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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1990

CLAUDIO MAGRIS. EL DANUBIO

Author: Julián Meza[Nota 1]


Claudio Magris: El Danubio, Editorial Anagrama, Col. Panorama de narrativas, traducción de Joaquín Jordá, Barcelona, 1988,375 pp. ISBN84-3393142-3.

Si se obedecen ciegamente las reglas de la preceptiva literaria, El Danubio de Claudio Magris no es una novela. Si se dinamitan, en cambio, los contornos de esa reglas, corno lo hace Magris con su libro, éste si es una novela. Desde el punto de vista de los lectores y de los críticos literarios respetuosos de formas establecidas y gastadas, EI Danubio no parecerá una novela. Es una novela porque así lo quiere su autor y porque lo confirma la lectura del libro. El Danubio es, dice Magris, "una especie de novela sumergida" en la que escribe sobre la civilización danubiana, pero también sobre el ojo que la contempla; es decir, sobre la mirada del narrador que la observa y la describe. Algún lector puede replicar: se trata de una novela sui generis. Y en efecto, es una novela muy singular, pero precisamente por esto es novela y se suma a la lista de grandes novelas, que son tales debido a su carácter único e irrepetible, según Kundera.

El Danubio es una novela porque flota en las aguas del río que la transporta. Y cuando el lector se sumerge en sus profundidades dispuesto a penetrar en la civilización danubiana es llevado por sus corrientes y descubre la posibilidad de observarla y de mirarse en el ojo que la mira. Es una novela porque el narrador describe un abigarrado unvierso que es, a la vez, total y parcial, fragmentario, hecho de sitios y paisajes diversos, historias comunes y paralelas, ideas y sensaciones compartidas y contrapuestas. Es una novela porque, además de los innumerables personajes (hombres, lugares, acontecimientos) que han hecho, hacen y segirán haciendo la civilización mitteleuropea y que desfilan a lo largo del libro, hay un gran personaje central: el Danubio. Al igual que Robert Calasso escribió a contracorriente su novela La ruina de Kash, Magris navega caprichosamente contra las reglas convertidas en cepo del género novelístico: narra sucesos, describe cosas y personajes reales, transportados por la magia de su prosa a una dimensión donde lo imaginario no conoce límites. Sólo en apariencia no hay una acción única que enlace esos sucesos y se desarrolle de principio a fin; en realidad, ,el fluir del río en el tiempo y en el espacio es esa acción. El viaje hecho por el narrador y por sus esporádicos acompañantes a lo largo de 2,839.5 kilómetros, al el Danubio nace en Donaueschingen, o de 2,888 kilómetros, si nace en Furtwangen, es el hilo conductor del relato.

Otros críticos, que no se someten a la preceptiva literaria, afirman que El Danubio inaugura un nuevo género a caballo entre la novela y el ensayo, el diario y la autobiografía, la historia cultural y el libro de viajes. Estas afirmaciones son muy saludables porque hay en ellas algo de osadía, pero no se salen del todo de los casilleros literarios. Al decir que Magris inaugura un nuevo género, a caballo entre la novela y el ensayo, buscan tal vez ampliar los horizontes de la literatura, pero al mismo tiempo nos indican que Magris no respeta estrictamente las reglas de la novela, y justamente la novela se ha hecho sobre todo de transgredir esas reglas. Además, el ensayo ya está presente en las novelas de otros hijos de la civilización danubiana: Musil, Broch, Kundera. La larga travesía del Danubio obligó a Magris a llevar un diario, pero no es ese diario lo que su autor entregó a la imprenta. Tampoco se trata de una autobiografía: el personaje principal no es el narrador, sino el río, y cuando Magris confiesa haber hecho el libro con la sensación de escribir su propia biograffa, no se refiere a su persona, sino a su vida en el interior. de una civilización a la que pertenece ese gran germanista. No es historia cultural porque no hace historia y no tiene pretensiones didácticas. Y sólo es un libro de viajes en la medida en que toda buena novela es un auténtico viaje. No es turismo ilustrado, a la manera de Chauteaubriand o Stendhal, sino aventura literaria. Pero el que a fin de cuentas debe decidir si lee un diario, un libro de viajes, un ensayo o una novela es el lector.

