ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1990
* [Nota 6]

La vasta recopilación de Juan Pérez de Guzmán, Cancionero de la rosa, Tello, Madrid, 1891-1892 (2 tomos, con un total de casi mil páginas), tiene muchas lagunas. Vale la pena recordar el final de "Señora doña Rosa, hermoso halago... ", donde Sor Juana dice: ... y advierta vuesa merced, señora Rosa, /que te escribo nomás este soneto / porque todo poeta aquí se roza". O sea: 'no se me envanezca porque lo dedico a usted un soneto; usted no me importa; lo que ocurre es que todo poeta tiene que pasar por esta prueba para demostrar su suficiencia". (Aquí juega Sor Juana, pero no en sus otros dos sonetos de la rosa). El Idilio entero de Ausonio no tuvo sino dos traducciones en los siglos de oro, la de Fernando de Herrera (en tercetos), incluida en sus Anotaciones a Garcilaso (Sevilla, 1580), y la del jesuita Antonio Bastidas (en silva), impresa en el Ramillete de varias flores poéticas de Jacinto de Evia (Madrid, 1676), y hecha seguramente en tierra americana (en Guayaquil).


Inicio del artículo