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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1990

Noción formal de democracia


Para quienes sostienen una noción puramente procedimental de la democracia, el fundamento de legitimidad y de obligatoriedad de las leyes y políticas gubernamentales está, precisamente, en e,¡ hecho de que hayan sido formuladas conforme a los procedimientos demográficos, en cuanto que éstos son los medios más eficaces de garantizar la obtención de resultados legítimos y vías eficientes para la participación política y el control del ejercicio del poder.

Una noción formal de democracia se caracteriza entonces, por validar a la democracia por sus reglas procesales. Bajo este punto de vista, la democracia se concibe como un conjunto de reglas para la constitución del gobierno y para la formación de las decisiones públicas vinculantes para toda la comunidad. Entonces, dichas reglas establecen quién está facultado para tomar las decisiones y bajo qué procedimientos, es decir, la manera como so debo llegar a una decisión política obligatoria, pero no qué se debe decidir. Por lo tanto, el hecho de que dichas decisiones se tomen conforme al procedimiento prescrito constituye el único criterio para determinar su validez. Entre estas reglas del juego, también llamadas "de procedimientos universales", se pueden distinguir, utilizando la enumeración de Bobbio, [Nota 14]las siguientes:

1. El poder legislativo es el supremo poder político y debe estar compuesto por miembros elegidos directa o indirectamente por el pueblo.

2. Los entes administrativos o jefe de Estado deben también ser elegidos y actuar junto al supremo órgano legislativo.

3. Los electores deben sor todos los ciudadanos, sin ninguna clase de distinción por razón de raza, religión, ingresos y sexo, que, hayan alcanzado la mayoría de edad.

4. Todos los votos tienen igual valor y cada elector tiene derecho a un voto,

5. El voto debe ser libre, según la propia opinión del elector y representar la elección entre alternativas reales.

6. Las elecciones de los representantes y las decisiones del supremo órgano político se toman con base en la regla do las mayorías.

7. La mayoría no puede limitar los derechos de la minoría, especialmente el derecho de volverse mayoría.

El hecho de que en aquellas sociedades contemporáneas en las que los procedimientos democráticos se siguen con un alto grado de fidelidad, se presenten diversos movimientos de desobediencia civil, cuyas manifestaciones más obvias son el movimiento por la paz, el movimiento por el medio ambiente y diversos movimientos centrados alrededor de los derechos humanos de minorías (presos, inquilinos, mujeres, etcétera), cuestiona el mecanismo democrático a pesar de su pureza procedimental. Es decir, en la democracia, por un lado, se pueden generar políticas que los ciudadanos perciben como ¡legítimas aunque legalmente no se haya violado ningún procedimiento; y por el otro, los canales políticos ordinarios como el voto o el diseño legal pueden resultar ineficaces para producir un cambio.

A pesar de que formalmente se le dé un voto a cada individuo, esto no es garantía de que de hecho se tenga capacidad de incidir en las decisiones colectivas, existen otros factores determinantes que hacen que el derecho "universal" a la participación política no sea de hecho igualitario. Factores como la desigualdad económica y el hecho de que se financien con fondos privados las elecciones y los partidos políticos y que se puedan controlar con poder económico los medios masivos de comunicación, hace que en el foro político prevalezcan los intereses de los grupos dominantes. Así, los problemas de legitimidad en la actualidad, según lo señala Habermas, no pueden desligarse de los problemas de desigualdad de diversa índole.[Nota 15]

De esta manera, no obstante que la representación política formalmente sea un llamado para velar por los intereses de la nación y en este sentido contrario al principio del mandato imperativo, de hecho se convierte en representación de intereses, con lo que disminuye la posibilidad de que se tomen decisiones imparciales.

También en esta línea de argumentación, a pesar de que formalmente existan opciones, es decir, dos o más partidos políticos compitiendo por la representación nacional, éstas no necesariamente representan opciones reales, en el sentido de constituir medios para promover la realización de los intereses sociales. Claus Offe[Nota 16] ha señalado que el modelo de competencia electoral de partidos y la negociación colectiva institucionalizada, como formas de organización burocrática de la participación política, transforman y distorsionan la voluntad popular por tres razones. En primer lugar, porque los partidos políticos, para triunfar en el mercado político y conservar alianzas: tienden a desradicalizar la ideología del partido y minimizar aquellos elementos que puedan crear antagonismos en el electorado. En segundo término, los imperativos de la competencia hacen que el partido se convierta en una organización sumamente centralizada y burocratizada, lo que hace que predomine el personal administrativo por sobre los miembros de la base. En tercer lugar, el hecho de que el partido busque "captarlo todo" hace que se disuelva la identidad colectiva de los miembros del partido y por lo tanto, los valores político-morales compartidos. De esta manera, la vía de participación política a través de los partidos implica un sacrificio importante de individualidad y de ideales por la tendencia creciente de representar su propia maquinaria. Según dicho autor, una de las causas de la desobediencia civil, como movimiento social alternativo de organización y acción política, es precisamente esta deficiencia del sistema de partidos. Offe identifica como un elemento esencial para que la desobediencia civil se justifique en estas situaciones el hecho de que los intereses de estos grupos sociales, unidos por un fuerte sentido de identidad colectiva, no estén dirigidas hacia la toma del poder estatal, sino a defender cierto territorio moral o promover la realización de valores.

