©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

Valores y su jerarquía en México


En lo que los politicólogos personifican ahora como "conciencia nacional" podrían tal vez distinguirse en la actualidad diversos niveles y distintas profundidades en la acción valorativa del mexicano.

Lo indígena, lo mestizo y lo criollo parecen haberse mezclado definitivamente en sus sistemas axiológicos. Alguien ha tratado de trasponer esas realidades etnográficas a realidades económicas; el mundo indígena ha sido sustituido por los económicamente débiles, el mestizo por las clases medias y el criollo por la clase económicamente poderosa. En lo axiológico, la división no ayudaría mucho. De cualquier forma esos valores habrían de manifestarse fundamentalmente en el ámbito de la clase media.

¿Cómo buscarlos? y, sobre todo, ¿cómo clasificarlos? En el hablar común de los hombres de México permanencen aún palabras acuñadas desde hace varios siglos y se valoran positivamente: "es un hombre bueno "es una mujer buena", - pero este sentido se puede rápidamente trastocar, con un simple matiz de voz, en algo más bien despectivo: "es un buen hombre" o "es una buena mujer".

Otra expresión cuyo significado es unívoco, es aquella referida a una persona: "decente". Adjetiva siempre positivamente, A lo "decente" se ha opuesto como disvalor, en lo social: "pelado" (si acaso tuvo algún origen puramente económico, eso ya se ha olvidado) que puede ser sustituido en la actualidad por lo "naco". En lo más profundamente humano, a lo decente se opone lo pinche, que en su acepción mexicana significa lo ruin, lo mezquino. Se puede ser un archimillonario o un importante político "pinche"; será éste un disvalor profundo de la persona misma en su trato con los otros, que se moverá independientemente de su riqueza, posición social o cultura.

"Ser hombre" o "ser mujer" parecen seguir siendo, en uno u otro caso, valoración positiva en ese mismo orden de las personas. Ambos pueden identificarse con "digno", a lo que se opone "rastrero" o "servil".

En sus relaciones con otros conjuntos, lo religioso (entendido en la relación fundamental de lo católico) continúa siendo valioso para una gran mayoría. La actitud hacia valores como "lo sagrado" toma formas que van desde la adhesión entera y vital -no son los casos más frecuentes hasta el respeto, y en el extremo ínfimo, hasta la superstición o el sentimiento mágico. En enero del año pasado las movilizaciones de masas en torno a la visita de Juan Pablo II dan una idea de la extensión y la hondura de ese sentimiento que es una constante en la historia mexicana.

El ser mexicano sigue teniendo una valoración ambivalente, pero sigue acentuándose el sentido positivo de la expresión, correlativamente al desequilibrio del mundo internacional.

La idea de justo o injusto sigue siendo de fundamental importancia para el conjunto de los mexicanos, pero nunca o casi nunca se le relaciona con el mundo legal y oficial. La desconfianza hacia él es de siglos, y también la consideración de que la justicia la compra el que tiene dinero.

Lo justo y lo injusto para el mexicano parece rebasar incluso lo ético y plantearse en el terreno de la virtud cardinal de los teólogos.

Buena parte de la población no considerará injusto el no pagar a quien persona o institución- le ha vendido caro ("robándome" se dirá a sí mismo) y con altos intereses. Hay aún muchos convencidos del viejo aforismo católico: "Los ricos son los administradores del dinero de los pobres." Hablan ahora de la necesidad de hacerles una auditoría.

Otra actitud valorativa se relaciona al éxito. Al que es listo, al que triunfa, se le califica con el término plurivalente de "chingón"; al que fracasa, por el menos plurivalente de "pendejo". Pero el éxito material o político sería considerado de una jerarquía menor a la de otros valores, que de no poseerse, lo harían difícil y, en caso de rodearse, amargo.

Respecto a los bienes puramente materiales, el mexicano los busca más por necesidad que por convencimiento de que éstos por sí mismos lo harán feliz. No son muchos los que buscarán el dinero por el dinero. Éste sigue teniendo un sentido mágico. Son relativamente pocos los que pueden planear una proyección financiera personal o familiar adecuadas.

Si, como afirma Jorge Santayana, el utilitarismo expresado bajo el signo monetario como garantía de placer es en realidad la auténtica Filosofía estadounidense, el estilo de vida norteamericano sólo podría arraigar en México en su exterioridad, pero difícilmente se combinaría con la jerarquía de valores hasta ahora existente.

Por otra parte, en las nuevas generaciones particularmente en los años sesenta y setenta se ha desarrollado, entre universitarios y egresados de educación media, un sistema axiológico muy distinto a lo que podría ser el american way of life. Con independencia de su filiación política más o menos revolucionaria, durante los últimos años la palabra "rico" ha sido sustituida conforme a la filosofía marxista por "burgués" y usada constantemente como un "disvalor". Se habla cada vez más abiertamente de "explotación", "sociedad de consumo", "Iucha de clases", "corrupción"...


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente