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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

El sistema político mexicano


Por los años sesenta un profesor de Historia de la Filosofía de la Historia explicó claramente de qué manera el sistema de gobierno mexicano era fundamentalmente monárquico en el sentido aristotélico, y etimológico también, de "gobierno de uno". Esta monarquía es sexenal desde 1954, no hereditaria, y el poder para designar al sucesor es variable.

Se dice que en 1939 los grupos más cercanos a Cárdenas preferían al general Francisco Múgica frente al general Manuel Avila Camacho. Avila Camacho decide la sucesión civil y duda algún tiempo entre los abogados Padilla y Alemán. Alemán no muy de su voluntad ha de designar a Adolfo Ruíz Cortines como su sucesor. Se dijo que él prefería a Fernando Casas Alemán como sucesor y que ARC le fue impuesto por el veto de los ex presidentes Cárdenas y Avila Camacho.

La sucesión de ARC fue una obra de virtuosismo político. Muy pocos pensaron que López Mateos, Secretario de Trabajo llegaría a ser Presidente. La decisión sucesoria de López Mateos fue lógica a pesar de haber escindido seriamente al propio grupo lopezmateísta.

Díaz Ordaz, presionado por los acontecimientos de 1968, osciló mucho entre Martínez Manatou y Echeverría.

En 1975 el "destape" de López Portillo era ignorado por el propio presidente del Partido Revolucionario Institucional. El desconcierto de la clase política fue considerable. Era la segunda vez que un candidato oficial a la Presidencia carecía de antecedentes políticos personales en el campo electoral.

El desconcierto aumentó en 1981 al designarse candidato al licenciado Miguel De la Madrid. Un viejo y avezado observador político escribió entonces: "Que Dios nos coja confesados, éstos olvidaron el libreto." La ausencia de antecedentes políticos personales era mucho más necesaria que en los casos anteriores. El PRI -con el propio presidente del partido a la cabeza- había sido incapaz de presionar respecto de esa decisión personalísima del Presidente.

En la estructura política nacional el partido oficial ha ganado desde su fundación la totalidad de las elecciones para Presidente de la República, Gobernadores de los Estados y Senadores. En las elecciones presidenciales los momentos más difíciles los ha pasado entre los años de 1940 y 1952 con candidatos de la oposición salidos del propio partido oficial o del sistema, Almazán (1940), Padilla (1946) y Henríquez Guzmán (1952). El PRI está organizado por sectores. Eran cuatro en 1929: militar, obrero, campesino y popular. Posteriormente desapareció - al menos visiblemente- el sector militar, aunque participa con los otros sectores en el reparto de candidaturas y cargos. Podría decirse que en los últimos sexenios se le ha agregado un nuevo sector: el IEPES, formado por técnicos y profesionistas de planeación que participan ciertamente en el reparto de cargos electores - diputados y senadores por ejemplo -.

Hasta ahora la maquinaria electoral del PRI ha sido eficaz. El impacto de los partidos de oposición -tanto de izquierda como de derecha - ha sido más que nada en el sector de clase media (lo que sería el área del llamado sector popular, organizado en torno a la CNOP y a los sindicatos de burócratas). Desde el inicio de la reforma política en el sexenio anterior, se ha incrementado notablemente la participación en el nivel de diputados federales, diputados locales y municipales. Se habla ahora de una participación mayor en el senado.

La pregunta radical es si el PRI convertido desde hace varios años en una especie de ministerio de elecciones podrá seguir siendo eficaz y enfrentar las nuevas condiciones que en muchas formas son muy distintas de las de 1929.

La población en ese tiempo podría calcularse en no mucho más de quince o dieciséis millones. Las comunicaciones eran escasas o nulas. Apenas comenzaba la radiodifusión comercial y el cine era mudo. Viajar de un extremo a otro del territorio costaba días y hasta semanas.

Carreteras y aerovías, han reducido a horas muchos de aquellos viajes. La geografía ha dejado de ser aquel obstáculo. La televisión ha roto aislamientos de siglos. El teléfono ha sustituido en muchos casos la comunicación escrita y postal. La población del país se ha quintuplicado.

¿Se reformará la estructura del partido oficial con su antigua estructura sectorial - con esa verticalidad propia de los partidos fascistas de los veintes? ¿Se fortalecerá otro partido para dar -más allá de lo ideológico un sistema bipartidista de tipo norteamericano? ¿O al debilitarse el partido mayoritario se abrirá la puerta a todo un conjunto -puede ser docenas - de pequeños partidos políticos, ninguno mayoritario, que agudicen las contradicciones ideológicas de una futura izquierda y una futura derecha, permitiendo una mayor injerencia de las políticas de las grandes potencias? En este momento es difícil predecir.


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