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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

Rosenzweig, el proteccionismo y la sustitución de importaciones


Me parece que las acertadas, críticas que Fernando Rosenzweig hizo al sistema económico del Porfiriato no deben ser interpretadas como críticas al modelo exportador de la época ni como el reconocimiento tácito de la conveniencia de un proceso de sustitución de importaciones para nuestro país.

En realidad estas dos afirmaciones constituyen una misma por la razón siguiente. Si consideramos a la economía en su conjunto en un marco de equilibrio general, cualquier medida tendiente a promover la sustitución de importaciones (como el aumento de los aranceles por ejemplo) es automáticamente anti-exportadora, puesto que implica transferir recursos de otros sectores de la economía (potencialmente exportadores) hacia el sector sustituidor de importaciones. Rosenzweig recalca en múltiples ocasiones la insuficiente demanda interna a finales del siglo XIX y principios del siglo XX para la joven industria nacional productora de bienes de consumo. Independientemente de la conveniencia o no de crear en México estas industrias manufactureras, me parece que la preocupación fundamental de Rosenzweig apunta no tanto hacia el origen de los bienes (nacioneales o importados) como hacia las causas profundas de la insuficiencia en la demanda.

Douglas C. North señala en su ya clásico Estructura y cambio en la historia económica la importancia crucial que tiene la estructura de las economías (por ejemplo la importancia de las instituciones y del marco regulatorio) para el desempeño de éstas.

Tomando en cuenta este enfoque, consideremos por un momento las condiciones del campo mexicano del Porfiriato.

Resulta importante recordar que para finales del siglo XIX, México era todavía un país predominantemente rural. Para 1900 la población rural representaba aún más de los dos tercios del total.

Por otro lado, el proceso de desamortización de los bienes de la Iglesia tuvo corno resultado la concentración de la tierra en unos cuantos latifundios en manos tanto de la antigua aristocracia terrateniente como de algunas familias liberales.

Si agregamos a esto una situación de peonaje prevaleciente en casi todo el país, con ciertos casos extremos como los de las haciendas henequeneras en Yucatán, llegamos pronto a la conclusión de que no podría existir una demanda considerable por productos de consumo mientras subsistieran estructuras semejantes en el sector rural.

Las críticas de Rosenzweig al sistema económico del Porfiriato van en este sentido, y se encuentran dirigidas primordialmenle hacia instituciones como el peonaje y el latifundio. Éstas fueron las que constituyeron cuellos de botella para el proceso de industrialización de México.

De cualquier manera, la concepción del comercio exterior de Fernando Rosenzweig, así como su papel en el sistema económico y en los procesos de desarrollo deben ser objeto de un análisis cuidadoso y detallado. La enorme transformación estructural que ha vivido nuestro país en la presente década, así como nuestra creciente vinculación con el exterior dan una nueva dimensión a las obras de Rosenzweig. Esperemos que éstas, como ocurre frecuentemente con los buenos trabajos de historia económica, constituyan una fuente de reflexión para los mexicanos.


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