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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

IN MEMORIAN RAMÓN ZORRILLA

Author: Luz María Silva[Nota 1]


Ramón Zorrilla (31 oct. 1925-7 ago. 1989) fue muchos años profesor de tiempo completo en el Departamento de Estudios Generales del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Estudió filosofía en España, fue editorialista de Excélsior y de El Nacional. En varias ocasiones complementó su labor académica y de investigación con consultorías y colaboraciones en distintas empresas. Profesor y amigo inolvidable, a raíz de su fallecimiento tomé conciencia de cuán poco hablaba Ramón de sí mismo. Generoso para transmitir su conocimiento, fue parco para hacerlo con sus experiencias. Las anécdotas brotaban fáciles y frecuentes de sus labios, pero los protagonistas siempre eran otros, no él.

De 1984 a 1987 Ramón colaboró como asesor externo en el Departamento de Estudios Sociales de Banamex. Algunos de sus ensayos ahí escritos forman parte de esta antología. Agradecemos a la institución el permiso de reproducirlos. Fueron seleccionados por Andrés Albo Márquez, alto funcionario de ese Departamento, licenciado en Ciencias Sociales del ITAM, con Maestrías en Ciencia Social y en Ciencia Política de la Universidad de Siracusa en Nueva York. Como Andrés fue primero alumno y luego discípulo de Ramón, decidí pedirle que me caracterizara a nuestro personaje. Su respuesta fue más o menos como sigue:

El Maestro Zorrilla fue un gran profesor. Nada le causaba más placer que el darse cuenta de que el alumno había entendido. Era muy observador. Tenía la costumbre de permanecer al margen. Sus clases eran socráticas, a través del diálogo hacía que expusiéramos nuestras posiciones. Nunca faltaba al salón de clase pero sus mejores cátedras las dio en torno a una mesa de café, en su cubículo o cuando nos llevaba a conocer el centro de la ciudad, en el camión del ITAM. El Maestro nunca perdió la costumbre de ser editorialista: hablaba de los demás. Varias veces le pregunté directamente cosas concretas sobre él. Nunca me contestó. Siempre se salió por la tangente. Conoció a muchas personas e influyó en su formación. Era contrastante su apariencia formal y ceremoniosa con su trato fácil, hijo de un misticismo entre irónico y resignado, no exento de escepticismo.

Además del amor por sus alumnos, Ramón fue profundamente mexicano. Se mostró muy complacido cuando Andrés se fue a estudiar a los Estados Unidos. Para él era importante vivir fuera de México, aprender otras costumbres, ver otras culturas. Era una manera de reafirmar el nacionalismo, el amor por nuestro país. Había estudiado profundamente a los ensayistas mexicanos. Lo recuerdo citando de memoria a López Velarde, a Samuel Ramos, a Octavio Paz. Sin embargo, insistía en enseñar a sus alumnos con ayuda del periódico, quería que entendieran el aquí y el ahora.

Como buen humanista no era muy amante de la tecnología. Infinidad de veces rehusó escandalizado mi invitación a desayunar chilaquiles hechos en el horno de microondas y me criticó, con su característico humor incisivo, mi gusto por las computadoras. Ironías del destino, casi al final de su vida, Ramón Zorrilla usó la computadora de Estudios Generales y aprendió a escribir en el procesador de palabras,


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