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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

LA PLAZA FUERTE DE LAS REVISTAS*

Author: Jean Pierrard


Tomado de la revista Le Point no. 87, julio 1989. Traducción de Nora Pasternac.

Las elecciones para el Consejo de Europa no provocan debates. O en todo caso, provocan pocos debates. ¿Habrá que esperar hasta la próxima apuesta política -las elecciones legislativas- dentro de cuatro años, para poder revivir en Francia una batalla de ideas? Los propios políticos deploran esta detención en el movimiento de las ideologías. Balladur habla de "un decaimiento de las convicciones", Mauroy y otros buscan un nuevo rostro para el socialismo.

Es como para creer que discutir por las ideas está pasado de moda. En el terreno político, nadie parece dispuesto a hacerse matar por un concepto. Y sin embargo, no existe verdadera política sin confrontación. De otra manera, ¡todo parece un combate entre "títeres"!

¿Hay razones para desesperarse? No es seguro. En efecto, el debate existe como siempre, pero sin brillantes lentejuelas. Se instaló en las revistas, que aunque sacan cinco mil ejemplares, pueden tener tanto impacto profundo o más- que una seudo-discusión en el Parlamento.

Hace apenas diez años, algunos predecía la muerte de las revistas. Se equivocaron. ¡Ni siquiera la "cohabitación" las hizo desaparecer! Las ideas ya no se enfrentan en la vitrina catódica. Se refugian en las páginas de las revistas. Se crean revistas nuevas todos los días, o casi, como Lignes (Líneas), piloteada por Michel Surya, un émulo de Georges Bataille, que quiere resucitar las batallas de antaño entre literatura y filosofía, sin temerle a la polémica y al choque entre palabras. También hay algunas que mueren, como Roman (Novela), que se había encerrado en una problemática demasiado literaria. "Todos los años se crean por lo menos unas cincuenta", revela Olivier Corpet, redactor en jefe de la Revue des revues (Revista de revistas), una publicación que las reseña a todas y examina su evolución.

Acorraladas durante mucho tiempo entre la prensa "magazine" y la televisión, frágiles puentecillos entre la Universidad, la edición, y el Poder, las revistas -esos "pequeños laboratorios que se dirigen a los productores de novedades intelectuales" como dijo Marcel Gauchet, redactor en jefe de la revista Le Débat (El debate)- reencuentran actualmente una parte de su audiencia. Incluso la más antigua de ellas, la del conservadurismo bien temperado, la célebre Revue des Deux Mondes (Revista de los dos Mundos) -viene desde la Restauración- cambia de piel y se renueva. Hasta se habla, entre el busto de Charles Buloz, el ancestro, y el retrato de Ferdinand Brunetiére, el gramático, de renovarle próximamente la famosa tapa anaranjada. Entretanto, su director, René Le Moal, que viene de la prensa industrial, acaba de rejuvenecer el contenido y entreabre las puertas. Al lado de firmas académicas como la de Maurice Schumann o la de Michel Debré, se encuentran las de jóvenes autores de chamarra de cuero y colaboradores de Libération.

La izquierda, ex-católica, huérfana de Michel Rocard y de Edmond Maire, con la revista Esprit se dio un nuevo director, Olivier Mongin, y se rearma con el objeto "de actuar nuevamente en un espacio público" y volver a tocar los medios sociales...

En el feudo de la alta inteligencia liberal, Jean Claude Casanova -entre las fotos de Karl Marx, Alexis de Tocqueville y Raymond Aron- sonríe: "Hemos ganado". No se refiere solamente a sus nuevos lectores, sino también a los demonios que di, sus amigos y su revista han contribuido a exorcizar en cierta manera: el marxismo y la unión de la izquierda. Incluso si este amigo de Raymond Barre olvida confesar que, para encontrar los caminos de¡ poder, su equipo y él deberán arder.

Entretando, Barre, "por pudor" escogió hace algún tiempo otra revista para dar sus últimas reflexiones sobre el estado de¡ mundo y de su persona: Le Débat, fundada y dirigida por el historiador Pierre Nora. Y esto hace decir al director de Les Temps Modernes (Los Tiempos modernos), Claude Lanzmann, que Le Débat es "el establishment académico-profesoral"...

En resumen, la competencia puede ser severa en el mundillo de las revistas. Y los juicios, más bien asesinos. Como prueba, en uno de sus últimos números, Commentaire publica la traducción de un artículo británico consagrado a la biografía de Jacques Attali. ("Un hombre de influencia, Siegmund Warburg"), donde, en algunas líneas, las 572 páginas de¡ consejero especial son bautizadas: "guirnaldas de errores" o "libro demasiado fundamentalmente viciado"...

Ese mundillo tiene también sus dramas: recientemente, el responsable de Etudes, el padre Valadier, fue destituido. Este portavoz de un catolicismo abierto había llevado al doble la difusión de su revista, que alcanzó los doce mil ejemplares en pocos años.

