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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1990

3. Los factores que afectan la demanda de trabajo en la agricultura


Entre los determinantes de la baja capacidad de retención de mano de obra en el sector agrícola del país, cabe destacar la tasa decreciente de aumento de la producción, y ciertos factores estructurales como una polarización acentuada del sector entre empresas comerciales modernas y unidades de subsistencia.

La tasa de crecimiento del producto agrícola, de 4.5% al año entre 1950 y 1960, descendió a 3.7 en la década de 1960. Parte de la explicación reside en un debilitamiento de las exportaciones, entre ellas algodón, café, tomate, frutas y verduras frescas preparadas, azúcar, carne y ganado en pie, las cuales representan alrededor de 10% del producto agrícola y de 40 a 50% de las exportaciones nacionales.

La producción que responde a la demanda interna se resiente de los efectos debilitadores de la muy desigual distribución del ingreso. Aún teniendo en cuenta este factor, el producto sectorial resulta corto ante los requerimientos de la población, cuyo aumento anual medio fue de 3.5% en la década de 1960. Si bien, en esencia, el país se ha mantenido autosuficiente en productos agrícolas, el crecimiento del sector agrícola no ha bastado para preservar, no se diga mejorar, los niveles de nutrición humana, y viene añadiendo fuerza a la inflación.

El desempeño más pobre corresponde a los cultivos: crecimiento anual medio de 3.6% en la década de 1960; 2.9% en 1971, -1.0 en 1972 y 1.9 en 1973. La tasa de la producción ganadera se ha sostenido en torno a 4% al año, con la excepción de un descenso a 2.5% en 1973.

La participación de la agricultura en el producto interno bruto, 17% en 1960, bajó a 12% en 1970. Al mismo tiempo, la población rural, como parte de la total, se redujo de 49 a 41%, con un empeoramiento de su participación en el ingreso nacional.

La participación declinante de la agricultura en el producto bruto interno refleja tendencias admitidas como propias de un proceso normal de desarrollo. Con todo, el desempeño observado en el pasado reciente indica además ineficiencias serias en la utilización de los recursos productivos, especialmente el trabajo, y en el crecimiento de la producción.

Lo más significativo es la consolidación de un patrón de unidades de producción que concentra la mayor parte de la tierra en un grupo pequeño de empresas comerciales medianas y grandes. Poco más de 3% de las fincas poseen 43% de la tierra arable y rinden 54% del producto agrícola total. En contraste, la mitad de las fincas sólo controla la octava parte de la tierra y contribuye con alrededor de 4% del producto.

La orientación de la política del sector público ha conducido a que se acentúe el desequilibrio de la agricultura. Viene tocando a este sector una parte cada vez menor de la inversión total: alrededor de 20% en 1947-52; de 14% en 1953-58, y de 10% a partir de 1959. Siendo bajo el nivel de los ingresos fiscales, la atención a la agricultura se sacrificó desde 1960, ante necesidades inaplazables acumuladas principalmente en la promoción industrial y la política social.

Más de 90% de la inversión del gobierno federal en desarrollo agrícola se canalizó hacia obras de riego en pocas áreas seleccionadas,[Nota 5] en que se identificaron recursos aptos para una expansión rápida de los cultivos, a fin de promover las exportaciones y sustituir importaciones. Las áreas agrícolas restantes, una vez que se concluyeron los repartos agrarios, se mantuvieron excluidas, en lo esencial, del proceso de modernización, habiéndoles asignado el gobierno recursos muy modestos para propósitos como el pequeño regadío, la extensión y otros esfuerzos de desarrollo. La inversión federal por persona activa en la agricultura, en 1965-69, fue 7.4 veces mayor en las regiones del norte y noroeste que en el resto del país. Se observan, como resultado, contrastes marcados entre los valles de riego y la mayor parte de las áreas agrícolas (exceptuando las zonas húmedas de la planicie costera del Golfo de México).[Nota 6]

La combinación de la estructura agraria y la distribución geográfica de los recursos naturales y de la inversión pública define una estructura con tres elementos básicos:

a) Agricultura moderna en los distritos de riego, dedicada principalmente a cultivos de exportación, como el algodón y el tomate, y a granos (trigo, arroz, sorgo, maíz) para el mercado nacional; en las zonas tropicales húmedas (caña de azúcar y café como cultivos principales), y la cría de ganado en las planicies tropicales del Golfo y el sureste. Las Fincas multifamiliares y la mayor parte de las familiares pertenecen a este tipo. Las primeras constituyen la principal fuente de demanda (le trabajo asalariado en la agricultura. Las fincas modernas absorben la mayor parte de las mejores tierras agrícolas del país, por ejemplo, casi 80% de la superficie bajo riego (véase cuadro 2).

Cuadro 2. Distribución del número de predios agrícolas, la tierra y el valor de la producción según clases de predios en México

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Fuente: Centro de Investigaciones Agrarias, Estructura agraria y desarrollo agrícola en México, México, Fondo de Cultura Económica 1974 (la. publicación en 1971), p. 953 (basado en los resultados del Censo Agrícola de 1960).

