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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1990

1.2 El individualismo igualitario


Como el modelo individualista radical se aparta del ideal democrático, algunos pensadores que afirman el valor de los derechos individuales han planteado la necesidad de añadirle al modelo un principio de igualdad.

El reto que tienen frente de sí el modelo igualitario, es el de explicar porqué los individuos con deseos, intereses, habilidades y capacidades distintas, están dispuestos a aceptar una distribución que los limite en favor de la igualdad.

El modelo igualitario conserva los elementos característicos del individualismo ético pero modifica el político y desde luego el económico.

La teoría individualista igualitaria actual más representativa es la de John Rawls.[Nota 18]

Rawls caracteriza a los individuos como personas libres e iguales, Son libres porque tienen ciertas capacidades racionales y morales que les permiten emitir juicios que son producto del ejercicio de esas capacidades. Las personas son iguales porque cumplen con el requisito de ser miembros cooperativos de la sociedad.[Nota 19]

Además de la libertad y la igualdad, las personas tienen dos poderes morales: tienen un sentido de la justicia y un sentido del bien. Por sentido de la justicia entiende Rawls la capacidad de los hombres de entender, de aplicar y de actuar a partir de una concepción de la justicia, por la que se especifican los términos de la cooperación social. Por sentido del bien entiende la capacidad de los hombres de formar, revisar y tratar de alcanzar, racionalmente, ciertos planes necesarios para la realización de su concepción del bien.

De las capacidades mencionadas Rawls deduce tres características de los ciudadanos:

1. Los ciudadanos pueden verse a si mismos como seres dotados de un poder moral que los capacita para tener una concepción del bien. También son capaces de revisar y cambiar, si es necesario, su concepción de acuerdo con fundamentos racionales y razonables. Los ciudadanos en cuanto personas libres son independientes y no pueden ser identificados con una concepción del bien preestablecida.

2. Los ciudadanos se ven a sí mismos como personas libres, porque son fuentes de las que surgen peticiones válidas. Dichas peticiones tienen un peso que es independiente de los deberes y obligaciones especificadas en la concepción política de la justicia.

3. Los ciudadanos tienen la capacidad de responsabilizarse de los fines que persiguen, así como de la valorización que den a sus peticiones; así, la concepción de la persona como libre, igual, protadora de poderes morales y fuente de peticiones válidas, es la idea básica intuitiva que se encuentra implícita en la cultura pública de una sociedad democrática.[Nota 20]

A pesar del acento que pone Rawls en el individualismo ético, ve la necesidad de añadir a su teoría un principio igualitario. Es importante señalar que el principio igualitario -o de la diferenciale permite alejarse del individualistmo radical político y económico,[Nota 21] ya que el Estado puede intervenir para mitigar la desigualdad, favoreciendo a los más desventajados.

Las personas van a aceptar el principio de la diferencia porque no saben qué lugar van a ocupar dentro de la sociedad, y el hecho de que decidan imparcialmente garantiza la coopeación, puesto que a nadie le gustaría pertenecer a una sociedad en donde sólo él cooperara.

A diferencia del individualismo radical, el igualitario ve ventajas en la cooperación, por lo que es definido de la siguiente manera:

1. La cooperación es distinta de la actividad social coordinada por un grupo o una autoridad central; para que la cooperación exista es necesario que haya un conjunto de reglas, públicamente reconocidas y un conjunto de procedimientos aceptados por los miembros de la cooperación.

2. La idea de cooperación implica la idea de condiciones imparciales de cooperación; esto significa que cada uno de los participantes también las acepten; las personas comprometidas en la cooperación van a resultar beneficiadas por la cooperación de los demás, siempre y cuando cumplan con las tareas asignadas.

3. La idea de cooperación social está relacionada con la idea de que, cooperando, los participantes se acercan a la realización de su concepción del bien; la cooperación especifica una relación de ventaja.[Nota 22]

Es conveniente hacer notar que la cooperación, en última instancia, está pensada en favor del bien individual de cada uno de los participantes; razón por la cual, como veremos más tarde, es criticada por el comunitarismo.

Indiscutiblemente, el individualismo igualitario se acerca más al ideal democrático; sin embargo, presenta el siguiente dilema: por una parte, los menos aventajados pueden verse poco favorecidos en relación a los que más ventajas tienen, ya que el principio de la diferencia afirma que las desigualdades son permitidas siempre y cuando la situación de que están peor mejore. Por ejemplo, podríamos pasar de una distribución en la que un individuo tiene una unidad de un bien y otro diez, a una situación en la que el primero tenga dos y el segundo veinte. Dicha distribución sería justa.

Por otra parte, los más favorecidos pueden considerar la obligación que tienen de beneficiar a los que están peor como violatoria de ciertos derechos individuales. Podrían considerar que el modelo individualista igualitario viola los derechos liberales.

Dadas las razones mencionadas anteriormente, ciertos autores[Nota 23] piensan que el problema radica en el punto de partida individualista, por esta razón Macpherson afirma que es necesario plantearnos una concepción frente de la comunidad para acercarnos al ideal democrático.

Podríamos considerar tres críticas fundamentales del modelo individualista tanto radical como igualitario: 1) una crítica dirigida al concepto de persona; 2) otra dirigida al concepto de cooperación; 3) una crítica a los principios de justicia distributiva.

La crítica dirigida al concepto de persona que sostiene el individualismo en general, va en dos sentidos: 1) se trata de un concepto de persona ahistórico, trascendental, anterior a cualquier experiencia particular y que es capaz de conocer sus deseos y creencias independientemente del contexto social en el que actúa; [Nota 24] 2) hay una confusión entre la capacidad de los agentes para elegir y la capacidad para reflexionar.

La capacidad para elegir y para reflexionar tienen que distinguirse, ya que por la primera el agente sólo considera planes alternativos en función de sus deseos y creencias; por la segunda, el agente es capaz de examinar sus propias capacidades. Gracias a la reflexión el agente puede conocer sus compromisos con los otros y puede conocer los límites de sus compromisos.[Nota 25]

La crítica al concepto de cooperación que sostiene el modelo individualista afirma que éste es incapaz de explicar cualquier acción comunitaria. Los proyectos de explicar una comunidad en términos individualistas sólo llegan a plantearla en términos instrumentales o sentimentales.

La comunidad instrumental es sostenida por el modelo individualista radical. La comunidad se considera como una sociedad privada en la que los individuos consideran los arreglos sociales como cargas necesarias y consideran la cooperación como necesaria para la consecución de ciertos fines individuales.

La comunidad sentimental es sostenida por el modelo individualista igualitario, y en él la comunidad se considera como buena en sí misma. Los miembros de la comunidad comparten ciertos fines. Sin embargo, esta idea de la comunidad es sentimental porque está basada en motivaciones que pueden ser benevolentes y altruistas que pueden desaparecer si chocan con los intereses o con la idea del bien de una persona. Algunos críticos del individualismo[Nota 26] piensan que al traducir comunidad como asociación, compromiso como relación, compartición como reciprocidad y participación como cooperación, perdemos el sentido constitutivo del comunitarismo.

La crítica al principio de justicia distributiva, como se verá más adelante, va dirigida, por una parte al intento de aplicar un solo principio de distribución a sociedades muy complejas, y por otra, al hecho de que el modelo individualista tiene que partir de una situación hipotética que ignora por completo los cambios en la historia y la composición social de una comunidad. Los agentes en el modelo individualista aceptan como justos los modelos de distribución en la situación hipotética, que es ajena a cualquier situación social.


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