Al administrarle indirectamente ese severo culatazo, Monseñor Lustiger, considerado en los medios católicos como el inspirador de esa mala jugada, habría olvidado que una parte de su notoriedad en los medios intelectuales de la capital viene precisamente de una revista. Justamente Le Débat, al publicar en 1982 la primera entrevista de fondo del futuro cardenal (entrevista robada, por otra parte, a un cotidiano israelí .. ), había contribuido a legitimarlo ante los ojos de la intelligentsia parisina. La entrevista lo presenta como un personaje a la vez brillante y lleno de humor... Dotado de una dialéctica a la Sollers, de alguna manera. En cuanto a Philippe Sollers, al lanzar hace seis años L'Infini (El Infinito), encontró su camino, que le permite zigzaguear entre Volcarme y Jesucristo. Aunque sin lograr todavía que se olvide a Tel Quel (Tal cual), la tarjeta de presentación más brillante del París literario entre los años 60 y 75.

Las revistas ya no contribuyen, como antaño, a "lanzar" a un escritor, pero siguen siendo los únicos pasajes obligados para lanzar una idea. Un fino conocedor, Claude Cherki, director de L'Historie y futuro Presidente Director General de Editorial du Seuil, explica: "Es más fácil someter a prueba una idea en un artículo de veinte páginas que en un libro." Las revistas siguen siendo el crisol indispensable, incluso si los tiempos cambiaron mucho desde la gran época, la de la guerra fría y los años siguientes, cuando un Jean Paul Sartre, en Les Temps Modernes, tenía derecho de no ver a Cuba más que a través de un prisma caricaturalmente benévolo.

Todos los responsables de revistas lo repiten: el hacha de guerra ideológica está por ahora enterrada. Pero cada director tiene sus propias visiones de un nuevo debate de ideas. Para Michel Surya, de la revista Lignes, conviene comenzar otra vez a "repensar el mundo lo más ampliamente posible". Sin blandura. Volviendo a otorgar su lugar a la polémica, e incluso a un tono más rígido. El tono disminuido, es decir el olvido del análisis en provecho de la información, es algo que Michel Surya ya no quiere. En lo sucesivo, para constituir el sumario de su revista, prefiere llamar a Jean Baudrillard y no a Raymond Barre; a Jean Starobinsky antes que a Michel Rocard: el análisis en lugar de la acción.

Enfrente, acampando en sus respectivos bastiones, Pierre Nora (Le Débat) y Jean Claude Casanova (Commentaire) ven sus funciones casi de la misma manera: la paz ideológica del momento favorece la discusión, el intercambio de ideas. En esas condiciones, para Marcel Gauchet poco importa que sólo haya "revistas del establishment". Este es el tono que predomina. Las nuevas generaciones de la intelligentsia deben adoptar un nuevo estilo. Según Gauchet, en el fondo, el debate de las ideas se ha mundializado y es necesario que los productores de ideas dispongan de "tesorerías" intelectuales suficientes como para ganar las batallas que se desarrollan en los nuevos mercados.

Las cuestiones que plantean Le Débat y Commentaire no tienen nada que ver con las querellas ideológicas que los intelectuales idolatraban en los años sesenta, tipo "la ruptura epistemológica en Marx". Al contrario, a lo largo de sus números, Le Débat continúa reflexionando sobre la crisis del Estado-providencia o los nuevos modelos de funcionamiento del espíritu humano. En la intersección de la informática, la inteligencia artificial y la psicología, ¿no convendría volver a dibujar "el mapa de una ciencia del funcionamiento del espíritu'? Como se comprende, para Le Débat se trata de hacer reflexionar sobre todo a las élites. Y cuando Marcel Gauchet confiesa un "reformismo que apele a las competencias" no puede más que recibir la adhesión de un Jean-Claude Casanova. Incluso si la visión del último fiel en esto a la tradición liberal de Raymond Aron- lo lleva a cultivar una mirada más histórica sobre la Francia actual. Sin embargo, las dos revistas no están muy alejadas una de otra en su elitismo, hasta el punto de que intercambian frecuentemente sus grandes firmas de autores.

A pesar de esto, no todo es intercambiable, porque el recurso de las revistas, y su motor, es ante todo un hombre, el director-animador, que se apoya a menudo en su comité -tanto en Esprit como en Commentarie- y este último decide con él la selección de los artículos y de las reacciones que conviene presentar ante la actualidad. Todos esos colaboradores trabajan de manera voluntaria. El alma de las revistas está allí. Esto explica la calidad de las relaciones mantenidas con los lectores, a menudo suscriptores. Incluso si raramente son más de cinco mil, salvo en el caso de Etudes que cuenta con unos diez mil.

La Revue des Deux Mondes, que confiesa dos veces más de fieles, se beneficia en realidad con las suscripciones pagadas, según una tradición interminable, por el Ministerio de Relaciones Exteriores, con el pretexto de proyectar el brillo de la cultura francesa... Esprit acaba de removilizar a sus animadores locales, que se ocupan tanto de las relaciones con los libreros como de los contactos con "el espacio público y los medios sociales". Trescientos "lectores militantes" se manifestaron estos últimos tiempos en todos los rincones del Hexágono, afirma Olivier Mongin, y han aceptado responsabilizarse por las revistas.

La nostalgia no circula por las revistas. Nuevos vientos soplan y son anunciadores. Después de años de apariencias engañosas podría instalarse una atmósfera de rearme intelectual: las revistas ya están en la vanguardia.


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