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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

Arquetipo 1980, retrato hablado


Hablamos en esta reflexión de tipos y arquetipos que se plantearon en la historia del país desde las raíces precortesianas -el hombre maduro que hace coincidir el corazón y el rostro-, de la coexistencia posterior de sistemas axiológicos, de los arquetipos criollos y mestizos del XIX y los posibles arquetipos del XX.

¿Qué valores podría encarnar un arquetipo mexicano en 1980?

Madurez, decencia, seriedad (no reñida con la alegría), sensibilidad a los valores religiosos y estéticos, patriotismo, sentido de justicia, seriedad, eficacia y autosuficiencia; se trataría de un hombre que no fuese ni explotado, ni cómplice de explotación, capaz de comprender a los otros, responsable y digno, incorruptible, y con un gran sentido práctico. Estas serían tal vez algunas de las características.

El conjunto de dichas cualidades no parece estar, por desgracia, tipificado en ningún personaje.

Lo "pinche", lo "corrupto" lo "pendejo", lo explotador, lo manipulador, lo insincero, lo "vendido", lo rastrero, lo falso, serían los "disvalores" frente a aquel arquetipo, que parece desprenderse lógicamente de lo que podría llamarse la historia de las concepciones del hombre en México.

¿De qué manera esa areté (conjunto de cualidades, virtudes, valores de polaridad positiva que se transmite de una generación a otra) está siendo recibida por la generación más nueva?

De la respuesta a esa pregunta dependería en todo caso la respuesta a la cuestión planteada sobre los valores y disvalores en México hacia fines de la década de los ochenta.

Si se confiase en el solo dato cuantitativo -los periódicos de mayor circulación, los programas de mayor auditorio- un axiólogo sería pesimista.


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