esencia, de su utilización técnica como instrumento político en una sociedad y de la conciencia de los sujetos que la constituyen. En concreto, estas características se manifiestan en la connotación peyorativa que el marxismo le ha dado al término de ideología frente al de ciencia. La mención es especialmente válida para Marx y el primer Althusser.

Según estas aproximaciones teóricas, la oposición binaria cienciaideología corresponde más a una cuestión de naturaleza que de funcionamiento; ya que la ciencia es portadora de lo verdadero y lo puro, mientras que la ideología vehiculiza lo falso y lo impuro. Sin embargo, la preocupación de fondo está en la identificación de estos supuestos con la historia, que se traduce en la denuncia de un régimen de dominio capitalista vinculado con la mentira y una aspiración comunista de libertad asociada con la verdad.

Esta aproximación funda la relación entre ciencia e ideología sobre los argumentos que Michel Foucault pretende desmontar. Esto es, el atributo universal, eterno y absoluto de la verdad y la mentira, el centramiento en una clase social, así como la interpretación de los modos de producción como totalizaciones. Lo que hace el autor es remitir la generación de estos problemas a las connotaciones subjetivistas y trascendentes del eje epistemológico.

Es comprensible por tanto que Foucault intente resolver los equívocos de esta contradicción -ciencia vs. ideología- apartándose del nivel epistemológico. Para estos efectos se inscribe en el nivel arqueológico y propone un nuevo eje: práctica discursiva-saber-ciencia. Elimina del primer término de la relación la idea de la conciencia anterior a toda palabra y define a la práctica discursiva como un conjunto de condiciones de ejercicio de la función enunciativa. Asimismo, en el punto de equilibrio de la relación, el sujeto aparece situado y dependiente. El autor asocia al saber con lo previo, pero se cuida de enfatizar que no se trata de un dato, experiencia, preconocimiento o estadio arcaico. Lo concibe como un "conjunto de elementos formados de manera regular por una práctica discursiva y que son indispensables a la constitución de una ciencia, aunque no estén necesariamente destinados a darle lugar". [Nota 18] En el ámbito del saber sólo pertenecen a un domino de cientificidad las proposiciones que obedecen a ciertas leyes de construcción y coexistencia con otras prácticas discursivas de índole económica, política, ideológica, artística y demás.

Es claro que para Foucault el saber no es un equivalente de la ideología, es un espacio aún más amplio que no resulta de la exclusión y descalificación de los elementos que no se articulan en la ciencia y que todavía no han sido conquistados por ella. Por tanto, la ciencia y la ideología son prácticas discursivas que funcionan entre otras prácticas y que se articulan allí donde se perfilan sobre el saber, sin identificarse con él, borrarlo o excluirlo.

A manera de conclusiones generales sobre la descripción arqueológica de la relación ciencia-ideología, el autor formula las siguientes proposiciones:

- el que algunos discursos científicos abran espacio a la ideología, no es razón suficiente para descalíficar el conjunto de sus enunciados;

- el funcionamiento ideológico de una ciencia (contradicciones, lagunas e inconsistencias teóricas) debe analizarse al nivel de la positividad y de las relaciones entre las reglas de formación y las estructuras de la cientificidad;

-el papel de la ideología no disminuye a medida que crece el rigor y se disipa la falsedad del discurso; y

-ocuparse del funcionamiento ideológico de una ciencia es ponerla en discusión como formación discursiva.[Nota 19]

El límite de esta propuesta está, según lo advierte el propio Foucault, en no haber determinado el funcionamiento y la distribución del poder y su vinculación con el saber. En consecuencia, plantea como nueva alternativa el método genealógico. Retoma al discurso en su materialidad de acontecimiento enunciativo, tal como lo concibió en la arqueología; pero para entender cómo este "dominio transparente" se ha hecho invisible, se coloca a nivel de sus condiciones de posibilidad e introduce la idea de poder.

El discurso adquiere el estatuto de acto político, porque es un poder de control-producción sobre los discursos lo que origina las serializaciones de acontecimientos discursivos en los que nos reconocemos. Ya no se trata únicamente del saber sino de la política del saber, de las relaciones entre saber y poder, y por tanto de la política del discurso.[Nota 20]

A partir de las consideraciones anteriores, es posible analizar la propuesta foucaultiana frente a la primera objeción que planteó a la noción de ideología en "Verdad y poder".

... se quiera o no, está siempre en oposición virtual a algo que sería la verdad. Ahora bien, yo creo que el problema no está en hacer la partición entre lo que, en un discurso, evidencia - la cientificídad y la verdad y lo que evidencia otra cosa, sino ver históricamente cómo se producen los efectos de poder en el interior de los discursos que no son en sí mismos ni verdaderos ni falsos. 21[Nota 21]

Foucault adopta una aproximación de corte nietzscheano. Sustenta que todos los discursos son meras posibilidades y que su valor reside en el papel que desempeñan en la constitución de las prácticas, como portador de saberes y poderes. De tal suerte, atribuye un valor extra epistemológico a los discursos, que les niega una connotación verdadera, científica o ideológica, en sí misma. Lo importante son los efectos propios de lo; discursos concebidos socialmente como verdaderos, esto es, la política. de los discursos.

Su alternativa es radical: dejemos de pensar en términos de cienciaideología para reflexionar en función de verdad-poder." Este binomio significa que no hay verdad fuera del poder ni los efectos de poder se dan desligados de la verdad y, aun más, que la verdad tiene una existencia histórica y posee efectos reglamentados de poder. Así, cada sociedad tiene un régimen de verdad que define a los discursos como verdaderos, que determina su producción y establece sus divergencias con los discursos socialmente falsos, así como el estatuto de quienes los sancionan.

En las. sociedades occidentales u occidentalizadas, la verdad se identifica con el discurso científico y con aquellas instituciones económicas y políticas que la producen, transmiten y requieren. La verdad constituye, también, el núcleo de luchas ideológicas que se manifiestan en el debate político y en el enfrentamiento social.

En medio de todo esto, Foucault atribuye al intelectual la función de analizar los efectos de poder de los discursos verdaderos, y, sólo de manera secundaria, preocuparse si un discurso vehicula o no una ideología científica. Su problema político esencial no debe ser, por tanto, criticar los contenidos ideológicos ligados a la ciencia, hacer que su práctica científica esté acompañada de una ideología justa o "cambiar la conciencia" de la gente. La cuestión es modificar el régimen político, económico e institucional de la producción de la verdad.

Las consecuencias de estas reflexiones genealógicas representan un gran avance frente a la historia de las ideas y a su propia arqueología, porque niegan el valor absoluto y universal de la verdad científica por oposición a la impureza teórica de la ideología, a la vez que circunscriben lo verdadero a sus determinantes sociales y lo analizan en su perspectiva histórica a partir de los impactos políticos que genera. En rigor, Foucault no niega ni descalifica a la ideología, la admite en tanto que existe, aunque no constituya el eje de sus preocupaciones ni el campo de análisis de sus investigaciones. Le interesa la cuestión política -que no es el error, la ilusión, la conciencia alienada o la ideología-, que es la verdad misma.[Nota 22]


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