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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

ITALO CALVINO, SEIS PROPUESTAS PARA EL PRÓXIMO MILENIO,

Author: Alberto Sauret.


Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio, Madrid, Ediciones Siruela, 1989, 148 pp., traducción de Aurora Bernárdez, ISBN 84-7844005-4

"Las realidades y las fantasías pueden cobrar forma sólo a través de la escritura."

Estas notas también tienen una intención de minúsculo homenaje póstumo.

Las conferencias que componen este libro, destinadas para su lectura en la Universidad de Harvard, guardan un valor testamentario porque Calvino trabajaba en ellas al momento de su muerte; porque Iras cuarenta años de escribir fiction, tras haber explorado distintos caminos y hecho experimentos diversos, rezuman un saber esencial del escritor y el erudito; pero sobre todo, porque son la entrega de una definitiva profesión de fe: "Mi fe en el futuro de la literatura consiste en saber que hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar."

Calvino, acucioso testigo de su tiempo, concluye su vida con este texto inconcluso pero conclusivo del milenio que pronto habrá de concluir, el que "vio nacer y expandirse las lenguas modernas de Occidente y las literaturas que han explorado las posibilidades expresivas, cognoscitivas e imaginativas de esas lenguas". Es un legado para los sobrevivientes del próximo milenio y para la sobrevivencia de la literatura, cuya función consiste en "establecer una comunicación entre lo que es diferente en tanto es diferente, sin atenuar la diferencia sino exaltándola, según la vocación propia del lenguaje escrito". Por cierto las manos -y sobre todo las mentes la obra no deben aguardar la consumación de semejante ciclo cósmico, cuando bajo la ofensiva de otros medios "corrernos el riesgo de achatar toda comunicación convirtiéndola en una costra uniforme y homogénea".

Pero es imperativo de la creación literaria también sobreponerse a los condicionamientos del mercado del libro, no claudicando con la experimentación de nuevas formas, donde una máxima concentración de lirismo y razonamiento, disolvente de las diferencias entre poesía y prosa, será valor fundamental. Aquí, como en otros momentos, de su minucioso conocimiento de la literatura universal destaca el ejemplo admirado de Calvino por "un maestro de la escritura breve, Jorge Luis Borges", de quien piensa es el creador de "la última gran invención de un género literario a que hayamos asistido", cuyos preanuncios de lo que más tarde en Francia se llamará literatura potencial, ya pueden rastrearse en Ficciones.

Creo que el tenor testamentario del texto se manifiesta más claramente aún cuando observamos la hondura en que su autor enraíza al quehacer literario. Calvino diagnostica "una peste del lenguaje", caracterizada por la vaguedad, la imprecisión y el vaciamiento de sus formas, infalible síntoma de la vasta epidemia de basta espiritualidad que sume a la humanidad. "Mi malestar se debe a la pérdida de forma que compruebo en la vida, a la cual trato de oponer la única defensa que consigo concebir: una idea de la literatura."

Sin tomar partido por las definiciones más aceptadas para la imaginación, como fuente de conocimiento o como identificación con el alma del mundo, sino reconociéndose en la idea de lo imaginario como repertorio de lo potencial, es decir, en lo que podría ser en tanto que hipotéticamente concebible, Calvino con desazón se pregunta si este poder de evocar imágenes en ausencia tiene posibilidades para continuar desarrollándose bajo un régimen de vida cada vez más inundado por el apabullante diluvio de imágenes prefabricadas, carentes de toda íntima necesidad.

Con un desarrollo en parte secuencial de las exposiciones, el pensamiento de Calvino va ganando en profundización, comprensión y consistencia, va atando cabos cuidadosamente dispuestos para su anudamiento en el momento oportuno. La experiencia de esta construcción discursiva acentúa el sentimiento de pérdida ante la ausencia de la malograda sexta conferencia, con la que el escritor acabaría el conjunto. La quinta, imprevistamente convertida en última entonces, constituye un trabajo singularmente sustancioso, donde Calvino precisa el que cree gran desafío que aguarda a la literatura, a la novela como posibilidad de conocimiento aunque necesariamente inacabado, integral de nuestra época: medio de "entretejer los diversos saberes y los diversos códigos en una visión plural, facetada del mundo".

Curiosamente, al precisar prescripciones estéticas sobre la novela Calvino recurre al ejemplo de dos escritores ajenos al género: Paul Valéry, quien confesara siempre andar a la búsqueda del Fenómeno Total, pero también con la convicción de que "una filosofía debe ser portátil" y Borges, en quien encuentra consumado ese ideal de "exactitud de imaginación y de lenguaje". Pero "las razones de mi predilección por Borges no se detienen aquí .. : porque cada uno de sus textos contiene un modelo del universo o de un atributo del universo: lo infinito, lo innumerable, el tiempo eterno o copresente o cíclico; porque son siempre textos contenidos en pocas páginas, con una ejemplar economía de expresión; porque a menudo sus cuentos adoptan la forma exterior de alguno de los géneros de la literatura popular, formas que un largo uso ha puesto a prueba convirtiéndolas en estructuras míticas''.

Todas las consideraciones de Calvino confluyen para fundamentar lo que llama la hipernovela, narrada en forma de una escritura concentrada que se ramifica y extiende como red virtualmente infinita para estructurar la totalidad de los posibles. Esta apología de la novelística, de cuya búsqueda da cuenta con obras de su propia creación y otras, como La vida, instrucciones de uso, de Georges Perec, por muchas razones "el último verdadero acontecimiento en la historia de la novela" conduce a Calvino a la confesión de su mayor deseo: "una obra concebida fuera del self', quizá "la meta a la que aspiraba Lucrecio al identificarse con la común naturaleza de las cosas"

Pero, pretender una escritura que desborde una perspectiva individual no sólo con la intención de penetrar en otros no es, sino para hacer hablar a lo que no posee la palabra- al pájaro, al árbol, a la piedra, al material plástico- ¿no será un objeto desmesurado? Sin duda lo es y Calvino lo sabía; es más, lo sabía imprescindible: "La literatura solo vive si se propone con objetos desmesurados".

Varios días después de haber dado por finalizadas estas líneas y con otra finalidad, volví al texto en busca de un fragmento--que como sucede casi siempre- no logré encontrar, pero--como sucede siempre--hallé otra cosa, un paisaje que hoy al corregir las pruebas de esta revista me empuja al empujar el punto final. Estas palabras con las que Calvino retoma el tema inicial de su primera conferencia para concluir la, abstraídas del texto literario y vueltas sobre su contexto vital, se cargan de un insospechado postrero patetismo:

"Queda todavía un hilo el que comencé el que comencé a desovillar al principio: La literatura como función existencial, la búsqueda de la levedad como reacción al peso de vivir."

ALBERTO SAURET

Departamento Académico de Estudio Generales, ITAM.


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