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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1989

Consideraciones finales


La ideología, que es un. tema marginal en la obra de Michel Foucault, ha sido un buen pretexto para reconstruir los ejes principales de su filosofía. Con este objetivo, nos hemos referido a la crítica foucaultiana de la historia tradicional, de la historia de las ideas y de un cierto marxismo, a través de la negación de tres de sus tesis centrales: la historia continua, el sujeto fundante y el dominio de la ciencia. Lo relevante es que estas tesis constituyen precisamente las objecíones más importantes que el autor esgrime en contra de la noción de ideología.

Foucault se aparta del nivel epistemológico de análisis que fundamenta las concepciones anteriores y propone el método arqueológico para identificar a la ideología en el ámbito del saber como práctica discursiva entre otras prácticas. Sin embargo, posteriormente abandona la primacía de esta descripción de las condiciones de posibilidad de los objetos de discurso, para hacer genealogía. Pasa a centrarse en,el poder como instancia trascendente asociada al saber y concibe el régimen político del discurso.

Sus indagaciones lo llevan a intentar explicar la manera como las relaciones de poder pueden penetrar materialmente en los cuerpos, sin tener que ser sustituidos por la representación de los sujetos. Foucault es suficientemente explícito al respecto:

... no soy de los que intentan estudiar los efectos de poder a nivel de la ideología. Me pregunto, en efecto, si antes de plantear la cuestión de la ideología, no sería más materialista estudiando la cuestión del cuerpo y los efectos de poder sobre él. [Nota 23]

Plantea que el poder no se ejerce a través de construcciones ideológicas, sino por medio de la red disciplinaria que consta de mecanismos sutiles que forman, organizan y ponen en circulación saberes. Las disciplinas disocian el cuerpo, ya que de una parte incrementan sus capacidades y fuerzas con miras a una mayor utilidad económica y de otra parte fabrican cuerpos sometidos, ejercitados y dóciles en términos políticos de obediencia. Concretamente, el éxito del poder disciplinario se debe a la inspección jerárquica, la sanción normalizadora y su combinación con el examen, que han producido al hombre del humanismo moderno.[Nota 24]

Desde esta perspectiva, el poder produce lo real a través de una transformación técnica de los individuos, y los mecanismos de represión e ideología no son más que estrategias extremas de poder. Foucault propone disminuir la imagen jurídica y negativa de las relaciones de poder, para concebir la preeminencia de su dimensión positiva y creativa. Y afirma, "lo que hace que el poder se sostenga, que sea aceptado, es simplemente que no pasa sólo como potencia que dice no, sino ue produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos".[Nota 25]

Puede apreciarse cómo, a diferencia del marxismo, no busca sujetos y objetos sino técnicas de producción y dominación. No se ocupa de la cosificación y enajenación de los hombres sino de investigar cómo el cuerpo es situado, marcado, temporalizado y coleccionado. Tampoco estudia el poder de la mente sobre la fuerza de trabajo, sino a la actividad corporal misma. Por tanto, para Foucault, la conciencia del cuerpo ha sido adquirida como resultado de la ocupación del cuerpo por el poder.

El seguimiento de la deconstrucción de la noción de ideología permite observar los procedimientos a través de los cuales el pensamiento foucaultiano logró sustituir la filosofía del objeto (objeto como fin o causa) por una filosofía de la relación (tornar el problema por la práctica o el discurso). Y, justamente, a partir de esta alternativa se hace posible avanzar aún más en el cuestionamiento del uso tradicional del término ideología.[Nota 26]

Desde esta perspectiva, la ideología idealiza las prácticas a través de racionalizaciones que pretenden explicarlas y se sirve de objetos naturales, dados e inmutables en su esencia, a través de la historia. Esto es, se ocupa de El Estado, El Poder, La Sociedad y demás, como fines o causas, en vez de referirse a las prácticas que los han constituido.

Foucault desplaza la noción de ideología para ocuparse de la descripción y explicación de lo que ha sido el "hacer" y el "decir" en cada momento de la historia. De esta manera, si prácticas son lo que hacen los hombres y el decir es en última instancia un hacer, no hay más que prácticas. Y si las prácticas son creaciones del azar de la historia y no de la conciencia, resulta claro que su propósito sea suprimir el término de ideología en su horizonte de racionalidad prometedora.


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