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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1990

MARTIN HEIDEGGER, SERENIDAD

Author: Alberto Sauret[Nota 1]


Martín Heidegger, Serenidad, 1989, Barcelona, Ediciones del Serbal, versión castellana de Yves Zimmermann, 88 pp. ISBN 84-7628-054-8.

Como corolario de unos famosos cursa impartidos a principios de los cincuenta y publicados en castellano bajo el título de ¿Qué significa pensar?[Nota 1] concluía Heidegger en que lo grave es que aún no se piensa. En el título que hoy se nos ofrece insiste con que "la falta de pensamiento es un huésped inquietante que en el mundo de hoy entra y sale por todas partes", pero augura que "tal vez estemos próximos a ser introducidos en la esencia del pensamiento al estar a la espera de su esencia". Mas esta espera no debe ser confundida con una ordinaria expectativa, "porque estar a la expectativa es ya estar atado a una representación y a lo representado".

Como nunca antes, tienen lugar en nuestros días las investigaciones más diversas, vastas y apasionadas, pero esta febril actividad pertenece a un peculiar tipo de pensar, calculador, que corre de una vicisitud a la siguiente privado de detenerse y preguntarse por el sentido que impera en todo cuanto es.

Desde hace unos siglos y a instancias de la filosofía moderna se viene operando una revolución en todas las reperesentaciones cardinales, merced a la cual el mundo se reduce a un objeto al que nos mantenemos ligados por una relación predominantemente técnica, que imposibilita todo arraigo de las obras humanas.

"¿Cuáles serían el suelo y el fundamento para un arraigo venidero?", se pregunta Heidegger, para darse lugar a responder que el compromiso de un pensamiento meditativo que nos libre de permanecer atrapados en una representación unilateral de las cosas. Manteniendo una postura de aceptación cotidiana para con los objetos técnicos, pero al mismo tiempo de abstención, que no permita se erijan en algo absoluto. "Quisiera denominar esta actitud que dice simultáneamente "sí" y "no" al mundo técnico con una antigua palabra: La Serenidad (Gelassenheit) para con las cosas."

Mientras que el pensar, tradicionalmente concebido como representación, consiste en un querer, el obrar mas alto de la Serenidad, donde Heidegger cree percibir la esencia del pensar, es una instancia por encima del dominio de la voluntad y por tanto de las diferencias entre actividad y pasividad.

Esta espera serena será imperturbable ante cualquier re-presentar: "no tiene propiamente objeto". Piensa Heidegger que la relación sujeto-objeto, que incuestionadamente hoy se acepta como la más general, es sólo una variante originada en occidente de la correspondencia del hombre con la cosa, en la que históricamente se viene ocultando algo propio del acontecer esencial de hombre.

El esperar esencial, dice Heidegger, está determinado por nuestra pertenencia a lo que esperamos. "Tan sólo nos queda escuchar la respuesta que está en conformidad con la palabra." Pero la palabra, propiamente, nunca representa nada, sino que apunta hacia algo y muestra lo decible: "El ser humano sigue siendo a-propiado a aquello desde donde estamos siendo llamados."

Sólo puede convertirse en yermo el suelo que ha sido llamado a dar frutos. La creciente huida del pensamiento es un proceso que consume la médula misma del ser humano. Y lo verdaderamente inquietante entonces, según nuestro autor, no consiste en la total tecnificación del mundo, sino en que el hombre no esté preparado para semejante transformación universal; que no seamos capaces de afrontar meditativamente el futuro próximo. Los prodigios tecnológicos podrían deslumbrarnos al punto que el pensar instrumental se convirtiese en el único practicado y válido, "entonces, junto a la más eficiente sagacidad del cálculo coincidiría la Indiferencia hacia el pensamiento reflexivo": Paradójicamente, al descartarse una guerra nuclear la amenaza sería mayor, pues implacablemente avanza una agresión contra la esencia del ser humano y contra la vida toda, "comparada con la cual bien poco significa la explosión de la bomba".

El pensar meditativo es tan poco espontáneo como el calculador, requiere ser despierto, entrenado y "cuidados aún más delicados que cualquier otro oficio auténtico". Salvaguardar la esencia del hombre exige cultivar con ahinco lo que tiene de más propio, su ser reflexivo, ejercitándolo aún en las ocasiones más insignificantes. "No necesitamos de ningún modo una reflexión 'elevada'. Es suficiente que nos demoremos junto a lo próximo y que meditemos acerca... de lo que nos concierne a cada uno de nosotros aquí y ahora", desde donde podrían echar raíces nuestras obras para elevarse a "la abierta región del espíritu".

El libro que nos ocupa reúne dos trabajos aparecidos originalmente en 1959, característicos de "el último Heidegger", "postfilosófico" en tanto que rehuye de la infructuosidad conceptual para sumergirse en los arcanos de la palabra poética. Su lenguaje, mucho menos denso, que el de sus obras más sistemáticas se vuelve también mucho más hermético, en el sentido de profundo y siempre emanante.

Luego de varias lecturas uno se queda con la impresión de que la elección de los fragmentos que se tomen para hacer un comentario de una obra como ésta siempre tendrá mucho de arbitraria, pues por debajo de las líneas que en un primer momento se dibujan dominantes, comienza a cobrar creciente consistencia una polifonía de voces armónicas que convierten al texto en un hontanar del que sucesivamente emergen nuevos afluentes por los que parece reencauzarse el sentido.

Este segundo volumen de una serio prevista de obras inéditas en nuestra lengua de esto original autor, al igual que el primero, da muestras de constituir uña edición cuidada minuciosamente. Encomiable esfuerzo por ampliar el alcance- del pensamiento de un hombre esclarecido, sugerente y premonitor a quien es frecuente adivinemos entre las páginas de la reflexión contemporánea más juiciosa.

Por fin; esta comprometida condición de espera serena pero tenaz, inclaudicable, capaz de abrir una brecha entro la imbricada maraña de media -que "simulan un.mundo que no es mundo alguno"- para alcanzar nuevamente la tierra nutricia donde retoñar, naturalmente recuerda la ataraxia, ansiada búsqueda de algunos hombres, entre 1,05 más libres de otros tiempos.

ALBERTO SAURET

Departamento Académico de Estudios Generales, ITAM.


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