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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

FRANCISCO PRIETO, DESEO,

Author: Luis fernando Brehm.


Francisco Prieto, Deseo, México, 1989, Joaquín Mortiz Ed., 229 pp. ISBN. 968-27-039-8

Por los caminos del deseo

Un día de octubre de 198.... Rubén Ocampo abandonó el penal de Santa Marta Acatitla en la ciudad de México después de pasar allí siete años de una condena de quince por un acto que no había cometido. (p. 1l).

Así empieza Deseo, y desde esta entrada se anuncia la presencia de una historia, la de Rubén Ocampo desde que abandonó el pena¡ hasta que abandonó la vida, después de un año de triste libertad, inscrita en "El prisionero" de Cernuda:

Atrás quedan los muros

Y las rejas, respira

La libertad ahora,

A solas con tu vida.

Como nube en el aire,

Como luz en el alba,

Mira la tierra toda

Abierta ante tu planta.

Más libertad sin nadie

Ganaste, y te parece

Victoria desolada,

Figura de la muerte (p.8).

La novela se estructura en cuatro partes: en la primera, se presentan los personajes, Rubén que sale de la cárcel, y va, posiblemente, en busca de la vida, Marta, Ligia, Carlos, Vidal y Octavie, Juan Emilio, el P. Aguilar y Francisco, quien va a ofrecerle sentidos a la vida de los protagonistas.

Enunciados los predicados de base de cada personaje, descubrimos quién es cada uno de ellos. En la segunda parte se tejen los predicados de deseo de cada ser. Así sabemos lo que quieren a través del relato que te hace Rubén it Francisco sobre los hechos acontecidos durante el año que transcurrió, desde que Francisco arregló la entrevista Rubén-Ligia en el hotel Diplomático. El lector escucha al lado de Francisco, las relaciones de Rubén con Ligia y con Marta.

La tercera parte refiere las acciones que pone en juego Francisco para ofrecer a Rubén y a Marta caminos de libertad.

La última parte tiende la recolección de los hechos sobre las líneas y marca el desenlace de las relaciones de Rubén Ocampo con los seres del relato.

Para que la novela ocurra, necesita de un espacio ficticio por donde el lector pueda pisar y seguir con vitalidad la historia.

Las acciones de los personajes se desarrollan en la ciudad de México y en Acapulco. Asistimos a una recreación del espacio citadino, especialmente en el sur del D. F., con pinceladas sobre el centro y Chapultepec. En la novela nos acercamos al México real desde la ficción de Deseo, a partir de los signos de la espacialidad y de lo temporal.

La novela se teje como un juego bien armado desde la misma estructura, con simultaneidades que parecen cuadros cinematográficos, con reiteradas retrospecciones que vienen estrenadas al presente, gracias al hábil manejo del lenguaje.

Deseo acude como cincel ficticio que esculpe la ilusión del realismo a través del juego de una crónica que refiere la historia de Rubén Ocampo. Francisco se autodefine como redactor de la crónica y se convierte en uno de los participantes en ella:

El redactor de esta crónica les conoce bien. Todos crecieron en la misma colonia incluido Rubén Ocampo-, la Anzures, y cuando la elección de carrera, este cronista fue el disidente (p. 37).

Por otra parte, el lector se transforma en personaje-oidor- vidente de la crónica de Francisco; dentro de la novela. El lector confidente forma parte de la narración porque actúa en ella, siempre al lado de la voz narrativa: "En el hotel -recuerda el cronista-, recibirnos la noticia de que el teléfono estaba suspendido" (p. 89). Cuando caminamos por los sueños de Rubén Ocampo en la Plaza Roja, el narrador comenta: "hete aquí que su mente efectuó un corte directo" (p. 96). La ocurrencia del lector es frecuente en la novela, siempre como el receptor del discurso de Francisco, en especial en el ¡momento en que cavila: "En un instante, vaya usted a saber por qué, pensé que el relato de Rubén tendría suficiente densidad e interés (p. 104).

En Deseo se arma tan bien la literatura como juego, que Francisco Prieto, el personaje ficticio, actúa en ella con características muy similares a las del Francisco Prieto extraliterario. El delineamiento de los personajes, las secuencias de la historia, el ambiente en donde se mueven los actantes, crean el suspenso y la impresión de que están metidos en la realidad; sin embargo, al descubrir los encantamientos del juego nos encontramos asombrados ante la verosimilitud, porque todo lo que sucede en la ficción es inmensamente parecido a la realidad, precisamente porque la obra está construida con transparentes signos literarios.

El lenguaje literario en Deseo se abre al tejido del discurso de la representación, como si se tratara de acotaciones para la actuación de un actor-personaje, por ejemplo cuando Marta y Carlos se van a encontrar en el zoológico de Chapultepec, frente a la bien connotada jaula de los tigres:

Marta Jismero ha llegado, puntualmente, frente a la jaula de los tigres en el bosque de Chapultepec. Marta Jismero se descubre, de pronto, paralizada. Marta Jismero ha vuelto a ser, unos instantes, la muchacha de hace ya siete años. Martha Jismero piensa que no puede, no debe estar así: las piernas le tiemblan. Marta Jismero grita cuando siente que la engarzan por la cintura (p. 41).

Los rasgos significativos de la descripción están en íntima presencia con la vida interior que habita en el personaje. Cuando Francisco y Rubén se encuentran en el departamento de Marta, en la colonia Nápoles, los objetos de la estancia se hacen palabra que vibra al unísono con el estado anímico de Rubén:

Había en el comedor dos naturalezas muertas de un pintor discreto y de buena técnica y en la sala unas flores mustias de Pilar Castañeda que transmitían una tristeza a un mismo tiempo amable y resignada, pero también un delicioso paisaje de Joy Laville donde el campo parecía desvanecerse, desfigurarse en trazos suaves y firmes que hablan de una ternura presente y contenida (p. 101).

El lenguaje se convierte en poética de la situación cuando expresa con exactitud al ser inquieto, vacilante, como si describiera el paisaje de la interioridad del hombre:

Iba ya hacia Rubén cuando mis piernas no me respondieron y la tentación de evadir su presencia se manifestó. Una fuerza oculta, sin embargo, hizo que gritara su nombre (p. 72).

En la novela, la palabra, en la interlocución de los personajes es cruda, directa de áspera entonación, porque refleja con atinada mímesis los modos de ver y de decir la vida. Por la palabra cobra tal fuerza la ilusión de la realidad, que provoca la pregunta constante: ¿hasta dónde lo ficticio, hasta dónde lo real?

Deseo es una ficción que parece la crónica de la cotidianidad de seres humanos metidos en situaciones similares.

Deseo dice más del hombre y de la mujer en relación que la propia realidad, porque le quita los velos a la apariencia y deja al lector contemplando el paisaje, no siempre agradable, de las interioridades.

La obra de Francisco Prieto, el escritor, es una invitación a visitar las partes silenciadas del hombre, ésas que callan cuando la pegunta de la otredad parece romper la imagen inventada del Yo. Por la literatura el lector camina por los recovecos del deseo que a veces es liberación y en ocasiones, esclavitud, atadura a creencias que se pueden convertir en magia.

La novela invita a vivir a cada personaje en su condición humana, a ser Rubén Ocampo y Marta, y Ligia.... a entrar en la lectura con el balbuceo de una interrogación: ¿qué sentido tiene la vida?, para salir del relato con la misma pregunta; pero hacia adentro del propio ser.

Deseo es literatura de colores fuerte, de palabras que liberan a partir de un enfrentamiento. La obra cuenta de la vida y del dolor y sus signos cantan lenguajes que señalan el sentido del humanismo en el amor por la persona. Al terminar la lectura, el receptor se transtorna y se transforma, porque le puede encontrar nuevos sentidos a la vida.

De labios de Carlos Aguilar salen palabras que no logra atrapar Rubén Ocampo, pero que se las apropia Francisco Prieto, el personaje, la persona, y las cristaliza en la escritura literaria, en la vida: "Un hombre, en la medida que se lo propone, puede ser todos los hombres" (pp. 30-31).

Francisco Prieto plasma en Deseo la literatura corno juego, porque emplea con sorprendente objetividad la palabra y los matices del discurso; pero como un juego muy serio.

Francisco Prieto crea una literatura que cala al lector, porque pinta con bien coloreados pinceles, el paisaje de la interioridad del hombre.

Deseo es una novela para meditar la vida y preguntarse por el sentido del amor.

LUIS FERNANDO BREHM

Univ. Guadalajara; UIA León.


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