*Tamaños medios Hs); Total, 9.3; infrasubsistencia, 2.5; subfamiliar, 6.9; familiar,14.4; multifamiliar mediano, 48.8; multifamiliar grande, 530.8.

b) Agricultura tradicional, esparcida por todo el territorio nacional, aunque con tendencia a concentrarse en los valles altos de las regiones del centro y el Pacífico sur. Posee, en conjunto, recursos productivos pobres, y se dedica principalmente a cultivos de subsistencia como maíz y frijol, con algunos excedentes para los mercados. Una proporción menor de las fincas familiares y la mayoría de las subfamilias se encuentran inscritas en este grupo. Corno rasgo general, la agricultura de subsistencia no proporciona ocupación plena a quienes la practican, obligándolos a buscar fuentes adicionales de ingreso.

e) Por último, el campesinado marginal, compuesto por personas sin tierra y propietarios de los predios más pequeños ("fincas de infrasubsistencia"). Constituye una masa de población enorme inserta dentro del sector agrícola, aunque en realidad marginal a él: su tierra rinde sólo tina fracción pequeña del ingreso familiar que, en su mayor parte, debe asegurarse mediante otras actividades. Esta masa, en buena medida subempleada,constituye una reserva de fuerza de trabajo para la agricultura comercial.

La distribución de la fuerza de trabajo agrícola entre los tres componentes mencionados resulta como sigue:[Nota 7]

La capacidad del componente tradicional para generar empleo es muy limitada, debido al tamaño insuficiente de los predios y al estancamiento técnico; el moderno, a su vez, va disminuyendo su coeficiente de empleo de trabajo, según la bien definida tendencia hacia una agricultura mecanizada en gran escala. Caen las oportunidades de empleo: los campesinos expulsados de la agricultura tradicional engrosan los contingentes de la población marginada.

Algunos datos ilustran esta situación: [Nota 8]

a) Marginalización de los agricultores tradicionales: La proporción de las familias en posesión de ejidos que obtiene más de la mitad de su ingreso mediante la explotación de sus tierras descendió de 86% en 1950 a 66% en 1960; la cifra para 1970, aún no disponible, es probablemente inferior.

b) Menores requerimientos de trabajo: l) los requerimientos medios de trabajo por hectárea, para el conjunto de la agricultura mexicana, disminuyeron de 0.42 hombres-año en 1.940 a 0.40 en 1950 y 0.32 en 1960;

ll) los trabajadores asalariados en la agricultura rindieron en promedio 190 días de trabajo por persona en 1950 y sólo 100 en 1960;

lll) la participación de la maquinaria en el costo de producción total en las fincas comerciales (modernas), aumentó de 6% en 1940 a 11% en 1960, en tanto que la del trabajo asalariado descendió de 22% a 7% en el mismo período;

lV) finalmente, la cantidad de trabajadores requeridos para producir un millón de pesos de producto agrícola, a precios de 1960, descendió de 925 en 1940 a 420 en 1960.

c) Tamaño de la finca y requerimientos de trabajo: En 1960, el número de trabajadores necesarios para producir un millón de pesos ascendió a 250 en las fincas comerciales, 500 en la agricultura tradicional y 1600 en los predios subfamiliares.

Parece revestir escasa importancia la posibilidad de aliviar el subempleo en la agricultura mexicana por medio de migraciones desde las áreas rurales más densamente pobladas hacia las que cuentan con reservas de tierra inmediatamente explotables. En la medida en que las tierras más accesibles y de mejor calidad se encuentran ya bajo cultivo, el crecimiento del producto depende cada vez más de la elevación de los rendimientos por hectárea.[Nota 9] Sin embargo, la expansión de la superficie se mantuvo a una tasa constante durante las décadas de 1950 y 1960, de 1..5% al año, igual a la de la población rural; el aumento del área aparece como la principal fuente de empleo para quienes se incorporan a la fuerza de trabajo agrícola.

El área destinada a cultivos anuales y perennes creeció en alrededor de dos millones de hectáreas durante la década de 1960, hasta un total aproximado de 15 millones en 1970. Agregando otros cinco millones, de tierras dedicadas a praderas y pastos cultivados en el mismo año, el total equivale a alrededor de 70% de la superficie que se estima disponible para estos diversos propósitos. La mayor parte de las extensiones inexplotadas se encuentran, sin embargo, en las sabanas y planicies tropicales del sur y el sureste del territorio nacional o pertenecen a las extensiones áridas de los valles del centro y el norte. Las áreas más densamente pobladas de las tierras altas se aproximan, en general, a los límites de su frontera agrícola; en algunos casos tales límites han sido ya excedidos a expensas de las tierras forestales o por la intrusión en zonas con fuertes pendientes (véase cuadro 3).

La atracción de fuerza de trabajo de los estados del norte y el centro hacia las nuevas tierras de riego del norte y el noroeste ha llegado, al parecer, al punto de saturación. Se observa, en contraste, un creciente flujo de campesinos hacia las tierras bajas que bordean al Golfo de México y el Caribe, y que se origina en su mayor parte en áreas circunvecinas, tan pronto el gobierno construye caminos de penetración (véase el cuadro 4). Sin embargo, los esfuerzos oficiales para promover la colonización en gran escala en esas zonas han sido siempre frustrados. Los altos costos que implica el desarrollo de, la tierra misma, además de las privaciones y esfuerzo que imponen las migraciones desde largas distancias hacia un medio geográfico desconocido, limitan esta posibilidad. Además, la incorporación de grandes superficies al pastoreo disminuye el potencial de atracción de trabajo de las sabanas tropicales.

Cuadro 3. Población rural y utilización de la tierra en México por regiones, 1970

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a Censo de Población, 1970.

b Censo Agrícola, resultados preliminares, 1970.

c Hectáreas de tierra arable por habitante rural.

d Anuario estadístico de los Estados Unidos Mexicanos, 1970-71. Cultivos anuales y perennes.

e Ibid. Pastos y praderas cultivadas.

f Tierra bajo cultivo y pastoreo, como % de la tierra arable.


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