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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

2 Los civiles y la guerra


Uno de los elementos centrales en el análisis moral de las guerras desde el siglo V es el de la distinción entre combatientes y no-combatientes. Esto es, si los ejércitos belicosos aspiran a alguna forma de justificación moral de los actos violentos que realizan, éstos tendrán entre otras cosas que ser capaces de distinguir entre soldados enemigos y civiles indefensos, en el entendido de que cualquier ejército que ataque intencionalmente ala población civil no combatiente no estará realizando un acto legítmo de guerra sino un crimen inmoral.

En el mundo de la guerra contemporánea, el mundo de "la guerra masiva" en contra de poblaciones enteras y el de las armas que no permiten ninguna forma de discriminación entre soldados enemigos y población civil (armas nucleares, napalm, armas bacteriológicas, etc.), este principio de "discriminación" ha sido frecuentemente ignorado y violado. Varias de las películas que hemos tratado en la sección anterior abordan este tema, sobresalen de entre ellas Platoon, Full Metal Jacket y Apocalypse Now. Pero hay algunas otras que se han dedicado casi exclusivamente a analizar el tema de la vida de los civiles en los períodos de guerra.

La película que inicia esta década de nuevo cine de guerra es indudablemente Coming Home de Hal Ashby. En esta película, el director de Harold and Maude y Shampoo, nos cuenta la guerra vista desde los ojos de una mujer que convive y comparte la experiencia en el campo de batalla, y el otro que ha vuelto lisiado permanentemente de la guerra.

A lo largo de más o menos un año en la vida de la heroína de esta película (Jane Fonda), la vemos transformarse de una esposa ingenua, sensibilera, abnegada y patriotera, en una mujer confundida y valerosa, más consciente de sí misma y del mundo que la rodea, pero sobre todo más consciente de los efectos que las guerras tienen sobre los hombres que las luchan.

En la historia bélica de occidente las mujeres, como los niños y los ancianos, han sido preponderantemente víctimas pasivas de las guerras y casi nunca sus actores. La aprobación o desaprobación femenina activa de las guerras que los hombres pelean casi exclusivamente entre ellos, y su participación en el campo de batalla, fueron novedades de la guerra de Vietnam y de la década de los sesenta. En este sentido Coming Home tal vez debería llamarse Waiting at Home entre otras cosas porque tiene el gran mérito de relatarnos la guerra privada y pública que libraron algunas mujeres norteamericanas que esperaban la vuelta de sus hijos y esposos. Una guerra personal que las transformó profundamente a pesar de no haber presenciado ni una sola batalla.

El fenómeno de los movimientos migratorios de guerra y posguerra -los refugiados de guerra- ha tenido durante las últimas dos décadas una virulencia insospechada. Este fenómeno de grandes proporciones ha afectado profundamente tanto a las sociedades emisoras como a las receptoras derefugiados. Alamo Bay del realizador francés Louis Malle --- enteramente escrita, producida y dirigida en los Estados Unidos- narra la historia de lallegada de un grupo de refugiados subvietnamitas a un puerto pesquero al sur de Texas. Estos nuevos inmigrantes encuentran a su llegada un panorama parecido al de los veteranos americanos: una sociedad que los recibe con una compleja y ambivalente mezcla de rechazo y comprensión, a la que se agregan la xenofobia y en ocasiones el racismo.

Alamo Bay no es sólo un análisis de las secuelas que la guerra tiene sobre los que se ven forzados a refugiarse de ellas, es además una visión comprensiva de los dilemas y ambivalencias con los que se enfrenta frecuentemente la democracia americana y una descripción de la heterogeneidad de las opiniones que la componen. Es también un esfuerzo por dar cuenta de las formas en que la sociedad americana ha intentado resolver esos dilemas y ambivalencias.

Al final de la intervención militar americana en el sudeste asiático, muchos americanos y muchos más aliados suyos permanecieron voluntaria e involuntariamente en los territorios controlados por los nuevos gobiernos comunistas. La vida de estas personas, y los esfuerzos de familiares y amigos por rescatarlos, ha sido el tema de un buen número de películas que podríamos agrupar en un subgénero del nuevo cine de guerra que denominaré el "cine de venganza". Este subgénero (Uncommon Valor, Missing in Action, First Blood, Rambo, Rambo III, etc.), no ha hecho más que reproducir el maniqueísmo del cine de la posguerra, en ocasiones con peores actores y técnicos.

Se distingue de entre las películas que abordan esta temática The Killing Fields, de Roland Joffe. The Killing Fields es una película original en más de un sentido. Por un lado, no ocurre en Vietnam sino en Cambodia, no es una historia de soldados sino de periodistas civiles que cubren las noticias de guerra, y no es definitivamente un drama épico. The Killing Fields narra la historia verdadera de Dith Pran y Sydney Schanberg, corresponsales de guerra del New York Times durante la invasión de Cambodia.

La película se inicia en los días en los que el Khmer Rouge comienza su férreo control del país. La xenofobia del ambiente que sucede al triunfo del movimiento nacionalista es el contexto en el que Pran, nativo cambodiano, y Schanberg, ciudadano americano, realizan su trabajo periodístico arriesgando continuamente sus vidas. La violencia creciente y la intolerancia del partido en el poder en contra de las personas o instituciones que simbolizaran la presencia colonia¡ francesa o americana (y eventualmente occidental), culminó con la expulsión del país de todos los periodistas occidentales. A pesar de los desesperados esfuerzos que realizan, Pran se ve forzado a permanecer en Cambodia donde le espera una muerte probable.

La segunda parte de la película está enteramente dedicada a la experien. cia por la que atraviesa Pran durante los cuatro años en los que tiene que hacerse pasar por un campesino ignorante en tanto espera una oportunidad para escapar del país. A lo largo de esta segunda parte, contemplamos la desolación de la violencia que sucede a las guerras. La película es especialmente exitosa al hacernos entender que las guerras rara vez terminan cuando el ejército derrotado se retira, y que el poder de los militares y el uso crónico de la fuerza bruta son realidades que tardan mucho tiempo en erradicarse.

Durante estos cuatro años, Schanberg hizo todo lo que un periodista puede hacer por rescatar a su colega y amigo. En lugar de organizar un comando de rabiosos veteranos, Schanberg escribió cientos de cartas y decenas de artículos tratando de presionar y obtener información sobre Pran. Sin embargo, su ardua labor resultó ser tan inútil como la de los contados comandos verdaderos que han incursionado en el sudeste asiático para rescatar prisioneros. Finalmente es el ingenio, la resistencia y la paciencia de Pran la que le permite sobrevivir y eventualmente escapar por la frontera hacia un campamento de la Cruz Roja.

El retiro de las tropas americanas del sudeste asiático, y la subsiguiente reducción de la influencia militar de los Estados Unidos en todo el mundo menos en el Medio Oriente, no fue la "victoria de la libertad" que muchos esperaban. Por el contrario, produjo un vacío de poder del cual emergieron gobiernos terriblemente pertubadores para cualquier persona con valores y esperanzas democráticas para la humanidad. El poder militar soviético y un gobierno militar fuertemente influenciado por los soviéticos fue la realidad emergente no sólo en Vietnam, sino también para 1980 en Laos, Cambodia, Afganistán, Yemen del sur, Etiopía y Angola. Es evidente que la disminución del rol de los Estados Unidos en la política internacional, la política del détente en sustitución del deterrence y la reducción del gasto militar americano, no persuadieron a la Unión Soviética de aumentar su influencia e intervención militar en el Tercer Mundo, de incrementar su gasto militar, y de recurrir en ocasiones a la agresión. Una política que, dicho sea de paso, los soviéticos están revirtiendo en la siguiente década.

En este contexto, The Killing Fields y Alamo Bay, antítesis del cine de venganza, tienen el mérito de relatar dos de las muchas historias de sobrevivencia que cotidianamente tienen que luchar hombres y mujeres civiles que se ven atrapados en conflictos armados en los que no se respeta su inmunidad de no-combatientes, y en los que, sin grandes heroísmos y mucha sensatez, a veces consiguen ganar.


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