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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

2. Crecimiento del producto y demanda de trabajo en la economía mexicana


Pese a su crecimiento sostenido en las décadas recientes (con tasas medias anuales de 6% en la década de 1950 y 7% en la de 1960 para el producto total, de 2.9% y 3.8, respectivamente, para el producto por habitante) la economía mexicana presenta serios problemas en el campo del empleo.

Los resultados censales no proporcionan información concluyente sobre el aumento de la fuerza de trabajo a lo largo de las dos décadas mencionadas.[Nota 2] Es posible suponer, sin embargo, que su disponibilidad total, entre 1951 y 1970, creció aproximadamente a la misma tasa que la de toda la población: 1.5 % al año en las áreas rurales y 4.8 en las urbanas. La desviación respecto a la media nacional de 3.2 indica, principalmente, emigraciones de aquellas áreas hacia estas últimas.

Si bien de manera indirecta, puede establecerse una idea apropiada sobre la insuficiente capacidad de la economía para generar demanda a la fuerza de trabajo disponible: mediante los datos censales de 1970 relativos a los niveles de ingreso de la población. Si se considera como "subempleada" a toda persona económicamente activa cuyo ingreso anual implique un equivalente igual o inferior al salario mínimo más bajo en su área de residencia, el resultado es como sigue (véase el cuadro l).

Cuadro 1.

Población económicamente activa en México, por sectores, total y subempleados,[Nota 3] 1970

(miles)

Graphics

Fuente: Censo de Población, 1970. Véase Grupo de estudio del problema del empleo. El problema ocupacional en México. Versión preliminar para discusión, México 1974, cuadros 1 al 8.

a) El subempleo afecta a alrededor de 45% de la fuerza de trabajo total; por sectores, su rango oscila entre una máxima de 68% en la agricultura y mínimas de 7 a 14% en la minería, la electricidad, los transportes y el gobierno.

b) El subempleo aparece concentrado principalmente en la agricultura, con 61% del total, siguiéndole los servicios con 1,5% y las manufacturas con 10%. Si los puestos de trabajo se distribuyen de modo de retener sólo a personas plenamente ocupadas, 2.8 millones de un total de 5.8 millones de subempleados conservarían sus puestos, y los tres millones restantes quedarían desocupados. Esta medición del desempleo equivalente u oculto [Nota 4] asciende a 23% del total de la población económicamente activa. Agregando los que aparecen como desempleados en el censo de 1970 (desempleo abierto), la proporción de desempleados asciende a 27% de la fuerza de trabajo.

En pocas palabras, la información disponible sugiere un patrón de fuerte desempleo en el sector agrícola, con un flujo migratorio constante en dirección de las ciudades y una absorción insuficiente de fuerza de trabajo en los sectores secundarios y terciarios; entre estos últimos, las cifras más altas de desempleo corresponden a las manufacturas, los servicios y el comercio.

La situación crítica del empleo se vincula indudablemente con el patrón general de desarrollo de la economía, punto del que sólo se indicarán aquí algunos rasgos muy generales. Tiene que subrayarse, en especial, la tendencia hacia una protección indiscriminada a la formación de capital en la economía privada. A través de la política fiscal y financiera, el empresario individual recibe estímulos para asimilar tecnologías intensivas de capital, hasta el punto de instalar plantas con capacidad muy superior al tamaño del mercado y a su crecimiento previsible en un futuro prudente.

La transferencia de tecnología de los países industriales más avanzados, en muchos casos como componente de la inversión extranjera, añade fuerza a esta tendencia. Bajo las condiciones así definidas, la legislación del trabajo funciona como un freno a la creación de empleos, pues aumenta las ventajas que el empresario individual puede derivar de la sustitución de trabajo por capital. Por último, un patrón de consumo determinado por términos muy desiguales de distribución del ingreso (y una tendencia sostenida a su mayor regresividad, acentuada por los problemas de subempleo y desempleo) limita el crecimiento del producto y la demanda de trabajo en las ramas de actividad más orientadas hacia el consumo de la mayoría de la población y estimula en cambio ciertas industrias muy intensivas de capital, orientadas hacia el consumo de los estratos sociales dotados de ingresos más altos.


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