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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

El tiempo actual


A treinta años de ese texto, Mario Moreno se presenta elegantemente vestido en la televisión para comprar a "Cantinflas", ya dependiente o vendedor más o menos establecido -ya no lumpen proletaliat- aunque profundamente escéptico de lo que vende, en el anuncio de una tarjeta de crédito.

Se olvidaron ya la gabardina, el sombrero de nevero, la camisa de ayudante de pulquero, el pantalón de ropavejero, etc. En un diseño ideal, lo que buscaban los modelos de desarrollo económico -el hacer el pastel y después repartirlo a la alemanista, el desarrollo estabilizador, el desarrollo compartido, etc. -¿se habrán cumplido?, o ¿se habrán multiplicado infinitamente los casos individuales que aquel primer Cantinflas representaba? Creemos que ha ocurrido lo segundo, y que todos ellos se han quedado ciertamente sin vocero o "arquetipo".

En treinta años han escaseado tipos y arquetipos. Coincide esta ausencia con lo que parece ser una crisis casi universal de genios, héroes y santos.

El cine dio, después de los cincuentas, ídolos populares como Pedro Infante, el muchacho que es en el fondo siempre bueno, trabajador y lucha por superar todas las adversidades. No hay, que sepamos, un héroe sustituto de esa misma importancia.

En la televisión los personajes de las telenovelas parecen moverse más bien por rating y otras técnicas de mercado. Se entremezclan en lo que podríamos llamar el subconsciente del público, con Los ángeles de Charlie, Kojak, etc.

Lo valioso, lo "disvalioso" y lo antivalioso no parecen tener en este momento encarnaciones definidas. Los medios masivos de difusión no se interesan por expresarlas y tal vez ni siquiera en buscarlas.

Algunos acontecimientos recientes hacen pensar en la permanencia de ciertos valores y antivalores, y hacen también evidente la apetencia y la búsqueda de ellos.

Contra lo que pudiera haberse creído del movimiento estudiantil de 1968, no surgieron ni héroes ni mártires que encarnasen personalmente un conjunto de valores deseables para la comunidad. Sólo para intelectuales y universitarios quedaría tal vez -en sordina - la antigua figura de José Revueltas. Para muchos otros la del Ingeniero Javier Barros Sierra.

La imagen del Escritor encarnaría más que al héroe de izquierda oficial al luchador siempre pobre, que acabará desechando toda consigna y humanamente cargará sobre sí una culpa total buscando que otros sean exonerados de ella.

El Ingeniero por su parte, sería el universitario y el técnico que acepta la Rectoría como una cruz y sabe cargarla. Difícilmente la imagen del uno y del otro van mucho más allá del campo intelectual y académico.

Otro ejemplo de arquetipos que parecen encarnar deseos y aspiraciones de muchos, pudo haber sido en el campo puramente universitario y político el del Arquitecto Carlos Lazo, creador de una escuela y un estilo gubernamentales.

Mucho más amplia fue la figura de Adolfo López Mateos, un Presidente cuya popularidad rebasó ciertamente los límites normales y polarizó hace veinte años el nacionalismo y la sed de coherencia gubernamental de muchos sectores de la población.

Antes que él, el único indiscutible personaje de primera línea, simpático y popular, había sido durante un cuarto de siglo el Arzobispo Luis María Martínez ( + 1958).


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