Más allá de los géneros, El Danubio de Claudio Magris es un libro prodigioso. Cuenta el viaje hecho por el narrador y un grupo de amigos de las fuentes al delta del río. Y en la medida en que un viaje no es la realización de una ruta. previamente establecida por una agencia de turismo, el recorrido es. una auténtica aventura. Desde el principio el narrador se opone a quienes "quieren llevar al orden inexorable del tratado de imprevisibilidad del viaje, la confusión y la dispersión de los caminos, el azar de las paradas, la incertidumbre de las noches, la asimetría de todos los recorridos" (p.9). Así, aunque los viajeros sigan casi siempre el cauce del río a través de Alemania, Austria (donde el Danubio no es azul, sino pardo), Hungría, Checoslovaquia, Rumania, y Bulgaria, nada les impide desviarse, extraviar se, nada los obliga a detenerse en una ciudad o en otra, a visitar o no un museo o un castillo, a admirar la naturaleza o una catedral, a evocar un novelista, un príncipe, un asesino, a alojarse en una posada mugrienta o en un hotel de lujo. De esta manera se conjuran los demonios de los itinerarios y de las cronologías y el viajero, con toda libertad, reflexiona sobre los hombresy los hechos del presente o evoca los nombres y los acontecimientos del pasado: la vida en Temesvár o Timisoara en el presente que hoy ya es el pasado de Ceaucescu y la misteriosa muerte de Rodolfo de Habsburgo y de Marta Vetsera en un pabellón de caza el 30 de enero de, 1889. Errático, este atípico aventurero del siglo XX sigue la pista, con igual atención, a lo extraordinario y a lo cotidiano, a lo monumental y a lo insignificante: el sitio de Viena por los ejércitos del Gran Visir en 1683 y la habitual celebración del vino de Pécs; la historia de la catedral de Ulm y las siglas sibilinas del Emperador Francisco III. Infatigable, el narrador interroga a una galería de fantasmas, que va de Céline a Paul Celan, alojados en las piedras vivas de Sigmaringen a Tulcea. En este libro están todos los habitantes, permanentes o esporádicos, de Europa central, desde el principio perdido en la leyenda hasta un presente que empieza a ser legendario. Se perciben con nitidez la vasta impronta germana y las grandes huellas culturales de las pequeña naciones y de las numerosas etnias que coexisten y se confrontan en minúsculas geografías. ¡En la Vojvodina hay veinticuatro grupos étnicos! Pero, para ser completo, el viaje no puede detenerse en el recorrido exterior, y de que, aquí que el narrador reflexione, imagine, fabule. De aquí también que pueda dialogar con los incontables libros ahí escritos y con sus autores, con el tiempo eterno y efímero, con la ciudades y con su gente menuda.

Pero lo más curioso de este viaje fantástico, casi mágico, es el mapa que levanta el autor de esa riquísima y compleja geografía. En el lenguaje totalitario no se distingue un valaco o rumano de un raschiano o servio, ni un griego de un búlgaro. En la prosa de Magris Mitteleuropa es el prodigio de la diversidad, que remite a otras épocas sólo en apariencia enterradas. Apenas ayer se pensaba que el futuro de Europa central estaba cancelado. En la realidad de hoy y en el libro de Magris no sólo está vivo el porvenir; también esta vivo un pasado, tierno y cruel, que tal vez se inserta ya en el futuro. Hace todavía poco tiempo era impensable una Alemania unida. Hoy es casi un hacho la reunificación y, también, el temora esa reunificación. En la primera mitad de 1989 nadie podía, imaginar que, geopolíticamente, Checoslovaquia volvería a ser occidental. ¿Puede hoy alguien imaginar que Rumania sea gobernada por una monarquía constitucional? El pasado descrito por Magris en presente puede ser una puerta de acceso al futuro, y la antigua geografía mitteleuropea, creada y recreada en su libro, seguirá viva en el interior de nuevos horizontes. Sin lugar a dudas, El Danubio de Claudio Magris es una novela extraordinaria. Sólo es de lamentar que un hombre con su erudición y su nobleza no haya rendido ningún homenaje a un predecesor: El Danubio de Emil Lengyel.

JULIÁN MEZA

Departamento Académico de Estudios Generales, ITAM.


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