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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

¿Qué pasa ahora?


Con la llamada Reforma Política, con la aparición inmediata después de un partido político de izquierda, el PSUM, el sistema político funcionó como antes había funcionado durante medio siglo con el PAN.

Por muchos conceptos el poder del Ejecutivo se ha amplificado. El nuevo Presidente recibió potencialmente mucho más que lo que los Presidentes tuvieron seis, doce, dieciocho, veinticuatro o treinta años antes. La nacionalización de la banca puso en manos del poder estatal, más que el dinero, "el poder del dinero" que antes se repartía en diversos grupos de iniciativa privada que manejaban las finanzas del país.

Las reformas constitucionales de diciembre de 1982 reformaron por otra parte las facultades -esto es, el poder - del Ejecutivo en materia económica.

Sin embargo en un sector de la opinión pública se afirma que el actual Gobierno ha dado un giro: ¡a la derecha!

En apariencia los sectores empresariales parecen más agresivos que en cualquier otro tiempo. La izquierda, por su parte, parece más desunida que nunca antes.

Las relaciones Gobierno-sector obrero no han sido tranquilas. Si las discrepancias no han llegado a mayores esto parece ser más bien acreditable a la experiencia política de los líderes obreros que a la habilidad política de los funcionarios oficiales.

Dentro del equipo básico del Gobierno Federal no se han dado cambios importantes.

En lo que se refiere a las entidades federativas se sintió brusquedad en el retiro de dos Gobernadores, el de Yucatán y -más recientemente- el de Guanajuato. En el segundo caso parecieron acentuarse divergencias entre lo que podría llamarse parte política y parte técnica del actual Gobierno.

Por primera vez en la historia de México se han dado tres gobiernos consecutivos en los que el Primer Mandatario no tuvo antes ningún cargo de elección popular.

La experiencia política de los miembros del gabinete es mucho menor a la de sexenios anteriores. En el propio Poder Legislativo muchos diputados y senadores (incluso el líder de estos últimos) han llegado al cargo desde posiciones anteriores no electorales.

El sector político y el sector técnico parecen tener lenguajes distintos y formas diferentes de pensar.

En otro orden, en el manejo de política de comunicación y de información y propaganda parece darse una contradicción entre la que se maneja desde la Presidencia y la política seguida por otras Secretarías, particularmente la de Gobernación.

Si en el segundo año de López Portillo se podía sentir en la opinión pública resignación y cierto optimismo, creemos que en este momento no es notable ni la una ni el otro en la opinión pública. Los medios de comunicación son en cierto modo más críticos que hace seis años y mucho menos autocensurados.

En relación con la administración anterior, las discrepancias que siempre han existido (algunos sociólogos hablan de una necesaria "revolución sexenal" - incruenta que en México balancea y equilibra el sistema ) son ahora mucho más notables y en alguna forma transfieren mucho más que antes a la opinión pública. Casos como Díaz Serrano o Durazo ciertamente pueden denigrar al anterior sexenio, pero afectan también a la credibilidad de todo el conjunto que desde afuera se entiende por "gobierno" o por "sistema" más allá de cualquier período presidencial.

En lo internacional México ha tomado posiciones y actitudes que de ningún modo rompen en teoría con su tradición. Pero ahora revelan una actividad y no una pasividad en ese terreno.

El contexto internacional es muy distinto que el de hace seis años. Entre el Presidente Carter y el Presidente Reagan es evidente una gran diferencia. En Beirut parecen apenas cesar los combates, el Sha está bajo tierra y el Gobierno que le sucedió llama Satán a los EE.UU. Centroamérica arde.


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