Aunque formalmente se faculta a la autoridad con un poder discresional circunscrito a ciertos parámetros, de hecho el poder discresional se convierte en poder arbitrario cuando los parámetros no están bien definidos o cuando la complejidad de la realidad los sobrepasa. Grandes decisiones políticas se toman fuera del proceso democrático, sin darles publicidad y por un pequeño grupo de tecnócratas. Son áreas que requieren de una alta especialización científica y tecnológica, en las que el poder ejecutivo tiene un alto margen de discresionalidad y respecto de las que el poder legislativo y la población en general no tienen control. Así, por ejemplo, en lo que respecta a la política nuclear, tanto militar como pacífica, y a la política ecológica, la democracia se ve trastocada, no por una violación efectiva de las reglas del juego por parte de los gobernantes, sino porque estas decisiones se encuentran en definitiva fuera del control civil democrático. Richard Falk [Nota 17] señala con gran visión la manera como la existencia de las armas nucleares altera significativamente las relaciones entre el gobierno y los ciudadanos e interfiere de manera fundamental con la democracia. Parece que en estas cuestiones vitales, se ha delegado toda la autoridad nuclear a un grupo reducido y a menudo oculto de "expertos" y a los líderes de otros Estados, quienes parecen estar tentados a tomar determinaciones no sólo sin el consentimiento popular, sino incluso en contra de éste. Aquí la desobediencia civil aparece como un instrumento de expresión democrática y reclamo legítimo de participación política, por parte de los ciudadanos que se ven excluidos, inevitable y permanentemente, de las determinaciones que definen el destino de sus sociedades.

Los cambios de gobierno en un régimen democrático no ocurren en un intervalo breve de tiempo, sino que normalmente se extienden por períodos que superan el tiempo razonable para que una mala política surta su efecto. Por esta razón, la urnas son importantes para poner fin inmediato a una decisión política considerada ilegítima (por ejemplo, la apertura de una planta nucleoeléctrica en relación a lo cual se ha presentado también la desobediencia civil), con lo que no hay manera de controlar, sin tener que agotar el proceso electoral, las políticas cotidianas de,¡ gobierno que afectan negativamente a una buena parte de la sociedad. Así, la lentitud en los cambios de gobierno, aunque presente ventajas incuestíonables, sin que existan otros mecanismos alternativos de control, como el referéndum por ejemplo, plantea un conflicto entro dos tiempos. Primero, el de la instrumentación de una política no deseada; segundo, el del tiempo que se requiere por la vía institucional electoral para desarticular la política en cuestión.

En suma, en la democracia, aun cuando el procedimiento sea efectivamente observado, a menudo hay elementos económicos políticos y sociales que inciden indirectamente para producir resultados incorrectos y hacen que, las condiciones para una decisión pública o norma jurídica legítimas sean tan sólo formalmente, presentadas. La experiencia histórica demuestra que la legitimidad no queda satisfecha sólo por el hecho de que las leyes, políticas o medidas se dicten conforme, al procedimiento -prescrito. Así, la mayoría de los movimientos de desobedencia civil que se han presentado en las sociedades democráticas contemporáneas aparecen en cierta manera vinculados, no con violaciones efectivas de las reglas del juego, sino precisamente con las "fallas" anteriormente señaladas. La imperfección de la regla de las mayorías, la desigualdad efectiva del voto por la persistencia de oligarquías en el poder, la falta de una real representatividad especialmente cuando se trata de valores morales, la aparición de una tecnocracia no controlable a través del procedimiento democrático y la lentitud de respuesta de las urnas, son razones prácticas para no aceptar una noción puramente procedimental de democracia.

Adoptando la conocida distinción de John Rawls, se puede entonces afirmar que la democracia no constituye un caso de justicia puramente procesal, esto es, en el que la justicia de los resultaos se establece sólo por el procedimiento, sino más bien, un caso de justicia procesal imperfecta en el que hay criterios independientes para estimar ¡ajusticia de los resultados, y por lo tanto, el valor del procedimiento sólo está dado por su capacidad para producir resultados probablemente justos.

La. democracia es evidente que no constituye un caso de justicia procesal pura. Lo que es más, la justicia procesal pura es aparentemente aplicable sólo a los juegos de azar. Rawls señala que en los juegos de azar, como la ruleta por ejemplo, en los que las apuestas se realizan voluntariamente y bajo condiciones imparciales, el único criterio para determinar la justicia del resultado lo constituye el propio procedimiento. Así, si éste es imparcial y efectivamente observado, el resultado es correcto. Pero la democracia no puede asemejarse a un juego de azar, especialmente si se considera el tipo de cuestiones fundamentales que se deciden a través de sus procedimientos

La democracia parece más cercana al modelo de justicia procesal imperfecta. Ésta, según Rawls, se caracteriza por ser muy similar a los procesos judiciales. Lo importante de un proceso judicial es que su imparcialidad depende, en gran medida, de la fidelidad con que se sigan una serie de pasos ya establecidos. Es decir, el resultado de un juicio es probablemente justo porque reduce al mínimo la subjetividad que puede llevar a arbitrariedades, ya que resuelve conforme a criterios generales. Sin embargo, esto no siempre es así. Se puede, por ejemplo, condenar a alguien que es inocente cuando la complejidad de la realidad sobrepasa lo que ha sido previsto por las leyes.

Lo mismo sucede con la democracia. El proceso democrático no asegura necesariamente un resultado democrático. Por ello, se deben aclarar las razones por las que los procedimientos democráticos tienden a producir resultados justos, aunque no los aseguren y sobre todo, precisar qué tipo de criterios independientes sirven para evaluar ¡ajusticia de dichos resultados. Consecuentemente, hay que examinar una noción sustantiva de democracia.


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