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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

La estrategia antinarcóticos de Estados Unidos


Dominado por el énfasis en el conflicto estratégico e ideológico bipolar, el "estilo" de la política exterior de la administración Reagan hacia América Latina y el Caribe en particular y al Tercer Mundo en general, se caracterizó principalmente por su unilateralismo (la definición autónoma de interés norteamericano) su doble normatividad (la diplomacia abierta junto a las acciones encubiertas); su recursos al uso -o amenaza de uso- de la fuerza militar; y su renovado idealismo (la voluntad política como factor de un proyecto de reconstitución hegemónica global basado en la creencia de la superioridad ética y moral, el liderazgo mundial y la fuerza de Estados Unidos).[Nota 8]

Aunque desde 1986 la política norteamericana hacia Latinoamérica y el área caribeña fue más "pragmática"[Nota 9], dichas características influyeron decisivamente en la formulación y la aplicación de su política internacional antinarcóticos, cuyo elemento central es el Programa Internacional de Control de Narcóticos (PICN). Este programa, que a su vez es un renglón de la ECN, aparece como la solución primaria al problema de las drogas, ya que además de nutrirse de la percepción dominante estadunidense acerca de este problema, en esencia sostiene que una oferta reducida de estupefacientes tiene como consecuencia una reducción en el consumo interno. Éste es un razonamiento que, de hecho, permea al conjunto de la ECN.

La percepción norteamericana corriente acerca de¡ problema de las drogas sostiene que existe consumo de narcóticos en su sociedad debido a que estos provienen "de afuera" y que son promovidos y controlados por empresas transnacionales del crimen. Pero las percepciones influyentes en los procesos de formación y toma de decisiones de política afirman, además de lo anterior que el "vicio social" o drogadicción de varios segmentos de la población estadunidense se debe principalmente a una conspiración política-delictual destinada a minar y destruir los fundamentos de la nación norteamericana.[Nota 10]

Tal percepción (que encuentra cierta coherencia en el discurso político de ese país, en particular en los núcleos conservadores[Nota 11]) considera que de ese modo se habrían fusionado ciertos grupos políticos con los carteles de¡ narcotráfico, dando lugar a la aparición de nuevos fenómenos como la "narcoguerrilla", el "narcoterrorismo", etc.[Nota 12] Así, tráfico ilegal de drogas, insurgencias de izquierda, terrorismo, y otras actividades "enemigas" a la prosperidad y seguridad estadunidense, son vinculadas en un poderoso racimo simbólico que requiere de una respuesta integral, respuesta que combina lo policial (el enfoque predominante del problema de las drogas) con lo político-militar (el estilo de la política exterior).

Si en teoría la ECN del gobierno norteamericano es una estrategia dual, pues busca reducir -simultáneamente- la oferta de drogas ¡legales mediante la aplicación de la ley y la demanda de las mismas con la prevención y el tratamiento médico, en realidad se trata de una estrategia ofertista.[Nota 13] Esta estrategia supone que la esencia del problema de las drogas consiste en la disponibilidad de narcóticos y en menor medida la existencia de una demanda doméstica. En consecuencia, para poder reducir el abasto, combate la "cadena del narcotráfico", desde el cultivo de las materias primas hasta la distribución al mayoreo y menudeo de las sustancias finales.

Pero la prioridad de esta estrategia ofertista es la "fuente" o el "origen", esto es, el lugar en donde se cultivan y/o producen las materias primas y a continuación su tráfico ilegal.[Nota 14] Por ello las políticas seguidas por el PICN son la erradicación de plantas y la interdicción del flujo de estupefacientes; adicionalmente, la sustitución de cultivos. En esta lógica se supone que al "secarse" el cultivo y la producción no tiene porqué haber tráfico ni consumo de los narcóticos.


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