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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

Los valores nacionales en la visión de un poeta


Hasta el fin de la segunda década de este siglo, -diez años que habían sido de guerra civil, de caos económico y social - Ramón López Velarde descubre, describe y canta a una nación. Su visión habrá de enmarcar por muchos años el arquetipo mexicano.

La ve íntima y pobre:

... nuestro concepto de la patria es hoy hacia dentro. Las rectificaciones de la experiencia, contrayendo a la justa medida la fama de nuestras glorias sobre españoles, yanquis y franceses, y la celebridad de nuestro republicanismo, nos han revelado una patria, no histórica ni política sino íntima.

La hemos descubierto a través de sensaciones y reflexiones diarias, sin tregua...

... La miramos hecha para la vida de cada uno. Individual, sensual, resignada, llena de gestos, inmune a la afrenta, así la cubran de sal. Casi la confundimos con la tierra...

... De ella habíamos salido por inconsciencia, en viajes periféricos sin otro sentido, caso, que el dinero. A la nacionalidad volvemos por amor... y pobreza...

Hijos pródigos de una patria que ni siquiera sabemos definir, empezamos a observarla. Castellana y morisca, rayada de azteca, una vez que raspamos de su cuerpo las pinturas de olla de silicato, ofrece - digámoslo con una de esas locuciones pícaras de la vida airada el café con leche de su piel...

... ¿Cómo interpretar, a sangre fría, nuestra urbanidad genuina, melosa, sirviendo de fondo a la violencia, y encima las germinaciones actuales, azarosas al modo de semillas de azotea?...

Es difícil de definir y está en riesgo constante:

... La alquimia del carácter mexicano no reconoce ningún aparato capaz de precisar sus componentes de gracejo y solemnidad, heroísmo y apatía, desenfado y pulcritud, virtudes y vicios, que tiemblan inermes antes la amenaza extranjera, como en los Santos Lugares de la niñez temblábamos al paso del perro del mal. [Nota 10]

En verso, el poeta zacatecano nos ha hablado de esa Suave Patria cuya superficie es el marzo quien el niño Dios escrituró un establo y los veneros de petróleo el diablo. De un mutilado territorio que se viste de percal y de abalorio, que tiene un suelo que suena a plata y en su puño su sonora miseria se vuelve alcancía. Que vale por el río de las virtudes en su mujerío. Que en piso de metal vive al día como la lotería. A la que Felipe de Jesús da un higo frente al hambre y al obús.

A esa patria recomienda " te doy de tu dicha la clave: sé siempre igual, fiel a tu espejo diario".[Nota 11]


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