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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

El periodista


Ramón Zorrilla no cayó nunca en ese pecado de los intelectuales que consiste en ignorar las cosas cotidianas. Para él todo merecía reflexión; era fundamental integrar el material que constituye un periódico por diverso que sea. Todo aquello era el reflejo de la vida y a cada cual tocaba hacer el montaje. Uno no estaba nunca por encima de la vida sino dentro de ella y para crearse un destino sanamente era necesario crearse también la capacidad de ver las partes y el conjunto.

Leía y nos incitaba a leer periódicos y revistas de México y del extranjero. Cuando estos últimos se referían a México, solía tomar Ramón las informaciones y discriminar aquellos puntos de vista que obedecían a otra cultura para hacernos ver, a sus amigos más jóvenes, cómo se podían entender las cosas sin comprenderlas, lo que significó, para mí al menos, una lección invaluable de lo que hoy día se denomina comunicación transcultural.

Me impresiona, al evocar a Ramón, su capacidad para interesarse en el acontecer social y en sus protagonistas, situándose siempre en disponibilidad de diálogo y buscando que éste fuera efectivo, que se tornara realidad si los protagonistas estaban a su alcance.

Las magníficas columnas que publicara en la página editorial de Excélsior cuando Julio Scherer García la dirigía y que se prolongaron los primero años en que aquél asumió la dirección general del periódico, merecerían publicarse en volumen pues dan testimonio de unos años de la vida de México que es necesario revisar muy atentamente para comprender la situación actual. Ésos son los años comprendidos entre 1966 y 1972. En esos artículos, Ramón genera un estilo de periodismo de opinión que a partir de entonces sería imitado: una primera parte, condensaba el asunto respondiendo a una lectura atentísima de los diversos reportajes y declaraciones aparecidos en los periódicos; la segunda consistía en el comentario que enlazaba el hecho con el pasado y advertía sus consecuencias probables.


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