©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

Vasconcelismo y guerra cristera


Lo que fueron los años veinte para México difícilmente podía haberlo previsto López Velarde. Los hombres del norte impusieron su jerarquía de valores, o trataron de imponerla. No les fue fácil. Hubo una seria crisis nacional.

José Vasconcelos desde la Secretaría de Educación Pública realiza una obra sin precedente en su intensidad y consecuencias en la historia de México, y hasta 1924 los valores del arte y de la cultura toman fundamental importancia en un México de escasos quince millones de habitantes y un Distrito Federal que no llegaba al millón. Una generación joven y optimista se lanza a la vida pública. Los siete sabios, intelectuales y políticos, comienzan a ocupar cátedras y cargos importantes desde los breves 22 años de edad. En la pintura se van haciendo José Clemente Orozco y Diego Rivera. En música: Revueltas y Chávez. Vasconcelos, doce años después de que la refundara Justo Sierra, da a la Universidad un lema muy poco positivista: "Por mi raza hablará el espíritu".

La crisis nacional surge en el orden religioso. El gobierno de Calles carece de sensibilidad política, y estalla un conflicto con la jerarquía católica de México que desembocará en la guerra cristera. Pocos pueblos de la tierra, dice Jean Meyer, han dado un testimonio semejante sobre el valor religioso. [Nota 12]

El vasconcelismo y la lucha por la autonomía universitaria hacen más amplia la brecha entre pueblo y gobierno.

Los héroes populares serán los mártires como el Padre Pro - para gran parte del pueblo lo fue también José León Toral - o los oradores estudiantiles que en los mítines de la ciudad desafiaban diariamente al gobierno callista.


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente